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El espejo del alma

Blog del Sº de Cirugía Oral y Maxilofacial & Unidad de Odontología y Periodoncia Hospitalaria. Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo

  • Respirar bien mientras dormimos; clave para una buena salud

    Dr. Manuel Chamorro Pons. Servicio Cirugía Oral y Maxilofacial & Unidad de Odontología y Periodoncia Hospitalaria. Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo.

    Efectivamente, es así. Es de suma importancia mantener una correcta respiración durante nuestras horas de sueño. Parece ésta una aseveración muy evidente y simple, pero no tan fácil de conseguir en muchas circunstancias.

    El problema es el siguiente: al adoptar la posición de decúbito, es decir al tumbarnos en la cama para dormir, la musculatura de las vías respiratorias se relaja, la lengua se desplaza hacia atrás y el espacio por el que el aire debe pasar hacia los pulmones se estrecha de manera significativa. En determinadas circunstancias la respiración en esta posición se dificulta, se pueden producir pausas respiratorias prolongadas y la oxigenación del cerebro puede quedar disminuida durante la noche.

    Dormir en posición de decúbito supino

    Es la llamada apnea del sueño, de la que probablemente haya oído hablar al haberse convertido en un importante problema de salud del siglo XXI.

    Lo característico de los pacientes que sufren apnea del sueño es que mientras duermen su respiración hace pausas periódicas más o menos largas, reactivándose al cabo de unos segundos con una inspiración más intensa lo que se asocia a interrupciones en la profundidad del sueño, lo que se conoce como microdespertares, que finalmente originan un sueño muy poco reparador. Como la casi totalidad de pacientes con apnea del sueño roncan, las pausas en el ritmo respiratorio son evidentes como también llamativa y sonora la recuperación de la respiración.

    ¿Por qué decimos que la apnea del sueño es un problema de salud de primera magnitud?

    Primero porque un sueño tan poco reparador hace que el paciente tenga tendencia al adormecimiento durante el día. En cualquier momento y lugar los ojos se cierran y el paciente entra en un sopor irresistible; en una reunión, en el trabajo y por supuesto conduciendo el coche. Lo que aumenta exponencialmente la posibilidad de sufrir un accidente de tráfico.

    Por otro lado, esta enfermedad se asocia a un riesgo aumentado de enfermedades coronarias e ictus cerebral. Mientras el paciente sufra por la noche falta de oxigenación, el mal funcionamiento de estos órganos vitales está presente y la posibilidad de infarto se incrementa de forma importante.

    Un problema muy serio, sin duda alguna.

    Una pregunta que con frecuencia nos hacen en la consulta: ¿todos los pacientes que roncan tienen estos severos riesgos que hemos descrito?. La respuesta ,afortunadamente es no. El ronquido se produce por vibración de las paredes del conducto respiratorio superior con el paso del aire. Como comentamos al principio, al acostarnos y dormir las paredes de las zonas por donde pasa el aire se relajan de forma normal. Con el paso del aire estas paredes relajadas pueden vibrar y producir el ronquido. Hablamos de ronquido esencial cuando existe ruido pero no pausas respiratorias. En este caso no hay problema. Por lo menos para uno mismo, otra cosa es para nuestra pareja, que seguro no opina lo mismo.

    El asunto delicado no es, por tanto, el ronquido sino las pausas respiratorias.

    Apnea del sueño

    Queda claro que la apnea del sueño hay que tratarla, no se puede obviar porque el riesgo de tener un problema muy serio está presente, como hemos explicado.

    ¿Cuál es la causa de este padecimiento? Aquí tengo que decirle que, como tantas cosas en medicina, no responde a una causa única. Hay una serie de factores que predisponen a padecerla. La obesidad es uno de los más importantes. Las personas obesas, con un cuello de diámetro aumentado presentan gran predisposición de padecer apnea del sueño. La grasa se deposita no sólo en los michelines abdominales, sino también en las estructuras de la garganta, base de la lengua, mejillas y labios estrechando los circuitos por los que el aire debe circular.

    Hay otros factores como son el tener la mandíbula retraída. Una mandíbula pequeña desplaza hacia atrás la base de la lengua que se coloca casi en contacto con la pared posterior de la faringe lo que disminuye extraordinariamente el orificio respiratorio, sobre todo al tumbarse para dormir.

    Al existir, como digo, diversos factores predisponentes y desencadenases, es obvio que se precisa un diagnóstico preciso de cada caso en concreto.

    En cuanto al tratamiento le comento que la corrección de la obesidad es fundamental, pero no suficiente porque eso es una lucha larga y difícil y los riesgos de los que antes hablábamos, hay que cortarlos de raíz.

    El tratamiento más general se basa en el uso de la CPAP abreviaturas en inglés de "presión positiva continua en la vía aérea". Se trata de máscaras que emiten un chorro de aire a presión, cuyo objeto es abrir las paredes de la vía área y evitar su colapso. Se trata de un tratamiento efectivo, los riesgos que entraña la enfermedad disminuyen claramente ya que el aparato no permite, al inyectar aire a presión, que los órganos vitales se queden sin oxígeno durante las pausas respiratorias.

    El problema de este tratamiento es su cumplimiento. Muchos pacientes usan de entrada el dispositivo. Pero, a medida que pasa el tiempo, comienzan a abandonar su uso por el inconveniente que supone dormir atado a una máscara, tener que llevar el aparato de un sito a otro cuando se viaja, etc. Al abandonar el uso de la CPAP, el riesgo reaparece.

    Avance mandibular

    Por este motivo se han desarrollado intervenciones quirúrgicas que tratan de corregir los puntos de obstrucción de la vía respiratoria superior de forma permanente. La más efectiva, sin duda, es el avance mandibular. Especialmente en los pacientes que presentan una posición retrasada de la mandíbula, que son muchos de los que presentan apneas del sueño severas. Tras realizar los estudios correspondientes y obtener las medidas de la vía aérea, analizamos la posición y tamaño de los maxilares. Mediante una intervención quirúrgica llevamos éstos a una posición más adelantada, lo que se traduce en un aumento espectacular en el diámetro de la vía aérea superior. El aire pasa ahora sin dificultad hacia los pulmones y de ahí, la sangre correctamente oxigenada, a todos los órganos del cuerpo. El resultado de este tipo de intervenciones es muy bueno, el riesgo desaparece y el paciente no depende del uso de una máquina todas las noches de su vida.

    Si padece alguno de los síntomas que hemos descrito anteriormente; sueño diurno, no descansa adecuadamente por las noches, su pareja le dice que durante la noche ronca y parece que deja por momentos de respirar, venga a vernos al Servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo. Seguro que podemos ayudarle.

  • Harvey, los actores y los médicos

    Dr. Javier Arias Gallo

    Hay una conexión directa, entre Harvey (el descubridor de la circulación de la sangre), los actores secundarios de las películas y los médicos.

    Bueno, vale, la conexión es muy sutil. Pero existe. Si sigue leyendo quizá le convenza.

    William Harvey

    William Harvey fue el primer médico que describió con detalle la circulación de la sangre, en un libro que publicó en 1628. Aquí debo aclarar que Miguel Servet, el teólogo y científico aragonés, había descrito la circulación pulmonar en 1553. Sin embargo, como era usual en el pasado, los avances en las diferentes disciplinas científicas, sociales y naturales se propagaban con tanta lentitud que era frecuente que incluso quedaran relegados al olvido. Harvey observó y registró cómo la sangre circulaba del corazón a las arterias y de las venas al corazón (y supuso acertadamente que la sangre de las arterias de algún modo llegaba a las venas, aunque nunca vio los capilares (no había microscopios!). Así que Harvey acertó al decir que la sangre circulaba (antes se creía que pulsaba, ondulaba, pero no que se moviera realmente). Acertó en el "cómo". Cosa diferente era el "para qué".

    Harvey no sabía para qué circulaba la sangre. Nunca lo supo. Nunca supo que la sangre transportaba oxígeno a los tejidos y retiraba CO2. No hay que culparle: el oxígeno tendría que esperar más de un siglo para ser descubierto. Ahora, pongámonos en la piel de Harvey: empleó mucho tiempo en el estudio de la sangre. Sus métodos eran tan ingeniosos, elaborados y rigurosos que algunos de sus contemporáneos (el filósofo Hume, por ejemplo) le consideraron una de las personas más brillantes de su época. Así que teorizó acerca de la función de la sangre. No la relegó a un papel secundario. No la consideró de importancia menor. Ni más ni menos, propuso que la sangre era lo único realmente vivo en el cuerpo. Era lo que le daba "calor" al cuerpo. Todo lo demás, los demás órganos, estaban supeditados a la vida de la sangre, y eran en realidad un contenedor de la sangre. Incluso el alma, en cierto modo, estaba en la sangre.

    Premio al mejor actor secundario

    Los actores secundarios. Cuando entrevistan a varios actores que han participado en alguna película (típico en los reportajes de "cómo se hizo…" tal o cual película), con frecuencia les piden que hagan un resumen del argumento de la película. Y es muy frecuente que el argumento (oh, sorpresa) gire en torno a su personaje, por muy secundario que parezca. Si entrevistan al actor que hace de malo en una película de superhéroes, el argumento girará en torno a los dilemas del malvado y la elaboración de su personaje, dejando al superhéroe de turno como un pasmarote que sólo da mamporrazos. Y si aparece cinco minutos mal contados en toda la película, esos cinco minutos cobran en ocasiones un significado casi místico, que condiciona el desarrollo y culminación de la trama.


    Cirugía Maxilofacial

    ¿Y los médicos? La medicina es una disciplina extremadamente compleja. El conocimiento accesible sobre cualquier aspecto de la salud y de la enfermedad es aplastante. Literalmente. Así que muchas veces, para poder dar al paciente el cuidado de la mayor calidad, los médicos tenemos que sacrificar algo del conocimiento general del cuerpo del paciente por un mayor conocimiento de algún aspecto particular. Una especialidad tan compleja como la cirugía maxilofacial, que trata estructuras tan delicadas y que perdona tan mal los errores de cálculo y de juicio, requiere de especialistas que se "superespecialicen" en alguna de las áreas. Algunos se inclinan hacia la cirugía reconstructiva, otros, a la cirugía craneofacial. La patología maxilofacial infantil, las enfermedades de la articulación temporomandibular, la cirugía ortognática, la cirugía estética, la medicina oral… son algunas de las áreas de superespecialización.

    La superespecialización es necesaria y además es inevitable. Pero nunca debemos olvidar que, aunque lo sepamos todo sobre una enfermedad o un tratamiento en concreto, puede que esa enfermedad o tratamiento no sea lo más importante para el paciente. Puede que para el paciente seamos solo un personaje secundario en su vida. Puede que el protagonismo lo tenga otro médico, o incluso ninguno, aunque el paciente esté enfermo. Puede que no seamos el centro de las aspiraciones del paciente. De la misma manera que la sangre transporta la vida a los tejidos, que son los que están "vivos", muchas veces los médicos debemos contentarnos (y estar contentos y conformes) con el papel de acompañar al paciente, consolarle y confortarle. Y algunas veces, mejorar su vida con las herramientas de las que disponemos. Pero si pretendemos que lo que tiene el paciente encaje siempre en nuestra superespecialidad, si pretendemos que vamos a solucionar todos los problemas del paciente utilizando las herramientas que sabemos utilizar (y, no nos olvidemos, no sabemos utilizar todas), entonces nos vamos a estrellar. Y con nosotros el paciente. Para evitar colisiones siempre debemos mirar y "ver" al paciente. No sólo a su enfermedad.

  • ¿ Qué hace un periodoncista en un hospital? (Primera parte)

    Miguel Carasol Campillo y Antonio Lorente Pérez-Sierra

    La boca forma parte del cuerpo humano. Y no es una estructura accesoria. Todos los días respiramos, masticamos, hablamos, queremos, deseamos, animamos a nuestro equipo de futbol, expresamos cualquiera de nuestros sentimientos y emociones, nos comunicamos, y muchas cosas más con esa cavidad tan curiosa.

    Su funcionamiento diario es un prodigio; hay una cantidad muy variada de tejidos y estructuras involucradas. Pero, además, tiene la particularidad de que actúan unos protagonistas únicos que en condiciones normales no existen en el resto del cuerpo humano: los dientes.

    Los dientes son muy especiales, aunque solo sea porque están constituidos por el tejido más duro que poseemos. Sin embargo, ¿qué permite que los dientes erupcionen, que sean sustituidos cuando son temporales o "de leche" por otros definitivos, dando por cierto mucho trabajo al Ratoncito Pérez, o que ejerzan su maravillosa función durante muchos años, tantos que, bien cuidados, los encuentran mucho tiempo después en Atapuerca, por poner un ejemplo geográfico cercano? La respuesta se llama periodonto.

    Esa palabra, que significa "alrededor del diente", incluye a la encía, el tejido blando y generalmente rosa que tú ves, y que de alguna manera cubre las raíces de los dientes que están insertadas en el hueso de los maxilares. Hay otro tejido que conocerás menos: se llama ligamento periodontal. Está situado entre la raíz del diente y el hueso, y es un tejido blando microscópico que permite pequeños movimientos del diente durante la masticación. Si no existiera, seríamos como los rumiantes y masticaríamos de forma horizontal, ya que tienen los dientes "soldados" al hueso. Además, el periodonto sirve para muchas más cosas, entre otras para crear una zona de nutrición y de defensa tremendamente sensible alrededor de los dientes; si has mordido una piedra en un plato de lentejas sabrás bien lo que digo: si no existiera el periodonto, no pararías de morder, y adiós diente.

    Los pulmones pueden ocupar un área de 50-70 metros cuadrados (aproximadamente la mitad de una pista de tenis). La encía cubre a los dientes en un área de 75 centímetros cuadrados, más o menos la superficie de una tarjeta de visita. Y sin embargo… ¡los problemas que puede llegar a provocar!

    Niño cepillándose los dientes

    Siendo deseable que esté sano, el periodonto puede enfermar de muchas maneras. Excluyendo por ahora los tumores y otros tipos de patología, lo más frecuente es que se infecte por la acción de unas bacterias que forman lo que habrás oído como placa dental, placa bacteriana, biofilm, etc. Hay muchas bacterias beneficiosas en nuestro organismo. De hecho, un proyecto que se conoce como microbioma humano establece que una persona de setenta kilos de peso puede albergar entre setecientos gramos y dos kilos de bacterias. La boca es una de las residencias más notables para las bacterias en el cuerpo humano, y la placa dental es particularmente importante, ya que permite mantener en un estado de salud a los dientes y a su unión con la encía. De hecho, cuando no se elimina diariamente con los medios que tenemos a nuestro alcance (cepillo dental, pasta dentífrica, seda dental, cepillos interproximales, colutorios, etc.), esta placa se va complicando, ya que las bacterias beneficiosas se van sustituyendo por otras más agresivas. La caries es un ejemplo muy claro: es una infección por bacterias que producen ácidos que desmineralizan el esmalte de los dientes.

    ¿Y qué sucede con la encía? Al principio todo va bien, protege al diente, está adherida al mismo excepto por un pequeño surco donde se realizan labores microscópicas de defensa fundamentales (es donde notarás que entra un poco la cerda del cepillo dental cuando se usa bien). Su color es rosa y, por encima de todas las cosas, no sangra. No hay mayor "falsa creencia" que haga más daño a la encía de los pacientes; la piel sana no sangra; el ojo sano no sangra. De la misma manera, la encía sana nunca sangra; la frase "me sangra de vez en cuando, pero es normal" es un grave error de educación sanitaria pública. ¿Qué pasa realmente? que con el cepillado irregular o ausente, las bacterias protectoras se van sustituyendo por otras más agresivas. En unas tres semanas la encía se inflama y se desarrolla la gingivitis. Como en cualquier proceso inflamatorio, la encía cambia de forma, color, tamaño, y sangra: lo puede hacer al cepillarnos los dientes, masticar, cuando el dentista nos sonda el tejido, o de forma espontánea. En cualquier caso, el daño está hecho, pero es reversible, y esto es esencial. Si se realizan medidas de higiene adecuadas y el dentista realiza tratamientos muy sencillos, conocidos como limpieza de boca, mantenimiento periodontal, etc, las bacterias patógenas vuelven a ser sustituidas por las "habituales", restableciéndose el equilibrio deseado.

    Sin embargo, no siempre es así. Si persisten las condiciones patológicas, la encía se inflama más, comienza a separarse de la raíz del diente (porque se va destruyendo el ligamento periodontal del que te hablábamos), y se forma una bolsa debajo de la encía. ¡Qué más quieren las bacterias agresivas que vivir con poco oxígeno y muchos restos de células muertas! Al final, la infección empieza a destruir el hueso de los maxilares donde están incluidas las raíces de los dientes. Es algo similar a lo que sucede si te dedicas a quitar con el dedo la tierra que rodea una planta. Con el tiempo, va quedando más raíz fuera que dentro del hueso, y el diente se mueve y corre el riesgo de perderse. Los cimientos se están destruyendo y la enfermedad es mucho más grave y compleja: se ha establecido la periodontitis.

    Tranquilo, no todo está perdido; la periodontitis tiene muchos grados y está condicionada por factores de riesgo, que ya te comentaremos, lo que hace que sea un proceso que hay que individualizar, pero que tiene tratamiento generalmente sencillo en la mayoría de los casos.

    Para terminar por hoy, ¿te parece que esto es un problema para el ser humano? Júzgalo por ti mismo. El mayor estudio realizado en el mundo sobre enfermedades crónicas del ser humano establece que la patología bucodental afecta a ¡tres mil novecientos millones de personas! ¿Sabes cuál es la enfermedad crónica más frecuente del ser humano? La caries dental no tratada, que afecta a dos mil cuatrocientos millones de personas. ¿Y la sexta? La periodontitis avanzada (no incluye los casos moderados, que son mayoría), que afecta a setecientos millones de personas.

    En España, sólo hay un cinco por ciento de adultos sanos a nivel periodontal. La periodontitis afecta a más de la tercera parte de los adultos mayores de 35 años. Más de la mitad de los mayores de 55 años tienen periodontitis, siendo la mayor causa de pérdidas dentarias en el adulto. Realmente, esto constituye un problema importante de salud pública.

    El próximo día te contaremos cosas recientes que sabemos de la periodontitis, ya que no solo destruye tejidos en la boca, sino que puede afectar a otros organismos del ser humano, influyendo en patologías como la diabetes mellitus, la isquemia cardiovascular o los partos de niños prematuros o con bajo peso al nacer. Por eso empieza a tener sentido que un periodoncista trabaje en un hospital. Gracias.

  • ¡Escuchemos a los pacientes por puro egoísmo!

    Dr. Javier Arias Gallo.

    Esta es la historia de cómo conocí una de las herramientas tecnológicas más avanzadas, potentes y útiles de las que se ha valido el ser humano en los últimos 20 años. Todo me lo contó un paciente que tenía una enfermedad rara.

    La historia es más o menos así: hace algo menos de 20 años atendí a un paciente con un bulto debajo de la lengua, que abombaba hasta el cuello (a la zona que llamamos submandibular por motivos obvios). El hombre llevaba varios años con esa lesión, que crecía muy poco a poco. Aunque no le producía dolor, el bulto bajo la lengua le hacía tener una calidad de voz algo extraña (los médicos lo llamamos muy expresivamente "voz en patata caliente"). Había consultado ya a varios médicos, y me traía los resultados: una resonancia magnética y una PAAF (el análisis del material obtenido pinchando la lesión). Era bastante evidente que se trataba de una malformación vascular linfática microquística (exacto: contenía pequeños quistes en su interior). Es una lesión poco frecuente, con la que yo estaba bastante familiarizado porque por entonces me interesaba mucho el estudio de las malformaciones vasculares venosas y arteriales, "primas hermanas" de las malformaciones linfáticas. Siendo una lesión benigna, su tratamiento es complicado. Por su forma de manifestarse, como vasos linfáticos que se extienden infiltrando el tejido sano, sin ninguna cápsula fibrosa que separe lo sano de lo malformado, es muy difícil extirpar la lesión completamente sin dañar estructuras sanas. En mi paciente la resección completa habría implicado una mutilación que no estaba justificada precisamente por tratarse de una lesión benigna, cuyas únicas manifestaciones eran el abultamiento y la ligeramente extraña articulación de sonidos. Así que, desde la atalaya de mi conocimiento, situada justo detrás de la mesa de acrílico con desconchones del hospital donde entonces trabajaba, iba a indicarle que aunque pudiéramos intentar hacer una extirpación parcial, tendríamos que valorar la posibilidad de no hacer absolutamente nada.

    Cuando me disponía a dar mi veredicto inapelable, el paciente hizo algo poco habitual: me hizo una propuesta de tratamiento. A mí, que me consideraba un conocedor de estas enfermedades, me suplantaba el paciente, al que acababa de conocer, y que por supuesto, no era médico. Fue muy valiente por su parte. Muchos pacientes buscan por su cuenta remedios para sus enfermedades. Pocos tienen la candidez, la sinceridad y el coraje (sí, el coraje), de contárselo a sus médicos. Este paciente me contó dos cosas muy importantes.

    Google

    Vamos con la primera.

    Mientras yo miraba de reojo el reloj y comprobaba que el tiempo que designaba la sanidad pública a vez al paciente "nuevo" había sido ya sobrepasado, mi (ya) amigo me confiaba que había un medicamento elaborado en una universidad japonesa, quizá de Kioto, llamado picibanilo (OK-432 para los íntimos) que, administrado por inyección local en la lesión, la podía reducir de tamaño, o incluso hacerla desaparecer. En fin, no había mucho más que hacer con ese paciente, con una lesión benigna pero molesta. Me pareció que merecía la pena hacer alguna investigación por mi parte. Hice mis deberes; con los métodos de entonces buceé en las revistas especializadas. Busqué en unos libros gordos de tapa blanda que se llamaban index medicus y que se parecían a guías de teléfono con anabolizantes, y trasteé en unos CDs que, organizados por años, tenían los datos básicos de los artículos de las revistas, y que había que meter de uno en uno en el ordenador de la biblioteca. En unos días tenía la información. Aprendí que este medicamento, del que había lógicamente una experiencia limitada, funcionaba mejor en las malformaciones "macroquísticas", así que quizá el fármaco no funcionara tan bien después de todo en mi paciente, con su malformación "microquística". Mi paciente y yo hablamos extensamente de las posibilidades de éxito del tratamiento. Después de poner en la balanza riesgos y beneficios, nos pusimos manos a la obra. Tras unas semanas de burocracia tenía el OK-432 en mi poder.

    Sabía que había que hacer varias inyecciones a lo largo de semanas. Sabía que la reducción del tamaño de la lesión tardaba unos meses en manifestarse. Lo que sólo supe tras esos meses fue que el resultado iba a ser tan discreto. Muy discreto. La mejoría fue leve. Muy leve. Para entonces el paciente y yo teníamos confianza el uno en el otro, y creo que incluso él aceptó con más deportividad que yo el resultado final.

    Pero en esa primera entrevista, cuando me habló del OK-432, me contó otra cosa. Es la segunda cosa.

    Me contó cómo había llegado a obtener esa información sobre una universidad japonesa en la que estaban estudiando un nuevo medicamento para esa enfermedad, rara, no muy agresiva, no dolorosa, con tan poco glamour. Mi amigo, informático de profesión, conocía una herramienta novedosa. Era una página web que buscaba a su vez a otras páginas web (como hacían entonces yahoo o altavista). Pero era diferente a ellas. Al parecer organizaba los resultados de las búsquedas no por el número de veces que la palabra clave aparecía en las webs, sino por la relevancia de cada web en relación con las demás. Me soltó algunos palabros que no entendí, incluido uno llamado "page rank". Por cortesía más que por otra cosa, le pregunté el nombre de la página web. Era un nombre raro, que no le auguraba un futuro muy prometedor. Para poder anotarlo, le pedí que me lo deletreara. Era algo así como g-o-o-g-l-e.

  • ¿Realmente le interesa un implante tan barato?

    Dr. Manuel Chamorro Pons

    Estamos todos de acuerdo en esto; para recuperar uno o varios dientes perdidos lo mejor son los implantes dentales.Calidad de los implantes dentales
    Pero ¿qué son los implantes realmente? La respuesta es sencilla. Se trata de una estructura metálica, concretamente de titanio, que en su forma recuerda a la raíz de un diente. Esta estructura es capaz de fijarse al hueso y, al tener una rosca interna, recibir una pieza intermedia atornillada en cuyo extremo se fijará una corona dental con la forma y color adecuados a cada caso. Entre varios de estos implantes podrán sostener una prótesis completa o parcial.
    Sin duda alguna los implantes han sido todo un descubrimiento merecedor, a mi modo de ver, del premio Nobel de Medicina. Galardón que, sin embargo, nunca recibió su inventor, el Profesor sueco Per-Ingvar Branemark, recientemente fallecido. Tuve la fortuna de asistir en Madrid a una conferencia del Profesor Branemark en el año 1989. En ella nos contó cómo su descubrimiento se debió a una casualidad. Él estaba haciendo unos experimentos de laboratorio en huesos de animales. Insertaba en ellos tornillos de diferentes materiales con objeto de mejorar la curación de fracturas. Observó que unos tornillos de titanio, puestos tiempo atrás, casi olvidados, habían producido una fijación al hueso muy sólida que hacía casi imposible su retirada. A este proceso lo llamó osteointegración y fue el inicio del desarrollo de los implantes dentales.
    Desde entonces centenares, miles de estudios científicos se han realizado y se siguen realizando al objeto de estudiar y mejorar el proceso de osteointegración, por el cual el implante se fija al hueso. Y tan importante o más que eso es conocer la manera de que esa unión del implante con el hueso sea duradera y estable. Que no decaiga con el paso del tiempo.
    Las conclusiones de estos estudios son claras: la calidad del material, el tipo de superficie del implante, el diseño del mismo, la precisión con la que se coloca, la calidad de los instrumentos-prácticamente de precisión- con los que se trabaja, la fuerza con la que el implante penetra en el hueso son claves para el éxito de estos requerimientos.
    Los objetivos, por tanto, son dos: conseguir de entrada una unión hueso-implante muy sólida. Y lo que es más difícil el mantenimiento de esta unión hueso-implante a lo largo del tiempo. En muchos implantes con problemas de calidad o diseño, o colocados de manera no adecuada, se observan pérdidas progresivas de hueso que van avanzando hasta que el implante comienza a moverse y se pierde definitivamente.
    Si como hemos dicho los factores relacionados con la pérdida progresiva de hueso alrededor de los implantes o las uniones débiles implante-hueso se deben, en un gran porcentaje de casos, a factores relacionados con la calidad de los implantes y la precisión en su inserción, ¿no será lógico, tratándose de una cosa tan importante, el recurrir a unos implantes de calidad y mejor diseño y ponerse en manos de un profesional con experiencia que nos transmita la confianza necesaria?
    ¿No ve que no puede ser el bajo precio el único parámetro a tener en cuenta?
    ¿Usted se compraría el coche más barato, o el teléfono más barato sólo por esto sin tener en cuenta las características que tiene?. Seguro que no. Conocer el precio es importante, claro está, pero más importante es saber si el coche tiene 2 ó 4 puertas, si tiene dirección asistida o frenos con ABS. Obviamente no todos los modelos pueden costar lo mismo. Cuanto más cosas tienen, cuantas más prestaciones nos dan, más cuestan.
    Lo mismo ocurre con los implantes dentales. Si queremos un implante de calidad, que nos de un resultado óptimo, que deje satisfecho al paciente y también al profesional, que esté avalado por estudios científicos no puede ser el más barato del mercado. Imposible. Seguro que costará algo más, seguro. Pero también seguro que será mejor, tendrá una unión con el hueso más fuerte y ,sobre todo, será más duradera en el tiempo. Se evitará muchos disgustos.
    Ya sabe: lo barato sale caro.

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Sobre este blog

Las enfermedades de la cara y al cuello son extraordinariamente importantes por afectar a zonas del cuerpo críticas en el día a día de todo ser humano. Comer, masticar, respirar sin dificultad, dormir y descansar, e incluso sonreír son actividades que damos por supuestas pero que pueden verse afectadas gravemente tras traumatismos, tumores, infecciones o por enfermedades congénitas. El cirujano maxilofacial es el especialista central en estas enfermedades. Tanto el punto de vista médico, como el quirúrgico, como la repercusión social y personal de la patología de la cabeza y cuello son importantes para atender y cuidar apropiadamente a nuestros pacientes. Sin olvidar, claro está, a los odontoestomatólogos, periodoncistas, ortodoncistas y odontopediatras con los que trabajamos en estas tareas. En este blog describimos situaciones clínicas, informamos sobre tratamientos, y reflexionamos sobre lo que significa ser médico y cirujano maxilofacial en estos tiempos de cambio y avance continuo. Todo el equipo del Servicio de Cirugía Maxilofacial estaremos encantados de atenderte.

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