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Blog del Sº de Angiología, Cirugía Vascular y Endovascular. Hospital La Luz

  • ¿Qué es y qué importancia tiene un aneurisma?

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    Un aneurisma se produce por el debilitamiento de las paredes de un vaso sanguíneo, lo que hace que se agrande o se dilate. Los aneurismas se pueden formar en cualquier vaso sanguíneo del cuerpo, pero se observan con mayor frecuencia en la arteria principal conocida como aorta, en el nivel debajo de las arterias renales Esto se conoce como aneurisma aórtico abdominal (AAA). El mayor riesgo asociado con un aneurisma es la ruptura, que causa hemorragia interna. Esto sucede porque la pared aórtica continúa dilatándose y debilitándose por la fuerza que ejerce el flujo de sangre a la pared. La ruptura de un aneurisma es una situación potencialmente mortal.

    ¿Quién está en riesgo de desarrollar un AAA?

    Los aneurismas aórticos abdominales son más comunes en adultos mayores. Ocurren en hasta el 6% de los hombres y el 1% de las mujeres mayores de 65 años. Fumar es un factor de riesgo importante para los AAA, y el riesgo está directamente relacionado con la cantidad de cigarrillos fumados. Las personas están a un nivel más alto riesgo de desarrollar AAA si tienen antecedentes familiares de AAA u otros aneurismas. Los varones que tienen un pariente de primer grado varón(padre, hermano o hijo) con un AAA tienen un riesgo mucho mayor (aproximadamente del 15 al 29% ) de desarrollar un aneurisma y es probable que tengan aneurismas en más de una localización. También se sabe que la presión arterial alta se asocia con la enfermedad del aneurisma y debe controlarse.

    ¿Cuales son los signos y síntomas?

    Los aneurismas aórticos abdominales se desarrollan lentamente y pueden pasar desapercibidos durante muchos años. Los AAA a menudo se presenta sin síntomas hasta la ruptura. La rotura del aneurisma ocurre cuando la pared de la aorta se debilita severamente por la expansión del saco aneurismático. Cuando el saco se rompe, el sangrado ocurre dentro del cuerpo. Los síntomas de la ruptura de un aneurisma aórtico incluyen dolor en el abdomen (palpitaciones, dolor agudo, a menudo repentino), dolor en la espalda, náuseas, vómitos, desmayos y shock sistémico. La ruptura de AAA es un evento potencialmente mortal con un alto riesgo de complicaciones graves y la muerte. El riesgo de muerte por rotura de AAA es de aproximadamente 60-80%, lo que significa que muchos pacientes colapsan antes de que puedan llegar al hospital en busca de ayuda. Los AAA rotos representan alrededor de 15,000 muertes por año en los Estados Unidos.

    ¿Cómo se diagnostica?

    Muchas personas descubren sus aneurismas de manera incidental cuando reciben estudios de imágenes para otras enfermedades. Debido a que los aneurismas no causan síntomas, pero tienen consecuencias muy graves, es una buena idea buscarlos en grupos de alto riesgo. La detección y el tratamiento adecuado son cruciales para la identificación temprana y la prevención de las complicaciones del aneurisma aórtico. Si cree que podría estar en riesgo de tener un aneurisma, el primer paso es hablar con su médico de atención primaria. Después del examen físico, el médico puede sentir una masa pulsátil en la parte superior del abdomen. Las pruebas de imagen pueden ayudar en la detección y vigilancia de AAA. Una ecografía abdominal puede confirmar la presencia de un aneurisma y proporcionar información sobre la ubicación y las dimensiones de la aorta. Existen unidades de detección móviles que brindan este servicio en muchas comunidades y hospitales. La angiografía por tomografía computerizada se considera el "estándar de oro" para obtener imágenes de toda la aorta. Los médicos también estamos muy interesados ​​en qué ramas de la aorta, incluidas las arterias del riñón o del intestino, pueden estar involucradas. Se han realizado varios estudios para determinar cuándo operar con aneurismas. Porque la cirugía es relativamente de alto riesgo, la evidencia sugiere que esperar hasta que un AAA sea de un diámetros de 5-5,5 cm es el momento más apropiado para considerar la intervención. En aneurismas más complejos, como los que afectan a la aorta torácica (tórax) o toracoabdominal (tórax y abdomen), muchos médicos esperaran hasta que el aneurisma sea > 6 cm antes de considerar la intervención porque la cirugía plantea un riesgo aún mayor. El riesgo para el paciente supera el beneficio de la intervención quirúrgica en aneurismas pequeños. Los pacientes con AAA pequeños deben ser seguidos de cerca por un especialista vascular para controlar el crecimiento. Debido a que la enfermedad de aneurisma a menudo se produce en pacientes que también tienen enfermedad cardíaca o pulmonar, los riesgos de la cirugía incluyen complicaciones cardíacas y pulmonares.

    ¿Como es tratado?

    La mayoría de los aneurismas están relacionados con la aterosclerosis, o placas en las arterias. De hecho, la causa más común de muerte en personas con AAA no es la ruptura de un aneurisma, sino más bien otros eventos cardiovasculares como un ataque cardíaco o un derrame cerebral. Por lo tanto, el tratamiento médico para la enfermedad cardiovascular es un objetivo esencial en estos pacientes.

    En caso de optar por un tratamiento de cirugía abierta, este consiste en coser un injerto sintético (o tubo), que permita reconducir el paso de sangre en su interior. La duración promedio de la estancia hospitalaria después de la reparación abierta es de 5 a 10 días, con un período de observación en la unidad de cuidados intensivos (UCI) inmediatamente después de la cirugía. Los posibles riesgos y complicaciones de la reparación abierta incluyen sangrado, infección del injerto, infección de la herida quirúrgica, ataque cardíaco, accidente cerebrovascular, complicaciones pulmonares, muerte y, raramente, daño a los nervios o la médula espinal (parálisis). Otro posible riesgo de cirugía abierta es la disfunción sexual después de la cirugía. Los pacientes deben discutir este problema con sus médicos antes de la cirugía. El pronóstico para la reparación abierta de un AAA depende de la salud general del paciente antes de la cirugía. En general, los pacientes volverán a su rutina diaria anterior entre 1 y 2 meses después de la cirugía.

    En la otra versión de tratamiento, la reparación endovascular (EVAR): se introduce una endoprótesis en la aorta a través de punciones hechas en la ingle del paciente. Una endoprótesis es un Stent (esqueleto metálico de acero, nitinol,..) recubierto por una tela para excluir el aneurisma de la circulación. La cirugía se realiza bajo rayos X continuos (fluoroscopia) para ayudar al cirujano a colocar la endoprótesis en la ubicación correcta en la aorta. La duración promedio de la estancia en el hospital es de 2 a 3 días, y esto puede requerir un período de observación en la UCI de las primeras horas. Los posibles riesgos y complicaciones de la reparación endovascular incluyen fugas de sangre desde el injerto al saco del aneurisma, movimiento del injerto o separación de los componentes del injerto, insuficiencia renal secundaria al contraste, complicaciones en zonas de punción femoral, daño en el nervio o la médula espinal (parálisis). Debido a que este es un enfoque mínimamente invasivo para la reparación de aneurismas, presenta una recuperación mucho más corta que la cirugía abierta.

    La reparación endovascular de los AAA permite el tratamiento de pacientes de alto riesgo que no serían buenos candidatos para la reparación abierta tradicional. Los pacientes de alto riesgo con problemas cardíacos, pulmonares o renales no suelen tener buenos resultados con la reparación abierta debido al alto riesgo de la cirugía. Durante la última década, los avances en las técnicas quirúrgicas y la construcción de injertos, además de tener una menor tasa de complicaciones perioperatorias y muerte, han convertido el EVAR en una opción preferida para la reparación electiva de aneurismas. Los ensayos clínicos actuales apuntan a que el EVAR esté disponible para pacientes con anatomía aórtica más compleja a través del desarrollo de endoprótesis a medida.

    Resumen

    El aneurisma aórtico abdominal es una enfermedad silenciosa pero a menudo mortal. El AAA es más común en personas mayores, con factores de riesgo modificables (como el tabaquismo) y hereditarios (antecedentes familiares de AAA) que influyen en el desarrollo de la enfermedad. La detección de AAA puede ayudar en el diagnóstico y tratamiento temprano de la enfermedad, reduciendo las complicaciones y la muerte entre los afectados. Los avances en las técnicas de detección, las innovaciones quirúrgicas y el desarrollo de injertos se esfuerzan por mejorar aún más los resultados de los pacientes y el manejo de la enfermedad

  • Dolor pélvico crónico II

    Dolor pélvico crónico IIDolor pélvico crónico II

    El primer paso en el diagnóstico del reflujo venoso en la pelvis es como siempre, una historia clínica correcta. El siguiente es un estudio de imagen incluyendo ultrasonidos, ya sea con una sonda colocada en el abdomen (transabdominal) o dentro de la vagina (transvaginal). Ocasionalmente se pueden realizar tomografías computarizadas, imágenes de resonancia magnética y finalmente un estudio llamado flebografía en el que se inyecta directamente un medio de contraste en las venas. Si los síntomas de reflujo venoso pélvico son leves y no afectan la calidad de vida, es mejor no dar ningún tratamiento y éstos a menudo mejoran o se resuelven después de la menopausia. El tratamiento médico incluye analgésicos, como acetaminofén o agentes antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como el ibuprofeno.

    El procedimiento más común para tratar esta patología se llama embolización. Colocando un catéter desde el brazo; en las venas pélvicas se descartará la compresión venosa como causa de síntomas y se examinarán tanto las venas ováricas como las venas ilíacas internas y sus ramas. El procedimiento generalmente se realiza como ambulatorio con un anestésico local. Después de éste las pacientes pueden sentir pesadez o calambres en el área pélvica por varios días. Pueden pasar meses hasta que se perciban todos los beneficios del procedimiento pero en general la embolización y escleroterapia completa de las venas pélvicas dará un alivio muy satisfactorio en porcentajes que van desde 70% a 100% de las personas tratadas.

    Raramente veremos complicaciones como inflamación localizada de las venas, hematomas, coágulos de sangre, movimiento de los materiales de embolización a otros territorios o reacciones a los contrastes iodados. Es importante que las pacientes adviertan a sus médicos de cualquier alergia o sensibilidad a medicamentos o metales.

    Las venas varicosas en la pelvis, la vulva y las piernas pueden reaparecer después del tratamiento, especialmente si la mujer tiene un embarazo posterior. Las tasas de recurrencia varían de 5% a 25%, y en caso de tener síntomas recurrentes, las pacientes pueden someterse a un retratamiento si es necesario. Afortunadamente, los resultados a largo plazo para la mayoría de las mujeres son favorables, y los síntomas generalmente mejoran o se resuelven con la menopausia. En resumen, el reflujo venoso pélvico (anteriormente síndrome de congestión pélvica) es una de las causas más comunes de dolor pélvico crónico en mujeres en edad fértil. Con una evaluación clínica adecuada y un tratamiento preciso, las mejoras en la calidad de vida son importantes. Creemos que es imprescindible el reconocimiento de este trastorno por parte de los médicos de atención primaria, obstetras y ginecólogos para ayudar a referir a estas mujeres de manera adecuada a profesionales vasculares con experiencia en su diagnóstico y tratamiento.

    Dr. Enrique Puras, Jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular Hospital La Luz

    Dra. Marta Ramírez, Jefa asociado del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular Hospital La Luz


  • Úlceras en las extremidades inferiores. Úlceras diabéticas


    Úlceras diabéticasImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoÚlceras diabéticas

    Una úlcera es una lesión en la piel que puede extenderse a la grasa, al músculo o incluso al hueso subyacente. Hay muchas causas de úlceras en pies y piernas. Los más comunes son la insuficiencia venosa (llamada úlcera venosa), la enfermedad arterial periférica (llamada úlcera arterial), el daño a los nervios (llamados úlceras neurotróficas) y las úlceras producidas en zonas con un apoyo contínuo, generalmente en personas encamadas y dependientes (úlceras por decúbito). Las úlceras venosas se producen cuando las venas no funcionan correctamente produciéndose un aumento de presión en los tejidos. Hay pacientes que presentan venas abultadas en las piernas: es lo que llamamos venas varicosas.

    Las úlceras arteriales se producen cuando existe un estrechamiento de las arterias, bloqueando la irrigación de las piernas. Incluso daños menores en la piel por zapatos mal ajustados o cortes accidentales por recorte de uñas o callos pueden provocar este tipo de úlcera.

    Las úlceras neurotróficas, que vienen dadas fundamentalmente por la diabetes. El daño a la piel comúnmente ocurre en áreas que son difíciles de ver, como la parte inferior del pie y el talón. En definitiva, con la marcha continua sobre la superficie lesionada, puede desarrollarse este tipo de úlcera.

    Y por últimos las úlceras por decúbito, producidas en personas generalmente encamadas y se suelen producir en zonas de apoyo como los talones o las zonas de relieve óseo, como el sacro, siendo zonas de difícil curación y precisando variar el apoyo de esa zona para conseguir su curación.

    Existen muchos factores de riesgo que pueden contribuir a las úlceras de pies y piernas. Se ha estimado que al menos el 15% de las personas con diabetes desarrollará una úlcera en el pie durante su vida. Y el 1% de la población presentará cualquier tipo de úlcera. Otros pacientes en riesgo incluyen aquellos con otras causas de neuropatía, insuficiencia venosa crónica y linfedema. El aumento de la edad, la obesidad, el tabaquismo y el consumo de alcohol también pueden desempeñar un papel en el desarrollo de las úlceras.

    Los pacientes con úlceras venosas pueden quejarse de piernas cansadas, hinchadas o doloridas. Con el tiempo, se puede ver una coloración marrón rojiza u oscurecimiento de la piel. Por lo general se desarrollan en la parte interna de la parte inferior de la pierna justo por encima del tobillo. Los bordes de la úlcera son irregulares y puede haber una gran cantidad de drenaje transparente, amarillo o sanguinolento, y un color rojo en la base de la herida.

    Los pacientes con úlceras arteriales generalmente se quejan de dolor en los pies o las piernas. Dependiendo de cuán severos sean los bloqueos en las piernas, el dolor puede ocurrir al caminar o incluso en reposo. Generalmente se producen en la punta de los dedos de los pies, en la parte posterior del talón o en áreas prominentes óseas, como la mitad externa del pie. Existe una clara perforación y tienen un color amarillo pardo o incluso negro con poco drenaje.

    Finalmente quienes padecen úlceras neurotróficas generalmente se quejan de entumecimiento, hormigueo, ardor o pérdida de sensibilidad en los pies. Las úlceras se desarrollan en áreas de mayor presión, que pueden incluir los dedos de los pies, la planta o el talón. Un callo típicamente la bordea o incluso puede cubrir la úlcera, dando la ilusión de que la herida se ha curado. Una vez que éste se elimina, la profundidad de la úlcera puede variar de superficial a profunda.

    Las úlceras en los pies y las piernas pueden afectar al caminar y reducir la calidad de vida en general. Las que no se tratan correctamente o de manera oportuna pueden provocar una infección del hueso, llamada osteomielitis, o una infección que se propaga a través del torrente sanguíneo, denominada bacteriemia. Los casos severos pueden provocar gangrena y amputación del pie o la pierna.

    El diagnóstico preciso es la base de una buena atención de úlceras. El diagnóstico generalmente se basa en la descripción de cómo comenzó y en los hallazgos del examen físico, como los mencionados anteriormente. Un diagnóstico erróneo puede provocar una curación retrasada.

    Las personas con diabetes deben someterse a pruebas de neuropatía periférica. Una de los más importantes es la capacidad de sentir un toque ligero en la parte inferior de los pies. Otras pruebas incluyen vibración y reflejos. La evaluación del flujo sanguíneo es crítica en la evaluación de todas las úlceras. Incluso si las arterias bloqueadas de la pierna inicialmente no la causaron, podrían estar evitando que ésta se cure. Los pacientes con flujo sanguíneo deficiente pueden tener pulsos disminuidos o ausentes en los pies. Una herramienta excelente para medir el flujo sanguíneo es el índice tobillo-brazo. En esta prueba, los manguitos de presión sanguínea se colocan en los brazos y tobillos. Se usa un dispositivo de ultrasonido de mano o "Doppler" para escuchar el flujo sanguíneo y medir la presión sanguínea. La presión sanguínea en el tobillo debe ser mayor que la presión en el brazo; la proporción debe ser mayor que 1.0. Los valores inferiores a 1.0 indican una disminución del flujo sanguíneo a los pies. Todas las úlceras deben evaluarse para detectar infección cuyos signos incluyen: enrojecimiento de la piel circundante, hinchazón, aumento del calor, drenaje de pus y mal olor. Se puede obtener un cultivo de la herida para ayudar a determinar si se necesitan antibióticos. Los rayos X, la resonancia magnética o las exploraciones óseas ayudan a identificar la infección ósea y a decidir si se necesita cirugía para eliminar toda la infección.

    Una vez que se realiza un diagnóstico preciso, se deben abordar todos los factores que contribuyen a una úlcera. La dieta adecuada y el control del peso pueden ser parte del tratamiento a largo plazo. Además, un buen control del azúcar en la sangre es extremadamente importante para los pacientes con diabetes. A veces, se necesitan cambios de estilo de vida temporales para permitir que los pacientes permanezcan fuera del pie o la pierna afectada para permitir que se produzca la cicatrización. El control de la infección es fundamental para tratar cualquier tipo de úlcera. Dependiendo de la gravedad de la misma, pueden ser necesarios apósitos especiales para heridas o antibióticos orales o intravenosos. Cuando hay una infección profunda, puede ser necesaria una cirugía para drenar una acumulación de pus, llamado absceso, o para eliminar tejido o hueso infectado.

    Dr. Enrique Puras, Jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular Hospital La Luz

    Dra. Marta Ramírez, Jefa asociado del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular Hospital La Luz


  • Trombosis Inducida por Vacunas para Coronavirus (VITT)

    Trombosis CovidTrombosis CovidPara ser más exactos deberíamos llamarlo por su nombre: Trombosis trombocitopénica autoinmune inducida por vacunas SARS-CoV-2.

    Sin duda el tema que más está siendo motivo de discusiones, enfrentamiento, dudas, temores y malas explicaciones, con peores consejos.

    Esta entidad que se ha presentado en todas las vacunas en el mercado frente al Coronavirus-19, consiste en una rara respuesta autoinmune, más frecuente en mujeres, que se presenta como formación de trombos en seno cerebral (intracraneal) o en venas abdominales, asociada a un recuento bajo de plaquetas, y en ocasiones a hemorragias.

    Se presenta entre el tercer y el vigésimo primer día post-vacunación.

    En las últimas investigaciones se ha evidenciado que esta excepcional entidad ocurre por el desarrollo de una trombocitopenia autoinmune mediada por anticuerpos activados frente a la proteína PF4 que origina una agregación plaquetaria (se apelotonan formando coágulos y dejan de hacer su trabajo). Esta entidad es tremendamente similar a la trombocitopenia autoinmune inducida por heparina.

    Este proceso cuya evolución depende de: sospecha clínica precoz y tratamiento con inmunoglobulinas y nunca con heparina, se ha presentado con una incidencia muy baja de 1 de cada 100.000 vacunados, teniendo en cuenta que la incidencia anual de trombosis en el seno cerebral en la población general es de 0.22 a 1.57 casos por 100.000 habitantes por año.

    No existe un grupo de riesgo identificado para desarrollar este proceso, y desde luego pacientes con antecedentes de enfermedad vascular, o incluso trombosis, no son más propensos a desarrollarla.

    Desde todos los estamentos sanitarios (gubernamentales y sociedades médicas) se han desarrollado los protocolos a seguir cuando aparece esta complicación por parte de los médicos tanto en el diagnóstico, como en el tratamiento.

    Los casos identificados se han visto en todas las vacunas, tanto las basadas en ADN viral: AstraZeneca y Johnson&Johnson, como las basadas en modificación de ARN también: ModeRNA y Pfizer-BioNTech.

    Sin embargo, parece que se ha olvidado que la elevada mortalidad de la enfermedad por Covid-19 es del 1-2%, y el altísimo riesgo de desarrollar una trombosis secundaria a la infección es del 14 al 16%.

    Para la población general hay que dejar claro dos mensajes y así tranquilizar sus temores:

    - El beneficio de la vacunación, en cualquiera de sus formas, sin duda supera el riesgo de padecer la enfermedad.

    - En caso de presentarse esta rara complicación, los médicos sabemos cómo actuar.

    Y esto incluye a que NO se debe bajo ningún concepto tomar medicación profiláctica, ya que no sólo puede enmascarar los síntomas precoces, sino que como hemos hablado previamente la heparina no se debe dar en esta entidad.

    Añadimos las recomendaciones de la Sociedad Española de Cirugía Vascular y de la Sociedad Internacional de Trombosis y Hemostasia

    - El beneficio de la vacunación supera a los potenciales riesgos

    - La vacunación no supone un aumento estadísticamente significativo del riesgo global de aparición de coágulos (trombos)

    - Los pacientes con enfermedad venosa crónica, arterial o tromboembólica no constituyen un grupo de riesgo para la aparición de posibles efectos adversos de la vacunación.

    - Su administración no esta contraindicada en estos grupos ni está indicado recibir ningún tipo de profilaxis antitrombótica por este motivo.

    Dr. Enrique Puras, Jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular Hospital La Luz

    Dra. Marta Ramírez, Jefa asociado del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular Hospital La Luz

  • Síndrome de piernas inquietas y varices

    Síndrome de piernas inquietas y varicesSíndrome de piernas inquietas y varices

    Cuando un paciente nos consulta acerca de una necesidad fuerte, a menudo irresistible, de mover las piernas, generalmente, acompañada por sensaciones molestas descritas como calambres, progresión, tirones u hormigueo y estos síntomas aparecen o empeoran por la noche, cuando se está en reposo y se alivian parcial o temporalmente haciendo alguna actividad como caminar, sospechamos del conocido síndrome de piernas inquietas.

    Los síntomas son un 34,5% más frecuentes en pacientes con insuficiencia venosa superficial, según un estudio retrospectivo realizado por médicos del St. Elizabeth Medical Center, Brighton, de EE. UU en el congreso americano del American Venous Forum celebrado la pasada semana en Amelia Island, Florida

    Definimos el reflujo venoso como una afección común causada por la incompetencia valvular venosa. Hasta el momento sólo unos pocos estudios limitados habían identificado una correlación entre el síndrome de piernas inquietas y la insuficiencia venosa superficial.

    Hasta el momento este síndrome, generalmente evaluado por neurólogos recibe un tratamiento basado en evitar estimulantes como cafeína, alcohol y tabaco y en ocasiones hierro cuando los niveles de éste están bajos. Otros pacientes requieren de medicamentos que aumentan la dopamina en el cerebro, medicamentos que afectan los canales de calcio, opioides o relajantes musculares y medicamentos para dormir, todos ellos con marcados efectos secundarios.

    Los autores de este estudio han señalado que hay evidencias que sugieren que el síndrome de piernas inquietas puede tratarse con éxito con métodos tales como la eliminación con láser endovenoso en pacientes con piernas con varices diagnosticadas mediante la técnica de ultrasonido dúplex.

    Para investigar la asociación entre el síndrome de piernas inquietas y la insuficiencia venosa superficial, los investigadores de este centro realizaron una revisión retrospectiva de los pacientes atendidos entre diciembre de 2018 y febrero de 2019. A todos quienes presentaron síntomas de enfermedad venosa, se les realizó ultrasonido dúplex, y fueron interrogados rutinariamente durante su visita inicial sobre la presencia del síndrome de piernas inquietas.

    En resumen se analizaron 207 pacientes con ultrasonido dúplex. De estos pacientes, se encontró que 137 tenían insuficiencia venosa superficial, mientras que 70 no. En el grupo con insuficiencia venosa superficial confirmada por ultrasonido, el 78% (n = 108) también informó síntomas de piernas inquietas, en comparación con solo el 44.3% (n = 31) en los 70 pacientes que no tenían enfermedad venosa superficial.

    Opinamos que se trata de un trabajo que da un nuevo enfoque pero que se requieren estudios futuros para establecer una asociación entre la enfermedad venosa y las piernas inquietas, así como una evaluación del impacto del tratamiento de la insuficiencia venosa superficial en los síntomas del síndrome de piernas inquietas.

    Dr. Enrique Puras, Jefe del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular Hospital La Luz

    Dra. Marta Ramírez, Jefa asociado del Servicio de Angiología y Cirugía Vascular Hospital La Luz

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Sobre este blog

La Angiología y Cirugía Vascular es una especialidad relativamente joven, comparada con otras como Cardiología, Cirugía General, Cirugía Cardiaca… y que ha reunido poco a poco todas esas características que la hacen diferente, única y peculiar dentro de las superespecialidades médicas y quirúrgicas, y por otro lado es una de las que más rápido ha ido transformándose en lo que hoy se llama "minimamente invasiva" y que no es más que hacer la menor agresión posible para tratar problemas muy graves.

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