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Blog de cardiología de Hospital Quirónsalud Barcelona

  • Cómo debo controlarme la presión arterial en casa


    *Artículo del Dr. Ignasi Duran, cardiólogo del Hospital Quirónsalud Barcelona.


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    Aquellos pacientes que por recomendación de su médico o por iniciativa propia deciden comprar un aparato para controlar la presión arterial en casa han de tener en cuenta una serie de medidas para asegurarse de que los valores determinados sean fiables.


    Aunque son medidas que ya se conocen desde hace años, en las guías de práctica clínica para el diagnóstico y el manejo de la hipertensión arterial publicadas recientemente por la Sociedad Europea de Cardiología, se hace énfasis en su importancia.


    Se ha de tener en cuenta que unos valores falsos demasiado elevados condicionarán un aumento innecesario de la dosis de los fármacos o a la introducción de uno nuevo mientras que unos valores demasiado bajos pueden hacer bajar la dosis.




    Por lo tanto, hemos de saber que, al mirar cómo tenemos la presión arterial en casa conviene:


    • esperar cinco minutos en un ambiente tranquilo antes de medirla.
    • la espalda tiene que estar bien apoyada, sin tener ningún músculo en tensión.
    • el manguito tiene que estar a la altura del corazón.
    • hacer tres determinaciones separadas por 1-2 minutos y apuntar la media de las dos últimas lecturas; si salen valores con diferencias superiores a los 10 mmHg se recomienda hacer más lecturas.
    • en pacientes con arritmia crónica los valores pueden ser muy variables y a veces los dispositivos automáticos no son útiles en este contexto.
    • al adquirirlo hemos de asegurarnos que el tamaño del manguito es el adecuado ya existen tres tamaños que dependerán del diámetro de nuestro brazo.
    • al mirar la tensión es interesante también anotar las pulsaciones ya que, en algún caso, esto puede permitir detectar arritmias asociadas a la hipertensión arterial.
    • algunos pacientes tienen la presión más elevada en un brazo que en otro; si este es su caso, se recomienda que la mire siempre en el brazo con los valores más elevados.

    Por último, recordar que el control de la presión arterial en casa es una medida adicional para mejorar el tratamiento de su enfermedad pero que en ningún caso ha de ser un motivo de angustia ni una obsesión. Siempre es importante que, antes de comprar un dispositivo, valore con su médico las ventajas y los inconvenientes del mismo.

  • Corazón y cáncer: trabajemos juntos

    *Artículo escrito por la Dra. Pilar Tornos, jefa del Servicio de Cardiología.


    Uno de los avances más espectaculares de la medicina actual lo ha conseguido la Oncología. La investigación de las últimas décadas está propiciando que el pronóstico de muchos de los pacientes haya cambiado de manera sustancial. Estos resultados obedecen por una parte a la detección de cáncer en estadios poco evolucionados, gracias a las técnicas y políticas de detección precoz y por otra a la utilización de tratamientos quimioterápicos e inmunoterápicos nuevos y cada vez más eficaces y orientados al tratamiento individual de cada caso. Como resultado de todo ello la población de pacientes que sobreviven durante muchos años al cáncer está creciendo de forma espectacular.


    ¿De qué manera estos cambios influyen en la Cardiología?


    En primer lugar es bien conocido que algunos tratamientos quimioterápicos pueden afectar a la función del corazón. Por este motivo es necesario que los pacientes que los reciben sean seguidos cuidadosamente por cardiólogos que vigilen la posible aparición de este efecto indeseable con precocidad. Por otra parte muchos tratamientos oncológicos nuevos pueden interactuar con tratamientos previos de los pacientes, como el tratamiento anticoagulante, o pueden dar lugar a efectos nocivos como espasmo coronario o aparición de arritmias. En segundo lugar la mejoría en el pronóstico de muchos casos de cáncer hacen que al prolongarse la supervivencia los pacientes puedan desarrollar enfermedades cardiológicas como infartos u otras enfermedades cardiacas. Y también ocurre que pacientes portadores de cardiopatías puedan desarrollar un cáncer. Estas enfermedades cardiológicas obligan a tratamientos médicos, quirúrgicos o intervencionistas complejos. La aplicación de estas terapias en pacientes con cáncer y sometidos a tratamientos oncológicos plantea en muchos casos problemas serios que solo se pueden resolver con una colaboración muy estrecha entre cardiólogos y oncólogos.


    Por estas razones las sociedades científicas de Cardiología y Oncología promueven la creación de Unidades de Cardio-Oncología con la finalidad de que los pacientes reciban los tratamientos más adecuados.


    Los principales objetivos de estas Unidades serían:


    • Realizar una evaluación cardiológica previa al inicio de los tratamientos oncológicos y monitorizar la misma durante el tratamiento con la finalidad de detectar posibles complicaciones en estadios iniciales.
    • Optimizar el control de los factores de riesgo cardiovascular en los pacientes oncológicos.
    • Hacer un seguimiento de las enfermedades cardiológicas que pudieran existir previas a la detección del cáncer o de aquellas que aparezcan durante el mismo para poder consensuar en cada caso el manejo más correcto.

    En el Hospital Quirónsalud Barcelona estamos trabajando en el programa de Cardio-Oncología. El requisito fundamental es contar con cardiólogos expertos y motivados por las enfermedades oncológicas y con una estrecha colaboración con los oncólogos. El objetivo es que el resultado final de esta colaboración sea que los pacientes reciban la mejor asistencia.

  • Impacto del tratamiento con estatinas en la reducción de los eventos cardiovasculares

    *Artículo escrito por el Dr. Josep Massó, cardiólogo del Hospital Quirónsalud Barcelona.


    Las enfermedades cardiovasculares (ECV) son una de las primeras causas de muerte a nivel mundial. En Europa son responsables de más de 4 millones de muertes cada año. Por ello, es de máxima prioridad llevar a cabo actividades preventivas para combatir estas enfermedades. Existen unos factores que desempeñan un papel importante en las probabilidades de que una persona padezca de una enfermedad del corazón. Se los denomina «factores de riesgo cardiovascular». Cuantos más factores de riesgo tenga una persona, mayores serán sus probabilidades de padecer una enfermedad del corazón. Algunos factores de riesgo pueden cambiarse, tratarse o modificarse y otros no. Pero el control del mayor número posible de factores de riesgo, mediante cambios en el estilo de vida y/o medicamentos, puede reducir el riesgo cardiovascular.


    Los principales factores de riesgo los podemos enumerar en la siguiente tabla:


    Factores de riesgo causales (mayores independientes)

    • Tabaco
    • Presión arterial elevada
    • Colesterol total y colesterol-LDL elevados
    • Colesterol-HDL bajo
    • Diabetes mellitus
    • Edad avanzada

    Factores de riesgo predisponentes

    • Obesidad
    • Inactividad física
    • Historia familiar de enfermedad coronaria prematura

    Tiene especial importancia como causantes de las ECV los niveles elevados de colesterol LDL.

    Para poder entender el papel de las distintas fracciones del colesterol circulante, debemos dar unas breves explicaciones sobre estas.


    ¿Siempre hemos oído hablar del buen colesterol (HDL) y el mal colesterol (LDL), pero como es que se catalogan así?

    Debemos recordar que como grasa que es, el colesterol no se solubiliza y requiere de la unión a unos complejos para poder ser transportados por el torrente sanguíneo. Estos complejos llamados apoproteínas se unen al colesterol, conformando las lipoproteínas y así poder conducirse por la sangre. No obstante, no todas las apoproteínas son iguales y dependiendo de la apoproteína que se una al colesterol se conformará el HDL, el LDL…

    El HDL (buen colesterol) se une a unas apoproteínas que lo conducirán hacia primordialmente hígado y no tiene actividad directa sobre el vaso sanguíneo.

    El LDL, ("colesterol malo") es el único que tiene la capacidad de sufrir unas reacciones químicas que le permiten penetrar dentro de la estructura arterial (endotelio) y con ello iniciar unos cambios (en realidad agresiones) dentro del vaso (no en el torrente sanguíneo), que si bien por un lado condicionaran una respuesta de defensa (llegada de monocitos), a la vez van a suponer una desestructuración interna, generando fundamentalmente un magma lipídico (fenómeno de aterosclerosis) que irá afectando internamente al vaso, limitando su luz, y que si aplicamos un ejemplo, sería como un efecto de dentro afuera que podría recordar un volcán. El problema clínico sobreviene de forma abrupta en el momento que se produce la ruptura de la capa que separa el magma lipídico del torrente sanguíneo. Esta afectación de la capa del vaso es interpretada por las plaquetas como algo que reparar y la unión de plaquetas condiciona un trombo que, caso de ocluir la luz del vaso, provoca una alteración aguda que puede abocar al infarto agudo de miocardio. Expresado de una forma entendible el paciente vive con aterosclerosis, pero muere de trombosis.


    ¿Como combatir estas situaciones?

    Desde distintos ámbitos. Por un lado, luchar contra los demás factores de riesgo cardiovascular que también tienen su papel en la afectación del vaso arterial. Así mismo llevar una dieta equilibrada, practicar ejercicio físico y sobre todo hacer un buen uso de la medicación a nuestro alcance.

    Hablo de medicación, no de productos supuestamente eficaces, pero que deben venderse como complejos vitamínicos o alimentarios, sin poder utilizar jamás la palabra fármaco, y por tanto deben pagarse en su totalidad, y no están dentro del petitorio del Sistema Nacional de Salud beneficiándose del copago. Todo aquello que se promocione como eficaz y totalmente exento de efectos adversos, no se puede jamás definir como fármaco y por descontado como curativo.


    No debemos pensar sólo en la reducción del colesterol sino también, y muy importante, es en el efecto de las distintas terapias en la reducción de eventos cardiovasculares, y esto, sólo ha sido demostrado con algunos fármacos y primordialmente con las estatinas.


    Las estatinas tienen un mecanismo de acción muy bien definido y estudiado, reduciendo el LDL colesterol en sangre, además de otros efectos en relación con su actividad antiinflamatoria y antioxidante que se producen a nivel del vaso arterial afectado.


    Las estatinas son fármaco de primera línea en la prevención secundaria de pacientes que ya están diagnosticados de cardiopatía isquémica (en todas sus formas), reduciendo la incidencia de infarto de miocardio, mortalidad cardiovascular, reducción de ictus, reducción de revascularización coronaria. Así mismo existen diversos estudios que abogan por su beneficio también en prevención primaria.

    Son así mismo eficaces en poblaciones de edad superior a los 75 años.


    Como fármacos que son, tienen efectos adversos y es labor del médico hallar la estatina idónea para cada paciente, pues si bien pertenecen a una misma familia de fármacos, difieren en su absorción, biodisponibilidad, excreción… y ello redundará en la presencia o no de efectos secundarios.

    Como efectos adversos, debemos señalar que el más frecuente es el dolor muscular, si bien la tasa de afectación seria, la rabdomilosis se da en 1 a 3 casos/100000 pacientes tratados cada año. La afectación hepática es también poco frecuente, pudiendo hallar incrementos discretos de transaminasas en el 0,5-2% de los pacientes tratados.

    Por otro lado, no existen evidencias claras tanto en el beneficio como en el deterioro de la función renal, cáncer, demencia, tromboembolismo ni fibrilación auricular.


    Por tanto, no debe quedar ninguna duda en el tratamiento de la patología cardiovascular mediante estatinas para conseguir no sólo un descenso de los niveles de Colesterol LDL, sino además para la obtención de un impacto muy favorable en la reducción de nuevos eventos cardiovasculares.

  • Utilidad de la prueba de esfuerzo


    * Artículo del Dr. Diego Goldwasser, cardiólogo del Hospital Quirónsalud Barcelona.


    La prueba de esfuerzo es un estudio donde se evalúa el comportamiento del sistema cardiovascular en una situación de estrés físico, en este caso, el ejercicio. Existen otras formas de provocación de estrés, como algunos fármacos, que se utilizan en situaciones en las que no es posible realizar un ejercicio satisfactorio.


    Este estudio suele solicitarse tanto en chequeos rutinarios, cuando se inicia una actividad deportiva intensa o en presencia de síntomas que sugieren una cardiopatía.


    ¿Qué tipo de pacientes debe realizarse esta prueba?

    • Pacientes con dolor de pecho. Sobre todo, si se trata de un dolor sospechoso de ser cardiaco (anginoso). Sea con fines diagnósticos en casos de dolor de pecho al realizar esfuerzos o bien sea con fines pronósticos en casos en los que ya se ha diagnosticado previamente una enfermedad coronaria.
    • Pacientes con hipertensión arterial. La prueba de esfuerzo permite establecer el comportamiento de la tensión arterial en estrés, que normalmente tiene que elevarse hasta ciertos niveles.
    • Pacientes con falta de aire mientras realizan algún tipo de esfuerzo. Un síntoma muy habitual, muchas veces relacionado simplemente con la mala adaptación al tipo de ejercicio. En algunos casos puede ser el síntoma de presentación en algunas cardiopatías.
    • Pacientes que presenten palpitaciones, pulso lento o trastornos del ritmo cardiaco en general. Ya sea para diagnóstico o para valorar respuesta a tratamiento antiarrítmico.
    • Personas sin enfermedad aparente, sobre todo aquellos con factores de riesgo de padecer cardiopatía (colesterol diabetes, hipertensión, etc.), como chequeo médico rutinario o de cara a realizar actividad deportiva.

    ¿Quiénes no pueden realizarla?

    • Pacientes con impedimentos físicos que no puedan realizar ejercicio físico.
    • Pacientes que hayan presentado síntomas sugestivos de angina en reposo (dolor de pecho, opresión o similar) en las 48 horas previas al estudio.
    • Pacientes con problemas de salud activos (fiebre, anemia, arritmia no controlada, etc.)
    • Pacientes que no den su consentimiento para realizar el estudio.

    ¿En qué consiste la preparación de la prueba?

    • Los pacientes deben acudir con calzado y ropa adecuada para realizar ejercicio.
    • No es necesario acudir en ayunas, si bien se recomienda evitar comidas pesadas antes de realizar el esfuerzo.
    • Si toma medicación no debe suspenderla a menos que su médico se lo indique expresamente.

    ¿Cuáles son las posibles complicaciones derivadas de la prueba?

    Tal como consta en el consentimiento informado que se entrega a los pacientes, los riesgos de las pruebas de esfuerzo son mínimos y raros e incluyen mareos, caídas, irregularidades de los latidos cardiacos. Sólo en caso de que existiera una enfermedad importante en el corazón, puede haber riesgo de arritmias graves, sincope (perdida transitoria del conocimiento), dolor fuerte en el pecho u otros síntomas que, en estos casos de especial gravedad, también pueden aparecer en circunstancias de la vida normal del paciente. En cualquier caso, las complicaciones graves aparecen solo en una por cada cinco mil ergometrías realizadas. Excepcionalmente (1 de cada 10000) pueden existir complicaciones mortales en el estudio.


    Se trata de una prueba segura, siempre que sea realizada por personal especializado y entrenado para ello y se realice a pacientes que cumplen las condiciones requeridas. Pero no está exenta de complicaciones. La firma del consentimiento da la autorización a realizar la prueba conociendo los riesgos y autorizando al personal médico a actuar en caso de que sea necesario. El personal sanitario a cargo de la prueba le preguntará sobre el motivo de esta y valorará si está en condiciones de realizarla.

    ¿Cuál es el procedimiento de la prueba?

    En esta prueba el paciente realiza el ejercicio físico en una cinta o bien en una bicicleta estática. Se le colocan electrodos, de la misma forma que un electrocardiograma convencional, y un aparato para medir la tensión durante el esfuerzo. El paciente irá realizando esfuerzo de forma progresiva, es decir, inicio suave y aumento de la intensidad con el paso de los minutos. Finalizado el esfuerzo se procede a la fase de recuperación donde se registra el electrocardiograma mientras el corazón vuelve a la situación del inicio. Si aparecen síntomas o alteraciones ECG, se evalúa la forma y el tiempo que tardan en remitir.


    ¿En qué casos se detiene la prueba?

    1. Situaciones que no sugieren enfermedad

    • Fatiga y/o agotamiento: Esta es la causa más frecuente de detención de la prueba. Que una persona se canse antes no significa que este enferma del corazón.
    • Cuando se alcanza la frecuencia cardiaca objetivo. Esta corresponde el 84% de la frecuencia cardiaca máxima teórica según la edad.

    2. Síntomas que requieren una valoración más completa

    • Opresión de pecho, falta de aire, inestabilidad.
    • Cambios en el registro ECG, arritmias.
    • Alteraciones en la tensión arterial.

    En resumen, la prueba de esfuerzo es un estudio muy utilizado en cardiología. Debe ser solicitada por un médico y valorar si el paciente está en condiciones de realizarla en el momento del estudio. Esta permite el diagnóstico y seguimiento en diversas patologías cardiovasculares. Es segura y presenta una tasa de complicaciones muy baja.

  • El cansancio, los ronquidos y el corazón


    * Artículo de la Dra. Pilar Tornos, jefa del servicio de Cardiología del Hospital Quirónsalud Barcelona


    Un motivo de consulta habitual al cardiólogo es el cansancio. Normalmente cuando un paciente nos dice que se cansa elaboramos una historia clínica cuidadosa, hacemos un reconocimiento físico, un ECG y un ecocardiograma, con la finalidad de descartar que una enfermedad cardiológica sea la responsable del problema del paciente. Cuando todo lo anterior es normal debemos pensar en otras causas que pueden ser responsables de cansancio, entre ellas lo que conocemos como el síndrome de las apneas obstructivas del sueño.


    En este síndrome la respiración durante el sueño se hace muy superficial y puede llegar a interrumpirse periódicamente, a causa de una obstrucción transitoria de las vías respiratorias. La respiración se reanuda con un fuerte ronquido. Las personas con apnea del sueño suelen roncar mucho y tener sobresaltos durante la noche, aunque obviamente no todas las personas que roncan tienen apneas. Durante la obstrucción de la vía aérea la concentración de oxígeno en sangre disminuye notablemente hasta que el centro respiratorio emite una alarma y el paciente bruscamente ronca o resopla. Naturalmente esto afecta en mucho la calidad del sueño y el resultado es que los pacientes descansan muy mal aunque suelen no ser conscientes de haberse despertado durante la noche. Como consecuencia durante el día están cansados y tienden a quedarse dormidos con facilidad. Presentan también en algunos casos irritabilidad, pérdida de memoria y dolor de cabeza por las mañanas.


    Las personas que tienen más riesgo de tener apneas son sobretodo varones con sobrepeso . A veces hay personas delgadas que también pueden padecerlas en relación a amígdalas o úvulas hipertróficas que pueden llegar a obstruir la vía respiratoria.


    El diagnóstico se basa en el interrogatorio, tanto del propio paciente como de un familiar que pondrá de relieve el cansancio, la tendencia a la somnolencia durante el día, los ronquidos importantes y los sobresaltos muchas veces en relación a apneas importantes. La exploración física mostrará la obesidad muchas veces marcada en la zona del cuello y otras veces hipertrofia amigdalar o de otras zonas del velo del paladar o úvula.


    Para confirmar el diagnóstico se procede a practicar una polisomnografia. Esta técnica se realiza durante una noche en el que se registra la actividad cerebral, los flujos respiratorios y los niveles de oxígeno mientras el paciente duerme. Puede hacerse en el Hospital o en el domicilio del paciente. Los registros confirmaran la presencia o no de apneas y la duración de las mismas.


    El tratamiento en los casos leves consiste en recomendar una pérdida de peso que puede resolver el problema. En casos en los que la causa es un problema anatómico como hiperplasia amigdalar, de la úvula o del velo posterior del paladar la cirugía es una buena solución. En la mayoría de casos con obstrucción importante de causa no anatómica el tratamiento de elección es el aportar presión positiva de aire durante la noche mediante una mascarilla (CPAP). Esta técnica consigue mantener una oxigenación estable durante la noche y los pacientes suelen reportar rápidamente una mejoría muy importante de sus síntomas.


    Los cardiólogos estamos muy sensibilizados con este problema porque las apneas nocturnas no solo producen cansancio y ronquidos. Se han relacionado con accidentes de coche debido a la somnolencia diurna y con hipertensión arterial, arritmias, empeoramiento de la clínica de la angina de pecho e ictus en relación a la poca oxigenación nocturna. Por todo ello es importante que si alguien no duerme bien, se queda dormido con facilidad durante el día, ronca mucho y tiene apneas acuda al médico. Una buena historia clínica y una polisomnografia serán suficientes para establecer el diagnóstico y orientar el tratamiento que es eficaz en la inmensa mayoría de casos.

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