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Blog del Sº de Cirugía Oral y Maxilofacial & Unidad de Odontología y Periodoncia Hospitalaria. Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo

  • Reacciones de los médicos ante un síntoma inexplicable

    Dr. Javier Arias Gallo

    Hace poco cayó en mis manos un artículo periodístico con las recomendaciones para pacientes con síntomas a los que sus médicos no habían podido encontrar remedio.Respuestas médicas a síntomas de problemas de bocaRespuestas médicas a síntomas de problemas de boca

    Era un artículo fantástico, muy equilibrado, dirigido realmente a ayudar a los pacientes a encontrar la mejor solución para sus problemas, sin para ello atosigar a su médico ( muchas veces por el mecanismo de cambiar de médico). Me encantaría escribir un artículo con recomendaciones para los médicos que se enfrentan a esa situación. No me atrevo a dar recomendaciones. Solo una pincelada, incompleta y sesgada seguro, de cosas que he visto. Algunas de ellas las he practicado.

    Según voy escribiendo, me doy cuenta que remediar los síntomas no suele ser lo que más desasosiega al médico. Para los síntomas tenemos analgésicos menores, antiinflamatorios no esteroideos, mórficos, neurolépticos, sedantes centrales, antidepresivos, antiepilépticos, ansiolíticos, y dentro de cada unos de estas familias de faámacos la variedad es infinita. El vademecum se rinde a nuestros pies. Los síntomas no son el problema, al menos a corto plazo. El problema real viene cuando no somos capaces de encontrar un diagnostico. Al drama de no resolver el problema del paciente desde el origen se añade para el medico el desasosiego de haber fallado profesionalmente. De haber fallado como " técnico de diagnostico y tratamiento". Espero que esta denominación se entienda en su contexto. No querría que se enfadara ningún descendiente directo de Asclepio o sobrino carnal de Hipócrates. No ser capaz de encajar la sintomatología del paciente en un cuadro lógico, en el que aparezca una causa que esté provocando unas consecuencias nocivas para el paciente es muy inquietante para el medico. Y además dificulta enormemente la curación. Es, en resumen, el equivalente en la edad adulta del examen que uno dejaba en blanco en el instituto. A lo largo de mi vida profesional he visto, tanto en mi mismo como en mis compañeros, varias reacciones ante el pánico de la hoja en blanco.

    1. La negación. Esto que me cuenta el paciente no es real. Se lo está inventando. El mecanismo menos imaginativo y el más patético. Hay una vuelta de tuerca: se lo está inventando "para fastidiarme". Juro que lo he visto.

    2. La bendita estadística. Consiste en explicar los síntomas del paciente como aproximación estadística: si llevo vistas 7 cefaleas tensionales, el siguiente paciente tendrá la octava (aunque los síntomas no encajen ni contratando a los acomodadores del metro de Tokio un día de diario).

    3. La salida "House". El paciente padece la última enfermedad rara leída en la revista especializada (¡o vista en la serie de televisión!) Es un recurso valiente y que requiere de una considerable erudición. Los cirujanos maxilofaciales vemos con cierta frecuencia diagnósticos realmente alambicados en lo que resulta ser finalmente un dolor de muelas.

    4. La enfermedad mental. La depresión y sus primos, la neurosis y la hipocondría. Ante esto, no está de más recordar la indefectibilidad de la muerte. Hasta el neurótico más neurótico finalmente fallece, como los que son "sanos mentales", de alguna enfermedad orgánica, física (exceptuando accidentes, claro). Ojito con eso.

    5. Vuelva usted mañana. Esta opción, tan española y decimonónica, sin embargo, resulta ser especialmente eficaz. Personalmente la encuentro muy recomendable. Una vez descartados los diagnósticos más tenebrosos (y en general, más sencillos) se le puede decir al paciente que vuelva cuando sus síntomas no sean tan atropellados. Da al médico la perspectiva que tiene el pintor cuando se aleja un poco del cuadro que está pintando.

    6. Invitación al "Tour de la imagen médica", que tengo la impresión que desde hace tiempo ha desbancado al clásico Giro del laboratorio de análisis clínicos. Con lo bonitas que salen las imágenes en 3D, con colorines incluidos, ¿quién quiere un asterisco en un aburrido listado de iniciales, no por menos conocidas (ALT, GPT) menos oscuras?

    7. Será un corte de digestión. Yo, que hice medicina sólo para aprender el mecanismo del corte de digestión, ese proceso fisiopatológico que provocaba indefectiblemente la muerte (en segundos) si uno entraba al agua de la piscina sin esperar las dos horas de rigor desde la comida (tres en caso de paella y cocido); yo, digo, me hice los 6 años de carrera, el MIR y la residencia sin que nadie me diera paradero de su etiopatogenia (bueeeno, algo parecido si hay, pero menos florido).

    8. Oiga usted… no sé lo que tiene. No veo que tenga ningún tumor ni ningún otro tipo de enfermedad mortal a corto plazo, pero se va a quedar usted, al menos por el momento, en la categoría de tareas pendientes.

    9. Es algo del riego. Una vez descartada la posibilidad de que el cerebro funcione con riego por goteo, y comprobada la necesidad de sangre abundante en cerebro, cerebelo y bulbo raquídeo, la falta de riego resulta un argumento inapelable.

    El abanico de respuestas es enorme. Personalmente utilizo con cierta frecuencia la 5 y la 8. Como complemento, y ya que tengo dos ojos, pongo uno en los libros y revistas médicas (siempre hay que estar aprendiendo), y el otro en el paciente. Literalmente. Nunca conseguí ser el extraordinario y famoso médico del que me habló una vez un paciente en estos términos: "Doctor, mire usted si es bueno el Dr. XXX que me recibió, entrevistó, diagnosticó y recetó sin ni siquiera mirarme a la cara". Eso lo han oído estas orejas que los gusanos se comerán algún día. Pero nunca confesaré el nombre del médico. Ni bajo tortura.

    Hasta la próxima entrada en el blog.

  • Dolor facial, mandibular, craneal, cervical... Una epidemia actual

    Dr. Antonio López Davis

    Sin duda lo es: una de la epidemias de los últimos años. De hecho, esta "epidemia" ha llegado para quedarse, y afecta a muchos de los que vivimos en los grandes núcleos de población del mundo occidental-izado. Es decir, es de carácter pandémico, y endémico.Dolor maxilofacialDolor maxilofacial
    Este transtorno (no lo llamemos enfermedad, bastante dramático ha comenzado este artículo), consiste en una latosa molestia que afecta al territorio de la cara, cráneo o región cervical alta, y casi siempre, una combinación de ellas. Es decir, lo que los especialistas llamamos territorio del nervio trigémino y troncos nerviosos cervicales C1 y C2. Este malestar se comporta de manera más o menos episódica, más o menos intensa, más o menos frecuente. En ocasiones aparece por culpa de algún tipo de contractura muscular, en otras en forma de alteración en el movimiento de la mandíbula (articulación llamada ATM, en inglés TMJ). Pero lo que el paciente nota es esa cansina molestia, que no se va fácilmente con los analgésicos normales, y que siendo cierto que es llevadero de manera puntual, es absolutamente desesperante cuando al dichoso dolor le cuesta desaparecer. Y como digo, estos cuadros afectan a muchos de los que vivimos en este ajetreado estilo de vida que nos estamos fabricando (se estima que está presente en más de la mitad de la población, pero sabemos que en rangos de edad medias, es bastante más prevalente que eso).
    Curioso es, como en otras áreas de la medicina, y de la sociedad en general, lo difícil que resulta ponerse de acuerdo para esclarecer qué nos ocurre, desde el punto de vista médico y científico. Clásicamente, estos dolores nos han hecho consultar con un dentista (si el dolor aparece en la zona mandibular), con un medico de cabecera o neurólogo (cefalea) o con un traumatólogo (cervicalgia), y finalmente, con el profesional de referencia, el cirujano maxilofacial. Diferentes explicaciones y tratamientos se han propuesto durante años con discreto resultado: bruxismo, apiñamientos, estrés, rectificación cervical, hernias cervicales, férulas de descarga, todas las permutaciones posibles (e imposibes) de analgésicos, … Sin embargo, cuando los investigadores hemos intentado preguntarnos y respondernos con rigurosa honestidad científica, no hemos concluido con claridad que el bruxismo sea una enfermedad en sí misma, o las hernias, o el estrés, etcétera. ¡Entre otras razones, porque existe un número muy elevado de personas catalogables como enfermos y que carecen de síntoma alguno! (que aprietan los dientes, no los tienen en perfecta posición, tienen hernias, etc).
    Siendo cierto que aún nos encontramos en el albor de lo que supondrá el conocimiento de esta patología tan prevalente, también lo es que empezamos comprender ciertos aspectos, a despejar algunas incógnitas: nuestros pacientes precisan un manejo por diferentes especialistas a la vez, pues la explicación a sus molestias es invariablemente multifactorial (no existe causa única, no hay duda). Existen teorías que desvían nuestra atención hacia otras posibles causas: la calidad del descanso, el efecto hiperestimulante del ritmo de vida, al tipo de dieta, ausencia de ejercicio físico, leves alteraciones del ritmo hormonal e intolerancias alimentarias asintomáticas, entre otros. Si miramos nuestras estadísiticas, y antes de esto, si atendemos con cuidado a nuestros pacientes nos cuentan, los mejores resultados los obtenemos cuando evaluamos en profundidad cada caso de forma individualizada, y lo hacemos entre diferentes especialistas: el cirujano maxilofacial, el fisioterapeuta, el odontólogo, el neurólogo, y otros. Esto es ya parte de un futuro que intentamos acercar al paciente hoy, mediante unidades interdisciplinares.

  • ¿Realmente le interesa un implante tan barato?

    Dr. Manuel Chamorro Pons

    Estamos todos de acuerdo en esto; para recuperar uno o varios dientes perdidos lo mejor son los implantes dentales.Calidad de los implantes dentalesCalidad de los implantes dentales
    Pero ¿qué son los implantes realmente? La respuesta es sencilla. Se trata de una estructura metálica, concretamente de titanio, que en su forma recuerda a la raíz de un diente. Esta estructura es capaz de fijarse al hueso y, al tener una rosca interna, recibir una pieza intermedia atornillada en cuyo extremo se fijará una corona dental con la forma y color adecuados a cada caso. Entre varios de estos implantes podrán sostener una prótesis completa o parcial.
    Sin duda alguna los implantes han sido todo un descubrimiento merecedor, a mi modo de ver, del premio Nobel de Medicina. Galardón que, sin embargo, nunca recibió su inventor, el Profesor sueco Per-Ingvar Branemark, recientemente fallecido. Tuve la fortuna de asistir en Madrid a una conferencia del Profesor Branemark en el año 1989. En ella nos contó cómo su descubrimiento se debió a una casualidad. Él estaba haciendo unos experimentos de laboratorio en huesos de animales. Insertaba en ellos tornillos de diferentes materiales con objeto de mejorar la curación de fracturas. Observó que unos tornillos de titanio, puestos tiempo atrás, casi olvidados, habían producido una fijación al hueso muy sólida que hacía casi imposible su retirada. A este proceso lo llamó osteointegración y fue el inicio del desarrollo de los implantes dentales.
    Desde entonces centenares, miles de estudios científicos se han realizado y se siguen realizando al objeto de estudiar y mejorar el proceso de osteointegración, por el cual el implante se fija al hueso. Y tan importante o más que eso es conocer la manera de que esa unión del implante con el hueso sea duradera y estable. Que no decaiga con el paso del tiempo.
    Las conclusiones de estos estudios son claras: la calidad del material, el tipo de superficie del implante, el diseño del mismo, la precisión con la que se coloca, la calidad de los instrumentos-prácticamente de precisión- con los que se trabaja, la fuerza con la que el implante penetra en el hueso son claves para el éxito de estos requerimientos.
    Los objetivos, por tanto, son dos: conseguir de entrada una unión hueso-implante muy sólida. Y lo que es más difícil el mantenimiento de esta unión hueso-implante a lo largo del tiempo. En muchos implantes con problemas de calidad o diseño, o colocados de manera no adecuada, se observan pérdidas progresivas de hueso que van avanzando hasta que el implante comienza a moverse y se pierde definitivamente.
    Si como hemos dicho los factores relacionados con la pérdida progresiva de hueso alrededor de los implantes o las uniones débiles implante-hueso se deben, en un gran porcentaje de casos, a factores relacionados con la calidad de los implantes y la precisión en su inserción, ¿no será lógico, tratándose de una cosa tan importante, el recurrir a unos implantes de calidad y mejor diseño y ponerse en manos de un profesional con experiencia que nos transmita la confianza necesaria?
    ¿No ve que no puede ser el bajo precio el único parámetro a tener en cuenta?
    ¿Usted se compraría el coche más barato, o el teléfono más barato sólo por esto sin tener en cuenta las características que tiene?. Seguro que no. Conocer el precio es importante, claro está, pero más importante es saber si el coche tiene 2 ó 4 puertas, si tiene dirección asistida o frenos con ABS. Obviamente no todos los modelos pueden costar lo mismo. Cuanto más cosas tienen, cuantas más prestaciones nos dan, más cuestan.
    Lo mismo ocurre con los implantes dentales. Si queremos un implante de calidad, que nos de un resultado óptimo, que deje satisfecho al paciente y también al profesional, que esté avalado por estudios científicos no puede ser el más barato del mercado. Imposible. Seguro que costará algo más, seguro. Pero también seguro que será mejor, tendrá una unión con el hueso más fuerte y ,sobre todo, será más duradera en el tiempo. Se evitará muchos disgustos.
    Ya sabe: lo barato sale caro.

  • ¿Qué hace un periodoncista en un hospital? (Segunda parte)

    Miguel Carasol Campillo y Antonio Lorente Pérez-sierra

    En el episodio anterior vimos que la patología de la encía es muy frecuente y que puede conducir a la pérdida de dientes en los casos más graves de periodontitis, cosa relativamente frecuente por desgracia.

    Periodontitis

    Además, hay algo muy importante que caracteriza a la periodontitis: y es que en el fondo es una herida que permite la comunicación del exterior con el resto del cuerpo humano, como cualquier herida en determinadas circunstancias. Y no es una herida pequeña; ya comentamos que, en condiciones de salud, el periodonto rodea a los dientes ocupando una superficie similar al tamaño de una tarjeta de visita. Cuando un paciente tiene periodontitis, la herida en el interior de su encía ocupa una superficie de unos veinte centímetros cuadrados. No es ninguna broma; imagínate que tienes una herida de 4x5 centímetros en el dorso de la mano, y que todo el día está "bañada" en bacterias, comida, bebida, y cualquier sustancia que habitualmente pasa por la boca. Todavía peor, aquí no vale lavarse las manos y darse una pomada con antiséptico. Recuerda que la herida está en la profundidad de la encía, donde generalmente el cepillo de dientes no llega y es preciso realizar un tratamiento de limpieza profesional profunda por parte del dentista y/o higienista dental. Es verdad que tenemos unos mecanismos de defensa muy potentes que disminuyen mucho el riesgo de que esa infección nos complique la salud. Pero también es cierto que esta situación permite el paso de bacterias y sus productos a la sangre. Eso en medicina se conoce como bacteriemia y, aunque te parezca mentira, todos los días pasan bacterias a la sangre desde la encía en personas sanas, incluso con actividades tan cotidianas como masticar o cepillarse los dientes. Imagínate lo que sucede cuando padeces periodontitis y tienes la famosa herida abierta: es un auténtico desfile bacteriano.

    Endocarditis bacteriana

    ¿Y adónde pueden ir estas bacterias y los productos tóxicos que generan? Paseando por el hospital (los médicos tenemos estos vicios), al pasar por el Servicio de Cardiología empiezas a comprender in situ el concepto que se denomina "medicina periodontal". Desde hace muchos años se sabe que algunas bacterias patógenas de la boca pueden colonizar estructuras cardiovasculares muy importantes, como las válvulas del corazón dañadas o sustituidas por prótesis artificiales. Esta colonización puede generar una enfermedad conocida como endocarditis bacteriana, que puede llegar a ser mortal en determinados casos. Por eso es importante su prevención, con un cuidado meticuloso de la cavidad oral y la administración de antibióticos antes de realizar procedimientos en la boca que puedan permitir el paso de gran cantidad de patógenos a la sangre, como puede ser la cirugía periodontal.

    Pero, además de ese concepto clásico, hoy se sabe que la inflamación crónica interviene en la formación de las placas de ateroma de las arterias, lo cual genera el proceso de arteriosclerosis, causa a su vez de infartos de miocardio, ictus, patología vascular periférica, etc, con la enorme mortalidad y discapacidad que generan estos cuadros en nuestra sociedad. También sabemos que ese estado inflamatorio crónico está favorecido por factores de riesgo tan claros como el tabaco, la vida sedentaria, la dieta inadecuada, la hipertensión, etc. Pues bien, recientemente se ha demostrado que la inflamación crónica que produce el paso a la sangre de bacterias y toxinas desde el periodonto enfermo, puede contribuir también al proceso de arteriosclerosis, por lo que la periodontitis se considera un factor de riesgo más para las enfermedades cardiovasculares comentadas. Por supuesto que no es la causa de las mismas, pero si incluimos el cuidado de la boca en lo que se conocen como la creación de hábitos de vida saludable, es muy posible que con todo ello disminuyamos el riesgo de padecer un infarto, ictus, etc, o mitigar las probabilidades de que se produzca de nuevo alguno de estos eventos tan graves. Por eso los cardiólogos cada día dan más importancia a aconsejar a sus pacientes que mantengan sus bocas en un estado de salud razonable. Y por la misma razón, los dentistas estamos obligados a prevenir y curar las enfermedades periodontales, y además a detectar esos factores de riesgo en nuestras consultas. Esto es fácil porque muchos de ellos son comunes a la periodontitis y arteriosclerosis (tabaco, obesidad, diabetes, etc). Además, hay que tener en cuenta un hecho muy importante: por una consulta dental pasan pacientes a revisión bucal que están sanos a nivel sistémico (o creen estarlo), por lo que es un sitio de prevención primaria privilegiado, para remitir al cardiólogo u otro especialista a pacientes con determinadas condiciones que puedan poner en riesgo sus vidas en el futuro.

    El próximo día seguiremos paseando por el hospital, para ver cómo podemos mejorar la salud de los pacientes de otros servicios mediante el control de su patología periodontal. Gracias.


  • ¿ Qué hace un periodoncista en un hospital? (Primera parte)

    Miguel Carasol Campillo y Antonio Lorente Pérez-Sierra

    La boca forma parte del cuerpo humano. Y no es una estructura accesoria. Todos los días respiramos, masticamos, hablamos, queremos, deseamos, animamos a nuestro equipo de futbol, expresamos cualquiera de nuestros sentimientos y emociones, nos comunicamos, y muchas cosas más con esa cavidad tan curiosa.

    Su funcionamiento diario es un prodigio; hay una cantidad muy variada de tejidos y estructuras involucradas. Pero, además, tiene la particularidad de que actúan unos protagonistas únicos que en condiciones normales no existen en el resto del cuerpo humano: los dientes.

    Los dientes son muy especiales, aunque solo sea porque están constituidos por el tejido más duro que poseemos. Sin embargo, ¿qué permite que los dientes erupcionen, que sean sustituidos cuando son temporales o "de leche" por otros definitivos, dando por cierto mucho trabajo al Ratoncito Pérez, o que ejerzan su maravillosa función durante muchos años, tantos que, bien cuidados, los encuentran mucho tiempo después en Atapuerca, por poner un ejemplo geográfico cercano? La respuesta se llama periodonto.

    Esa palabra, que significa "alrededor del diente", incluye a la encía, el tejido blando y generalmente rosa que tú ves, y que de alguna manera cubre las raíces de los dientes que están insertadas en el hueso de los maxilares. Hay otro tejido que conocerás menos: se llama ligamento periodontal. Está situado entre la raíz del diente y el hueso, y es un tejido blando microscópico que permite pequeños movimientos del diente durante la masticación. Si no existiera, seríamos como los rumiantes y masticaríamos de forma horizontal, ya que tienen los dientes "soldados" al hueso. Además, el periodonto sirve para muchas más cosas, entre otras para crear una zona de nutrición y de defensa tremendamente sensible alrededor de los dientes; si has mordido una piedra en un plato de lentejas sabrás bien lo que digo: si no existiera el periodonto, no pararías de morder, y adiós diente.

    Los pulmones pueden ocupar un área de 50-70 metros cuadrados (aproximadamente la mitad de una pista de tenis). La encía cubre a los dientes en un área de 75 centímetros cuadrados, más o menos la superficie de una tarjeta de visita. Y sin embargo… ¡los problemas que puede llegar a provocar!

    Niño cepillándose los dientes

    Siendo deseable que esté sano, el periodonto puede enfermar de muchas maneras. Excluyendo por ahora los tumores y otros tipos de patología, lo más frecuente es que se infecte por la acción de unas bacterias que forman lo que habrás oído como placa dental, placa bacteriana, biofilm, etc. Hay muchas bacterias beneficiosas en nuestro organismo. De hecho, un proyecto que se conoce como microbioma humano establece que una persona de setenta kilos de peso puede albergar entre setecientos gramos y dos kilos de bacterias. La boca es una de las residencias más notables para las bacterias en el cuerpo humano, y la placa dental es particularmente importante, ya que permite mantener en un estado de salud a los dientes y a su unión con la encía. De hecho, cuando no se elimina diariamente con los medios que tenemos a nuestro alcance (cepillo dental, pasta dentífrica, seda dental, cepillos interproximales, colutorios, etc.), esta placa se va complicando, ya que las bacterias beneficiosas se van sustituyendo por otras más agresivas. La caries es un ejemplo muy claro: es una infección por bacterias que producen ácidos que desmineralizan el esmalte de los dientes.

    ¿Y qué sucede con la encía? Al principio todo va bien, protege al diente, está adherida al mismo excepto por un pequeño surco donde se realizan labores microscópicas de defensa fundamentales (es donde notarás que entra un poco la cerda del cepillo dental cuando se usa bien). Su color es rosa y, por encima de todas las cosas, no sangra. No hay mayor "falsa creencia" que haga más daño a la encía de los pacientes; la piel sana no sangra; el ojo sano no sangra. De la misma manera, la encía sana nunca sangra; la frase "me sangra de vez en cuando, pero es normal" es un grave error de educación sanitaria pública. ¿Qué pasa realmente? que con el cepillado irregular o ausente, las bacterias protectoras se van sustituyendo por otras más agresivas. En unas tres semanas la encía se inflama y se desarrolla la gingivitis. Como en cualquier proceso inflamatorio, la encía cambia de forma, color, tamaño, y sangra: lo puede hacer al cepillarnos los dientes, masticar, cuando el dentista nos sonda el tejido, o de forma espontánea. En cualquier caso, el daño está hecho, pero es reversible, y esto es esencial. Si se realizan medidas de higiene adecuadas y el dentista realiza tratamientos muy sencillos, conocidos como limpieza de boca, mantenimiento periodontal, etc, las bacterias patógenas vuelven a ser sustituidas por las "habituales", restableciéndose el equilibrio deseado.

    Sin embargo, no siempre es así. Si persisten las condiciones patológicas, la encía se inflama más, comienza a separarse de la raíz del diente (porque se va destruyendo el ligamento periodontal del que te hablábamos), y se forma una bolsa debajo de la encía. ¡Qué más quieren las bacterias agresivas que vivir con poco oxígeno y muchos restos de células muertas! Al final, la infección empieza a destruir el hueso de los maxilares donde están incluidas las raíces de los dientes. Es algo similar a lo que sucede si te dedicas a quitar con el dedo la tierra que rodea una planta. Con el tiempo, va quedando más raíz fuera que dentro del hueso, y el diente se mueve y corre el riesgo de perderse. Los cimientos se están destruyendo y la enfermedad es mucho más grave y compleja: se ha establecido la periodontitis.

    Tranquilo, no todo está perdido; la periodontitis tiene muchos grados y está condicionada por factores de riesgo, que ya te comentaremos, lo que hace que sea un proceso que hay que individualizar, pero que tiene tratamiento generalmente sencillo en la mayoría de los casos.

    Para terminar por hoy, ¿te parece que esto es un problema para el ser humano? Júzgalo por ti mismo. El mayor estudio realizado en el mundo sobre enfermedades crónicas del ser humano establece que la patología bucodental afecta a ¡tres mil novecientos millones de personas! ¿Sabes cuál es la enfermedad crónica más frecuente del ser humano? La caries dental no tratada, que afecta a dos mil cuatrocientos millones de personas. ¿Y la sexta? La periodontitis avanzada (no incluye los casos moderados, que son mayoría), que afecta a setecientos millones de personas.

    En España, sólo hay un cinco por ciento de adultos sanos a nivel periodontal. La periodontitis afecta a más de la tercera parte de los adultos mayores de 35 años. Más de la mitad de los mayores de 55 años tienen periodontitis, siendo la mayor causa de pérdidas dentarias en el adulto. Realmente, esto constituye un problema importante de salud pública.

    El próximo día te contaremos cosas recientes que sabemos de la periodontitis, ya que no solo destruye tejidos en la boca, sino que puede afectar a otros organismos del ser humano, influyendo en patologías como la diabetes mellitus, la isquemia cardiovascular o los partos de niños prematuros o con bajo peso al nacer. Por eso empieza a tener sentido que un periodoncista trabaje en un hospital. Gracias.

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Sobre este blog

Las enfermedades de la cara y al cuello son extraordinariamente importantes por afectar a zonas del cuerpo críticas en el día a día de todo ser humano. Comer, masticar, respirar sin dificultad, dormir y descansar, e incluso sonreír son actividades que damos por supuestas pero que pueden verse afectadas gravemente tras traumatismos, tumores, infecciones o por enfermedades congénitas. El cirujano maxilofacial es el especialista central en estas enfermedades. Tanto el punto de vista médico, como el quirúrgico, como la repercusión social y personal de la patología de la cabeza y cuello son importantes para atender y cuidar apropiadamente a nuestros pacientes. Sin olvidar, claro está, a los odontoestomatólogos, periodoncistas, ortodoncistas y odontopediatras con los que trabajamos en estas tareas. En este blog describimos situaciones clínicas, informamos sobre tratamientos, y reflexionamos sobre lo que significa ser médico y cirujano maxilofacial en estos tiempos de cambio y avance continuo. Todo el equipo del Servicio de Cirugía Maxilofacial estaremos encantados de atenderte.

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