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Blog del Dr. J. L. Carrasco, Dir. Científico Unidad de Personalidad y Comportamiento de Ruber Juan Bravo

  • Escuela de padres’: el apoyo eficaz cuando los hijos son problemáticos

    Bautizadas como "Escuelas de Padres" hace más de 30 años que se han instalado poco a poco a lo largo de la geografía española para instruir, intercambiar experiencias y prestar apoyo y consejo a los progenitores. Porque como bien dice el dicho: "Los hijos no nacen con un manual de instrucciones bajo el brazo". Se trata de programas eficaces guiados de la mano de especialistas, como psiquiatras, psicólogos o pedagogos que muestran el camino para afrontar los problemas de comportamiento de los hijosEste enlace se abrirá en una ventana nueva.Escuela de padresEscuela de padres

    Por todo ello, el equipoEste enlace se abrirá en una ventana nueva de nuestra nueva Unidad de Personalidad y Comportamiento en el Complejo Hospitalario Ruber Juan BravoEste enlace se abrirá en una ventana nueva, (TLP-Ruber) Madrid, del Grupo Quirónsalud, no hemos dudado en abrir este espacio para los padres. La literatura científica hace años que avala estas iniciativas respaldadas por instituciones como el Instituto Nacional de Salud y Excelencia Clínica (NICE) británico que las recomienda de forma rutinaria. Es el caso del programa, ‘Dando el poder a los padres, dando el poder a la comunidad’ (EPECEste enlace se abrirá en una ventana nueva), puesto en marcha por el Instituto de Psiquiatría, del Kings College de Londres (Reino Unido) cuyos datos de eficacia fueron publicados en la revista ‘Bristish Medical Journal’.

    Las experiencias en España han sido también muy positivas y han dado lugar a publicaciones como las del doctor Díaz SibajaEste enlace se abrirá en una ventana nueva, de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil de Algeciras (Andalucía), en la 'Revista de Psiquiatría y Psicología del Niño y el Adolescente', o la de Itziar Iruarrizaga, de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, en la revista ‘Psiquiatría’, por citar algunos ejemplos

    Sabemos que el diagnóstico de problemas de conductaEste enlace se abrirá en una ventana nueva ha ido aumentando en los últimos años en las Unidades de Salud Mental Infanto-Juvenil. Los problemas de conducta presentan una naturaleza repetitiva y poco acorde con la edad del paciente, que muestra poco interés en seguir las convenciones sociales y oposición a los requerimientos de las figuras de autoridad. Y estos conflictos se extienden y engullen a los propios padres que deben formar parte ineludible del proceso terapéutico.

    En nuestra Escuela de Padres, de la nueva Unidad de Personalidad y Comportamiento (TLP-Ruber) del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo,Este enlace se abrirá en una ventana nueva impartiremos un ciclo de conferencias-talleres, dirigidos a los padres de jóvenes con problemas de la personalidad y del comportamiento. Los cursos tienen una periodicidad mensual a lo largo de todo el año y tendrán un formato informativo e interactivo, pues consideramos que es importante dejar un espacio al planteamiento de dudas por parte de los familiares y a la resolución de las mismas por parte de los profesionales, así como que los asistentes compartan sus experiencias.

    Los talleres se celebrarán en el propio Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo (c/ Juan Bravo 49) los primeros jueves de cada mes, de 19 a 21 horas. Las plazas son limitadas y se otorgarán por orden de solicitud.

    Estamos totalmente seguros de que esta actividad será de interés y provecho para los padres, y de que sin duda repercutirá en la mejora de las conductas de nuestros adolescentes y jóvenes.

    Podéis pedir cita en el 910 687 999 o en los correos anagonzalez@ruber.esEste enlace se abrirá en una ventana nueva o jlcarrasco@ruber.esEste enlace se abrirá en una ventana nueva

  • La información ‘sobre la mesa’ evita el pánico

    El atentado de Niza nos recuerda, nos transmite a todos, adultos y menores, la inquietante sensación de que no vivimos en paz, sino en guerra. Ya no se trata de un hecho trágico que sucede a kilómetros de distancia, sino que aparece en nuestras calles sin previo aviso. Una situación que nos hace sentir vulnerables e inseguros. La noticia de cada atentado vuela a través de los medios de comunicación y, en el caso de los audiovisuales, se apoya en imágenes reiteradas de lo sucedido.Comunicación de tragediasComunicación de tragedias

    Debemos reflexionar y recordar que la población infantil es vulnerable a este tipo de información que, desgraciadamente, empieza a ser frecuente. Que los menores sientan inseguridad, desconfianza y miedo es una de las consecuencias directas del terrorismo, y los adultos nos preguntamos cómo protegerlos. Debemos entender que el objetivo principal en la forma de comunicar las noticias sobre atentados a los niños es evitar el paso del miedo al pánico. Y para ello la divulgación se debe ceñir al grado de de desarrollo emocional en cada etapa de la infancia y la adolescencia.

    Un lenguaje para cada edad

    Porque el pánico, sea consciente o inconsciente, se puede transformar en conductas sintomáticas, como fobias u obsesiones.Este enlace se abrirá en una ventana nueva Puede ocasionar terrores nocturnos o miedo generalizado a salir a la calle, a ir al cine o, incluso, pánico a que los padres salgan de viaje. Sin embargo, el miedo no tiene por qué ser siempre negativo si se maneja adecuadamente. La diferencia entre el miedo y el pánico está en que en el segundo caso existe una vivencia de falta de control que lleva a la desorganización mental. Por ello, a los niños menores de 11 o 12 años, preadolescentes, hay que transmitirles claramente que existen sujetos malos, que hacen daño y que tienen malas intenciones, pero que están muy controlados. Debemos decirles que, a veces, consiguen despistar a nuestros policías, pero estas ocasiones son contadas en comparación con la cantidad de veces que lo hubieran intentado.

    Es importante que entiendan que las probabilidades de que actos como el recientemente sucedido se reproduzcan y nos afecten a nosotros personalmente son muy bajas y que cada día esa pequeña posibilidad es menor porque los gobiernos avanzan y crecen en seguridad. En definitiva, que el control lo tenemos nosotros.


    En la adolescencia

    A partir de la adolescencia, el tipo de mensaje varía y se aproxima al que se debe utilizar en el adulto: existen enemigos que quieren destruirnos, por lo que debemos tenerles miedo y prepararnos para defendernos. No estamos indefensos, sino todo lo contrario, la mayoría de las veces los atentados se evitan. Este es el camino para lograr que el miedo natural al enemigo peligroso se convierta en un elemento de crecimiento de la personalidad del adolescente. Porque le ayudará a entender nuestras propias limitaciones y, también, a pensar y reflexionar sobre nuestros propios valores y convicciones.

    Nunca hay que negarles la existencia del peligro. Debe ponerse ‘encima de la Mesa’, a la vista, y a partir de ahí evitar el pánico pero no el miedo. A los pequeños, claro está, debemos contárselo en el lenguaje que mejor entienden: como si fuera un cuento. Por ejemplo: "somos los buenos y tenemos muy controlados a los malos, cada vez más". Pero nunca negar la existencia del peligro porque los menores, que captan la realidad a través de los medios o de las conversaciones entre adultos, lo interpretarían como una mentira. La negación del peligro lleva a reacciones emocionales más primitivas, como el pánico, las fobias o la paranoia, que suelen conllevar imágenes fantasmagóricas donde todos se convierten en monstruos o en enemigos.


    Llevarles al extremo

    Los especialistasEste enlace se abrirá en una ventana nueva también sabemos que las imágenes traumatizantes y reiteradas de cuerpos destrozados y otras similares emitidas en televisión o por Internet no ayudan en absoluto a conseguir una reacción emocional equilibrada al peligro. Por el contrario, activan las reacciones emocionales primitivas de pánico o de ira indiscriminada. Los niños no deberían ver estas imágenes, su capacidad de procesamiento no está preparado para digerirlas adecuadamente y sólo darán lugar a que se formen fantasmas y terrores indiscriminados. Tampoco son buenas para el resto de la población: no aportan nada al propio conocimiento de las masacres y solo exacerban las reacciones primitivas de pánico y de venganza cruel. Y éstas pueden ser especialmente peligrosas en la adolescencia, un período donde la sugestión y la radicalización se acentúan y hacen al joven especialmente propenso a estas reacciones.

  • La conflictividad de los jóvenes se destapa en verano

    Vivir día a día con un adolescente no es una tarea fácil. En parte, porque la adolescencia es una etapa complicada para el propio individuo en desarrollo que asiste a numerosos cambios, tanto físicos, como hormonales y emocionales. En parte, también, porque esta transformación acaba produciendo cambios importantes en el comportamiento y en la actitud de los chicos y chicas que confunden a sus padres. Es el momento en que parece que el lazo de la comunicación está roto.Conflicto en adolescenciaConflicto en adolescencia

    Buena parte de los progenitores se queja de que sus hijos adolescentes están de mal humor de forma casi permanente, solo dan malas contestaciones, la desobediencia es continua y, al parecer, todo les molesta.

    Aunque estas actitudes son en la mayoría de las ocasiones un proceso normal, es importante estar atento a ciertas señales que nos pueden indicar que no se trata solo de un problema de la adolescencia.Este enlace se abrirá en una ventana nueva Debemos de cerciorarnos de que se están produciendo consecuencias perjudiciales en la vida de nuestros hijos (están tristes, empiezan a suspender o tienen problemas para relacionarse). Es entonces cuando ha llegado el momento de hablar con ellos, de no retrasar la comunicación, y puede que probablemente sea necesario abordar el problema con un profesional. La barrera más importante que aún hoy nos impide ayudar a nuestros adolescentes es mantener ideas equivocadas como ‘todo es fruto de la adolescencia’ o‘ ya se le pasará’.

    Durante las vacaciones salen a flote muchos de los problemas que han pasado desapercibidos durante el curso debido a una menor convivencia. Debemos estar atentos cuando detectemos problemas para respetar las normas en el hogar, si acumula castigos, insulta o agrede verbalmente de manera repetida, miente con frecuencia, tiene baja autoestima o hay sospecha de consumo de sustancias.

    También en los casos en los que no sabemos cómo tratarle, nos agotamos cuando interactuamos con él/ella, sentimos que ya no tenemos autoridad o no confiamos en ellos. En todos estos casos es conveniente consultar con un especialista. La nueva Unidad de Personalidad y Comportamiento: Orientación familiar y prevención,Este enlace se abrirá en una ventana nueva del Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo, de Quirónsalud, ofrece además la posibilidad de acudir a su Escuela de padres, donde orientar, compartir, e instruir a las familias en el manejo de este tipo problemática y las estrategias adecuadas para mantener una comunicación positiva con los hijos.

  • El síndrome del bebé zarandeado sigue siendo un drama

    Los datos que llegan del otro lado del Atlántico son realmente preocupantes. La revista ‘Journal of Neurosurgery: Pediatrics’ publica en su última edición (12 de julio) una investigación (ver estudio completo en http://thejns.org/doi/full/10.3171/2016.1.PEDS15583Este enlace se abrirá en una ventana nueva) llevada a cabo por un grupo de investigadores liderados por Paul Klimo, del Instituto de Neurociencias del Hospital Infantil Le Bonheur en Memphis (EEUU) que constata que el síndrome del bebé zarandeado o sacudido es la tercera causa principal de lesiones cerebrales en menores de dicho país. En los bebés menos de un año, representa ya la causa de la mayoría de lesiones graves de cabeza que pueden causar incapacidad permanente o la muerte.

    Maltrato infantilMaltrato infantil

    La Asociación Española de Pediatría recuerda que este síndrome "hace referencia al conjunto de lesiones cerebrales que se producen al sacudir vigorosamente a un bebé. Es relativamente frecuente. Se estima que su incidencia en el mundo es de 20-25 casos por cada 100. 000 niños menores de dos años. En España, de los 450 000 niños nacidos al año, unos 100 pueden sufrirlo".

    La investigación estadounidense es fruto del examen de los expediente de todos los pacientes menores de 5 años de edad que habían sido admitidos en el Hospital de Le Bonheur entre 2009 y 2014 por lesiones craneales causadas por maltrato infantil, un auténtico documento epidemiológico que saca a la luz un problema de salud pública del que todos debemos ser conscientes: el maltrato infantil en todas sus versiones.

    Los especialistas que día a día atendemos a menores, adolescentes y jóvenes tenemos conocimiento de que una buena parte de los trastornos de comportamiento o de personalidadEste enlace se abrirá en una ventana nueva que les han llevado hasta nuestras consultas esconde un forma de violencia sufrida anteriormente. Puede ser acoso escolar, puede ser maltrato psicológico o físico ejecutado de la mano de un familiar…Lo que sí sabemos es que el maltrato infantil deja una huella honda en la mente y en la personalidad de sus víctimas.

    La sociedad, las autoridades y los profesionales de la salud debemos ser conscientes de la existencia de este tipo de violencia y sus consecuencias a corto y largo plazo y mantener la alerta ante la mínima sospecha. Nuestra misión debe ser contribuir en la medida que podamos a la defensa de la población infantil poniendo freno de forma precoz a todo tipo de abusos para lograr que el futuro de las generaciones futuras no se trunque.

  • Cuando la vuelta al cole se convierte en un suplicio

    Las vacaciones se acaban y la vuelta al cole está cada día más cerca. No todos los niños viven ese momento de la misma forma y muchos adultos no deberían trivializarlo; para bastantes pequeños se trata de una situación muy dura.

    Porque volver a la rutina, a las obligaciones, también puede resultar problemático para los pequeños de la casa. Al igual que los adultos, ellos han desconectado del día a día durante las vacaciones. Han sido dos meses largos sin horarios, sin madrugones, sin deberes, sin profesores, sin actividades extraescolares, sin exámenes… Por todo ello, algunos menores (entre un 5% y un 8%) también pueden sufrir el llamado síndrome postvacacional o depresión postvacacional, un proceso de adaptación a la vuelta a la rutina que se manifiesta en forma de una serie de síntomas.

    La ‘cara infantil’ de la depresión postvacacional

    La ‘vuelta al cole’, por tanto, puede desembocar en la aparición síntomas emocionales, de comportamiento y fisiológicos. Concretamente, estamos hablando de cambios en el estado de humor, irritabilidad, alteraciones en el sueño, pesadillas, alteraciones con la comida, necesidad de acaparar la atención de los padres, dolores de cabeza o tripa, entre otros.

    Todos estos síntomas pueden ser más leves o más graves dependiendo de cada niño, aunque lo normal es que su duración no exceda la semana. En los casos en los que los síntomas y su severidad se prolonguen en el tiempo es conveniente consultar con un especialista.

    Niña vuelta al coleNiña vuelta al cole

    Los padres pueden ayudar a sus hijos en la vuelta al cole con medidas sencillas.

    1. Pregunte a sus hijos, por sus sentimientos y preocupaciones antes de empezar las clases. Hable con ellos de los aspectos positivos de ir a la escuela, empezar actividades, aprender cosas nuevas y reencontrarse con los amigos.

    2. Dar buen ejemplo. Los padres no deben trasmitir a sus hijos ideas negativas sobre la vuelta al trabajo (‘qué horror’, ‘qué pereza’, ‘otra vez los jefes’). Un pequeño no puede escuchar de sus progenitores el lado negativo de la vuelta a la rutina y a las obligaciones. Hay que reforzar los aspectos positivos.

    3. Organización. Es importante no dejar todo para el último día, la compra del material escolar, el uniforme, forrar los libros y organizar y ordenar todo evitará preocupaciones y ansiedad a los pequeños.

    4. La readaptación a los nuevos horarios y obligaciones debe realizarse de manera gradual. Es bueno que durante los últimos días de las vacaciones se vuelvan a los horarios de sueño habituales (levantarse más temprano y acostarse antes) y los horarios de comida.

    5. Compaginar el inicio de la actividad lectiva con alguna actividad de ocio cuando termine la jornada escolar para que el cambio de rutinas no sea tan brusco.

    6. Elevar progresivamente el nivel de exigencia en cuanto al rendimiento, tanto en el colegio como en casa (tiempo dedicado a hacer deberes).

    7. Acompañar a los pequeños los primeros días y mostrarles que van a estar ahí si surge algún problema.

    Todas estas medidas y todas las que el sentido común de cada padre y madre dicte son un ‘buen colchón’ para hacer frente a la ‘vuelta al cole’.

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Sobre este blog

Bienvenidos, este nuevo espacio en la red nace con el objetivo de extender los "lazos" entre padres e hijos, aumentar el conocimiento sobre la posible existencia de trastornos de comportamiento y personalidad, y aportar la mayor información necesaria que contribuya a preservar la salud mental de nuestros adolescentes y jóvenes.

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