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Blog del Dr. Daniel Martín Fernández-Mayoralas. Neurología. Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo

  • ¿Cuándo debo ir al neuropediatra?

    El neuropediatra es un especialista en diagnosticar y tratar las patologías específicas del sistema nervioso desde los cero a los 18 años. Es un profesional que presta especial atención al neurodesarrollo y a las interferencias que sobre éste causan diversos trastornos. Los neuropediatras atendemos un espectro muy amplio de trastornos, la mayoría de ellos leves, pero también algunos graves y complejos.Cuándo ir al neuropediatraCuándo ir al neuropediatra

    Las enfermedades o trastornos neurológicos, incluso siendo leves, causan temor y sensación de desconocimiento en los padres. Lo adecuado es consultar con el neuropediatra ante preocupaciones tales como:

    1. Sospecha de trastorno por déficit de atención con / sin hiperactividad.
    2. Retrasos en el desarrollo, global y motor.
    3. Trastornos de lenguaje.
    4. Crisis epilépticas (ausencias, convulsiones, etcétera) con o sin fiebre.
    5. Sospecha de retraso o discapacidad intelectual.
    6. Trastornos del aprendizaje escolar como la dislexia.
    7. Dolor de cabeza.
    8. Si se sospecha autismo de bajo o alto rendimiento o el llamado "síndrome de Asperger".
    9. Si se sospecha malformación cerebral.
    10. Cualquier otro síntoma, además de los mencionados, cuando pensamos que el sistema nervioso puede estar involucrado.

    De cara a la consulta, especialmente la primera, es necesario darse cuenta que la mayor parte de las veces los problemas no son graves, por lo que cabe ser optimista. Aunque a veces preocupa mucho la incertidumbre, es fundamental hacer las pruebas necesarias antes de dar un diagnóstico claro si no es posible. Paciencia y entendimiento son buenos aliados.

    No es mala idea preparar con antelación la visita a la neuropediatra y llevar los datos básicos: qué es lo que le pasa al paciente, desde cuándo y a qué lo atribuye y cómo ha evolucionado el problema. Es importante guardar los documentos relevantes que puedan tener relación con la visita: por ejemplo, si ya tiene test neuropsicológicos o de inteligencia en caso de sospecha de déficit de atención es conveniente llevarlos por si acaso son útiles, como también apuntar información sobre antecedentes familiares cercanos de algo similar o que tenga relación con la neurología o la psiquiatría. Según el caso es frecuente preguntar por los antecedentes del embarazo y el parto, peso del niño al nacer, talla y lo que le medía la cabeza (este dato suele venir apuntado en la cartilla). También es oportuno apuntar un boceto sobre el neurodesarollo básico: cuando empezó a sentarse, andar, a hablar, si tuvo que ir al logopeda, si hay alguna prueba antigua relacionada con la visita, etc.

    El mejor tratamiento es siempre un buen diagnóstico.

  • ¿Qué es el síndrome alcohólico fetal?

    Durante los últimos años se ha prestado una gran atención por parte de la neurociencia y de los medios de comunicación a éste síndrome producido por el consumo de alcohol por parte de la mujer embarazada.Síndrome alcohólico fetalSíndrome alcohólico fetal

    Estos trastornos son conocidos como trastornos del espectro alcohólico fetal (FASD, sigla en inglés de fetal alcohol spectrum disorders), y el síndrome alcohólico fetal representa el síndrome clásico y la manifestación más grave originada por dicho consumo de alcohol. Los niños con este trastorno pueden sufrir malformaciones de diversos órganos del cuerpo humano, retraso del crecimiento y diversas alteraciones del neurodesarrollo, siendo la más frecuente el trastorno por déficit de atención / hiperactividad (TDAH) y en ocasiones discapacidad intelectual. De hecho se considera la primera causa prevenible de defectos congénitos y deficiencia mental.

    El alcoholismo es frecuente entre las madres de los niños recogidos en instituciones españolas y sobre todo del este de Europa, por lo que es fácil encontrar niños adoptados con este problema entre aquellos que acuden a las consultas de neuropediatría, siendo considerado como uno de los trastornos del desarrollo más frecuentes. La cantidad de alcohol ingerida por la madre, así como el momento en que se consume es importante en el desarrollo del síndrome, pero hay otros.

    Desde el punto de vista diagnóstico hay diversos criterios que ayudan a identificar esta patología, los más importantes son: malformaciones del sistema nervioso central (siendo la microcefalia – o cabeza pequeña- la malformación más frecuente).

    Las Alteraciones cognitivas y conductuales comprenden un amplio grupo de trastornos: el cociente intelectual puede ser normal o estar disminuido (desde límite hasta un retraso mental profundo). El consumo intenso de alcohol, sobre todo durante el primer trimestre, se asocia a un menor cociente intelectual. Las funciones ejecutivas son las que más frecuentemente se encuentran afectadas y son típicas del TDAH, presente en la mayoría de los pacientes. Pueden existir trastornos en el desarrollo del lenguaje, problemas en la socialización, trastornos de conducta y otras alteraciones. Existe una elevada prevalencia de tics en pacientes adoptados con síndrome alcohólico fetal y TDAH.

    En cuanto al tratamiento la prevención a través de la abstinencia total del alcohol por parte de la madre constituye la medida más eficaz. El diagnóstico precoz, los programas de intervención temprana y el tratamiento psicopedagógico mejoran el desarrollo de estos pacientes. El uso precavido y sensato de fármacos para tratar el TDAH y otros problemas puede aliviar mucho a estos niños.

  • Infecciones por enterovirus. El caso de Catalunya

    LOS ENTEROVIRUS Y LA POLIO

    Los recientes casos de infección por enterovirus en Cataluña han causado un gran revuelo. Infecciones por enterovirusInfecciones por enterovirusLos enterovirus (EV), son patógenos para el hombre pertenecientes a la familia Picornaviridae. La actual clasificación agrupa a 93 serotipos distintos conocidos de enterovirus, que normalmente producen cuadros respiratorios (infecciones respiratorias de vías altas, bronquitis, bronquiolitis, raramente neumonías), enfermedades banales con "ronchas en la piel" como la llamada "mano-boca-pie" y otros trastornos más raros, como la meningitis viral. De hecho los enterovirus son los principales agentes productores de meningitis viral (no bacteriana, que es la grave), casi siempre de curso benigno. También pueden causar encefalitis o meningo-encefalitis habitualmente con buen pronóstico.

    Los virus prototipo de los enterovirus son los desaparecidos en España poliovirus, descritos en 1909 como causantes de la poliomielitis, siendo la poliomielitis "paralítica" aquella que produce una parálisis que puede ser permanente e incluso mortal si afecta a los músculos del sistema respiratorio, sobre todo en menores de 5 años. España se considera "libre de polio" desde 2002 cuando la OMS lo certificó.

    ENTEROVIRUS NO POLIO

    Hay muchos tipos, aunque los enterovirus A71 y EV-D68 son los que gozan de actualidad por su mayor difusión mediática.

    El enterovirus A71 puede causar síndrome febril, enfermedad "mano pie boca", herpangina (rojeces en el paladar, un tipo de faringitis banal) y también enfermedades neurológicas que incluyen meningitis, encefalitis y rarísimamente parálisis similar al virus de la polio (sin serlo). En Europa y EEUU se habían descrito casos esporádicos y pequeños brotes desde que en 1969 se aisló por primera vez este serotipo. Pueden ocasionar una parálisis que recuerda a la producida por la polio ("polio-like disease"). Parece que el subgenotipo C4 es el implicado en estos casos más severos. En España el C4 era muy infrecuente, y se asociaba sobre todo a síndromes febriles. En un estudio prospectivo llevado a cabo entre 2013 y 2015, de un total de 448 niños menores de tres años se detectó únicamente en 5 casos en Canarias (meningitis linfocitarias), y otro en Zaragoza (síndrome febril). No se ha asociado a ninguna parálisis. Se ha encontrado en algunos pacientes en la actual acumulación de casos que está ocurriendo en Cataluña.

    El enterovirus EV-D68 suele producir enfermedad respiratoria. En España y gracias al Sistema de Vigilancia de casos de parálisis aguda, sólo en 5 de los 43 casos de parálisis notificados en niños entre enero de 2015 y mayo 2016 se ha detectado enterovirus, y sólo en 3 de ellos como EV-D68.

    CATALUÑA

    A lo largo de 2016 se ha detectado en Cataluña un aumento del número de pacientes pediátricos con enfermedad neurológica aguda, en los que se ha identificado la presencia de enterovirus. El primer caso significativo ocurrió en febrero de 2016, con una situación dramática en una niña; el cuadro empezó con dificultad respiratoria y evolucionó a una grave parálisis completa; la imagen de la región medular por resonancia magnética evidenció una extensa mielitis (¿quizás autoinmune y no por el propio virus?). Se identificó la presencia de un enterovirus D68.

    A partir de finales de marzo y primeros de abril empezaron a diagnosticarse pacientes con cuadros clínicos de encefalitis que cursaban con temblores y movimientos anormales. Algunos de los enterovirus eran A71. En estos momentos hay más de 60 casos y la mayoría de casos son leves, algunos casos de intensidad moderada, y muy pocos graves como para exigir asistencia de cuidados intensivos.

    Dados los datos comentados y a la espera de más noticias es necesaria la tranquilidad de todos. En caso de síntomas preocupantes como fiebre alta o una alteración del movimiento o debilidad debemos acudir a la consulta del Pediatra y secundariamente al neuropediatra, si es necesario. En general se tiende a magnificar estos brotes de enfermedad viral en base a muy pocos casos graves. ¿Cuántos casos de falsas alarmas no hemos vivido a lo largo de los últimos años?

  • El trastorno de atención (TDA, "sin la H de hiperactividad")

    El trastorno de déficit de atención/hiperactividad (TDAH) es la alteración del neurodesarrollo más frecuente en la población infantil. El TDAH es un trastorno muy heterogéneo desde el punto de vista clínico. El diagnóstico debe basarse en la presencia de los criterios clínicos, que reconoce tres presentaciones: combinada, con síntomas que engloban los tres grupos de síntomas típicos: el déficit de atención, la hiperactividad y la impulsividad, el de predominio hiperactivo-impulsivo, que reconoce solo los dos últimos síntomas y el subtipo inatento (TDA, "sin la H de hiperactividad"), que puede cursar sin síntomas de hiperactividad y de impulsividad, cumpliendo tan solo criterios de falta de atención.

    Es evidente que muchas personas con importantes problemas para concentrarse NO son hiperactivas. Hasta hace poco tiempo el diagnóstico ni siquiera se planteaba en aquellos niños que no eran hiperactivos o problemáticos y en consecuencia, muchos sujetos con TDA, especialmente las niñas, no eran diagnosticados.

    Mientras que los niños con TDAH pueden llegar a padecer una inquietud "frenética", un porcentaje significativo de los niños con TDA son exactamente lo contrario: lentos y tranquilos. Además con mayor frecuencia se trata de niñas. Mientras que muchos niños con TDAH manifiestan problemas sociales debido a su impulsividad (zancadillas, coger las cosas sin permiso, etcétera), algunas niñas con TDA tienden a tener problemas sociales debido a su falta de iniciativa, pasividad o timidez y tienen una elevada predisposición a la ansiedad, por eso muchas veces no son estudiadas hasta la época adolescente, puesto que no manifiestan problemas de conducta especialmente preocupantes.

    Muchos padres comentan del niño o de la niña, que:

    ‘Parece como si estuviera en las nubes o en la parra’, se pierde en sus pensamientos (ensimismamiento)’.

    ‘Sueña despierto(a), está "empanado" (a).

    ‘Poco activo(a), lento(a)’ en la ejecución de tareas. "No le cunde" el estudio y el trabajo que efectúa.

    Tempo Cognitivo lentoTempo Cognitivo lento

    Por lo tanto, los pacientes que sufran estos síntomas deben ser evaluados por un neuropediatra para comprobar que no existe un problema físico (hipotiroidismo, anemia, epilepsia con ausencias, etcétera) o un TDA que, con frecuencia, pasa desapercibido y puede tener consecuencias negativas (por ejemplo, sobre la autoestima del paciente) si le produce una repercusión en los diferentes ámbitos de la vida.

  • Los miedos en los niños (Primera parte)

    En este post vamos a tratar el tema del miedo en niños y adolescentes y su causas. En el próximo culminaremos el capítulo con una serie de consejos para la familia.

    Miedo en niños y adolescentesMiedo en niños y adolescentes

    El miedo forma parte de las emociones básicas orientadas a promover la supervivencia, puesto que alerta sobre los posibles peligros. En el caso de los niños, además, el miedo les otorga cierto poder sobre los adultos, al ser utilizado para verificar hasta qué punto están disponibles, a veces de forma inconsciente y, otras, conscientemente.

    Otra función esencial del miedo es la de potenciar nuestra autonomía, la de permitirnos la adaptación a distintos contextos y, por consiguiente, la de reforzar nuestra autoestima. Por supuesto, consigue aumentar nuestra prudencia y nos hace desarrollar estrategias de solución de problemas y, con ello, impulsa nuestro pensamiento abstracto.

    Por consiguiente, el miedo es una emoción "normal". De hecho, en los primeros años de vida, los niños viven muchos miedos, racionales e irracionales, que forman parte de su evolución. En esos momentos, es necesario hacerles ver que se trata de algo natural que también sentimos nosotros, los adultos; de esta forma, les enseñamos a afrontar sus temores y les mostramos nuestra comprensión, haciéndoles sentir más seguros y fuertes.

    Las causas del miedo

    Siempre en relación con la familia, conviene entender los mecanismos que propician la aparición de la emoción que nos ocupa, siempre con la finalidad de conseguir superarla:

    "¿Se "contagia" el miedo de padres a hijos? ¿Se aprende? ¿Es hereditario?" La respuesta a todas estas preguntas es afirmativa.

    Existen miedos con bases muy genéticas, como la hematofobia (fobia a la sangre); también hay niños que imitan la inseguridad de sus padres… Por supuesto, el miedo puede ser también una respuesta a una experiencia traumática propia o ajena. Así es, podemos sentir temor tras una situación traumática vivida por otra persona, por observación (aprendizaje vicario).

    Los niños no aprenden muy a menudo de lo que se les dice, sino a partir de lo que se hace en su entorno, en función de su temperamento e intereses personales.

    De todas formas, los miedos van cambiando a la vez que las circunstancias sociales también cambian. Tener miedo no significa ser miedoso, va ligado a una determinada circunstancia o a un determinado factor desencadenante. El niño tiene que tomarse el tiempo necesario para encontrar su propia manera de encararlo.

    Para terminar, sólo recordar la cita: "no es más valiente el que no tiene miedo, sino el que, teniéndolo, se enfrenta a él".

    Miedos normativos infantiles en función de la edad

    EDAD

    SITUACIONES ATEMORIZANTES

    0 – 6 meses

    Pérdida física de soporte (base de sustentación), ruidos fuertes.

    7 – 12 meses

    Miedo a personas extrañas, miedo a los objetos que surgen de súbito e inesperadamente.

    1 año

    Separación de los padres, retrete, heridas, personas extrañas.

    2 años

    Multitud de situaciones que incluyen ruidos fuertes (aspiradoras, sirenas, alarmas, camiones, tormentas, etc.), animales (Ej. Perros grandes), una habitación oscura, separación de los padres, objetos o máquinas grandes y cambios en el entorno personal.

    3 años

    Máscaras, oscuridad, animales, separación de los padres.

    4 años

    Separación de los padres, animales, oscuridad, ruidos (incluyendo los nocturnos).

    5 años

    Animales, separación de los padres, oscuridad, gente "mala", lesiones corporales.

    6 años

    Seres sobrenaturales (fantasmas, brujas, etc.), lesiones corporales, truenos y relámpagos, oscuridad, dormir o estar solos, que entre alguien en casa, separación de los padres.

    7 – 8 años

    Seres sobrenaturales, oscuridad, miedos basados en sucesos aparecidos en los medios de comunicación, estar solos, lesiones corporales.

    9 – 12 años

    Exámenes escolares, rendimiento académico, lesiones corporales, aspecto físico, miedos sociales, truenos y relámpagos, muerte, oscuridad (en porcentaje pequeño).

    Como vemos en la tabla anterior, los miedos a la separación de los padres son los más habituales, más típicos de niños con temperamento algo ansioso, sobre todo entre los tres-cuatro y los cinco años. A veces bastante más tiempo.

    Sobre los seis o siete años, evolucionan al temor a la oscuridad (que puede estar presente desde los 4-5 años), a dormir solo, a monstruos y vampiros, a ladrones

    Sin embargo, en ocasiones, el miedo es excesivo, bien por su intensidad, bien por su frecuencia o por su duración; deja de ser una ventaja evolutiva para convertirse en una traba a la hora de adaptarnos a las distintas situaciones. Suele acompañarse, entonces, de sintomatología fisiológica intensa (sudoración, taquicardia, temblores, sensación de ahogo…), de pensamientos negativos referentes a nuestra incapacidad para hacerle frente, de evitación y escape de aquellas circunstancias que tememos.

    En estas circunstancias, lo mejor es pedir ayuda de un profesional, el psicólogo, para evitar que el problema se cronifique. Para el resto de los miedos, presentaremos algunos consejos en el siguiente post.

    * Post elaborado con la colaboración de Charo Campos, especialista en neuropsicología infanto-juvenil, directora del Centro Cogniciona


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