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Blog de los residentes de Psicología de la FJD

  • ¿Qué hago con mi hijo para que se porte bien?

    Para comenzar, es importante señalar que no hay "pautas", "herramientas" o una "llave mágica" que solucione los problemas que pueden presentar los niños, por lo que responder a las preguntas "qué hago cuando…" es difícil, e incluso puede llegar a ser contraproducente por las particularidades de cada niño, porque no existe la forma correcta de actuar.

    2019 05 06 Qué hago con mi hijo para que se porte bien 1Imagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 05 06 Qué hago con mi hijo para que se porte bien 1

    Cada familia vive unas circunstancias distintas, donde entran en juego también las propias experiencias personales de cada padre y madre, como pareja, como individuos, el pasado de cada uno, sus resistencias, sus fortalezas, etc. De forma que es importante poder mirar qué cosas nuestras intervienen en el día a día con los hijos, en las interacciones, en los momentos que se nos hacen más difíciles cuáles son las barreras personales que tenemos, e ir descubriendo aquellas dificultades que impiden sobrellevar la situación. Aprender a observarnos a nosotros mismos, ver cómo hemos estado actuando, si hay alguna cosa que creemos que se podría hacer de forma distinta, si algo de lo que hemos estado haciendo hasta ahora contribuye a que la situación no cambie.

    Es importante tener en cuenta que los diagnósticos que puedan tener nuestros hijos no implican conductas inmutables, se debe intentar no etiquetar a los niños, no achacar como causa de su comportamiento el que le hayan diagnosticado autismo, TDAH, etc. Hay que hablar de ellos en relación a cómo actúan o reaccionan, como niños que son.

    Por otro lado, es fundamental tener en cuenta que el concepto de portarse bien tiene un significado ambiguo que no especifica qué se espera de los niños. Es imprescindible que los pequeños sepan qué conductas pueden o no realizar, lo que también entraña el peligro de caer en dar múltiples órdenes que sean difíciles, e incluso imposibles, de ejecutar, las cuales podrían ser "estate quieto", "no hagas eso", "no molestes".

    A pesar de que, en ocasiones, existen varias conductas que se deberían cambiar en los niños, lo recomendable sería comenzar con tres o cuatro reglas sobre cómo hacer las cosas y, a medida que éstas se vayan introduciendo en su forma de operar, ir añadiendo otras paulatinamente.

    También es indispensable tener en cuenta qué castigos ponemos a nuestros hijos, ya que, en ocasiones, se puede entrar en la dinámica de que estas consecuencias resulten excesivas o inverosímiles, como "estás castigado seis meses"; de forma que el resultado sea el contrario a lo que buscamos, porque ¿para qué va a hacer las cosas de otra manera, si ya está castigado seis meses…? Además, es muy importante tener en cuenta, a la hora de intentar modificar su comportamiento, el no caer en la manipulación de sus emociones con frases tan lapidarias como "ya no te quiero", "mira a tu hermano qué bien se porta…"

    Para que los niños se den cuenta de que lo que están haciendo no es lo correcto, las consecuencias deben estar ajustadas, lo primero, al momento evolutivo por el que pasan, y también es importante que estén relacionadas, en la medida de lo que se pueda, con lo que queremos modificar, de forma que, por ejemplo, si ha roto algo, debe recogerlo y contribuir a que ese objeto sea repuesto. Otro aspecto a tener en cuenta es que el castigo debe ser inmediato y corto, de manera que al día siguiente tenga oportunidad de volver a empezar de cero y hacer las cosas de forma más ajustada a lo que se espera de él.

    2019 05 06 Qué hago con mi hijo para que se porte bien 2Imagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 05 06 Qué hago con mi hijo para que se porte bien 2

    A la hora de enfrentarse a los conflictos cotidianos que ocurren en casa es importante poder mirar qué les estamos pidiendo a nuestros hijos que nosotros no hacemos como, por ejemplo, en lo relacionado a la explosión de emociones: es común ver en consulta a padres que reconocen gritar a sus hijos al querer que se tranquilicen, llegando incluso a la agresión física del muy mal entendido ‘cachete educativo’, de forma que le estamos pidiendo a un niño que tenga una gestión emocional y conductual que los adultos no tienen, llegando a enseñarles que la violencia física es una forma de control emocional y de conseguir que el otro haga lo que queremos.

    Además, el concepto de obedecer es otro que entraña dificultades, porque ¿es bueno que obedezcan siempre? Hay ciertas características que incomodan, como por ejemplo el que no obedezcan, pero, ¿deberían obedecer a todo el mundo?, ¿a todos los adultos?

    A veces aquello que creemos es un defecto del niño, no lo es al cien por cien. En consulta se ven casos de niños que sufren abusos, muchas veces por parte de alguien al que consideran que deben de obedecer, como una autoridad, alguien cercano o de la familia, y no dicen nada porque les han dicho que no digan nada y obedecen. En ese caso, ¿es positivo que el niño obedezca? Hay niños que se oponen más, que protestan, que son más críticos… a veces esto es un incordio, sobre todo en el día a día con los padres, pero quizás esos niños no se irían con un desconocido, no permitirían que un compañero les agrediera, etc.

    La sociedad nunca se ha cuestionado el formarse en campos ocupacionales, pero en algún momento de la historia se implantó la idea de que educar a los hijos debe ser algo "natural" y necesitar ayuda era admitir la ineptitud de los padres. La verdad es que los buenos padres son los que se dan cuenta de sus errores, los que se forman, hacen preguntas y piden ayuda cuando la necesitan.

    "Nuestra juventud gusta del lujo y es maleducada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. Ellos no se ponen de pie cuando una persona anciana entra. Responden a sus padres y son simplemente malos" (Sócrates, s. V a.C)

    "Esta juventud está malograda hasta el fondo del corazón. Los jóvenes son malhechores y ociosos. Ellos jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura" (Escrita en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia, 4.000 años de existencia)


    Adela Sánchez-Escribano Martínez e Inés Menéndez Cuiñas

    Residentes del Servicio de Psicología

    Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz

  • El que se quiere suicidar se suicida y otros mitos

    A pesar de todos los avances que se están haciendo desde el ámbito clínico en relación al suicidio, socialmente todavía se considera un tabú, además de estar infestado por múltiples mitos. Existen muchas ideas que se dan por válidas, creando un ambiente de estigma donde la persona con pensamientos sobre quitarse la vida se siente juzgada e incomprendida, lo que a su vez aumenta aún más la sensación de soledad y vergüenza que está viviendo, dificultando la petición de ayuda.

    2019 04 26 El que se quiere suicidar se suicida y otros mitos 1Imagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 04 26 El que se quiere suicidar se suicida y otros mitos 1

    Los datos actuales de WHO Global Health Estimates reflejan que casi 800.000 personas se suicidan al año en el mundo, siendo la segunda causa de muerte en gente de 15-20 años. Estas cifras son lo suficientemente significativas como para que sea relevante prestar atención a los prejuicios sociales que hay en torno al deseo de morir.



    Entre estas creencias se encuentran:

    • ‘El que se quiere suicidar se suicida’. La realidad es que las personas con ideas autolíticas están en una posición ambivalente; es decir, no desean seguir viviendo en las condiciones vitales actuales, pero saben las consecuencias que en su entorno tendría el que se suicidara. Quieren poner fin a su sufrimiento, siendo la idea de quitarse la vida la única salida que encuentran, pero no desean hacer daño a sus seres queridos.
    • ‘Hablar sobre el suicidio aumenta las posibilidades de que lo haga’. Hablar sobre la idea de suicidarse con alguien que ya lo ha pensado, incluso planeado, disminuye considerablemente la angustia y soledad por la que está pasando, de forma que puede compartir la gran sensación de malestar que atraviesa, la cual de otra forma llevaría en silencio. Por lo que el preguntar puede ser la única opción que tenga de hablar sobre lo que le ocurre, convirtiéndose en un método de prevención, en lugar de incitación.
    • ‘El que se suicida es un cobarde’. Las personas que se quitan la vida no encuentran otra alternativa que pueda poner fin a la situación por la que están pasando y esto ocurre después de mucho tiempo de lucha y recursos invertidos, siendo la muerte la única salida que encuentran. Beck, autor de renombre en el campo de la Psicología, señala que las emociones principales que llevan a realizar gestos autolíticos son la desesperanza y el pesimismo.
    • ‘El que se quiere suicidar no lo dice’. Los datos señalan que el 80% de las personas antes de realizar una acción dirigida a quitarse la vida hablan sobre sus intenciones, de manera que solo el 20% no lo hacen.
    • ‘El que dice que se quiere suicidar solo quiere llamar la atención’. A nivel social el concepto ‘llamar la atención’ tiene una connotación despectiva, entendiendo que las personas buscan manipular a su entorno a través de gestos suicidas. Desde Salud Mental entendemos que todas las expresiones que señalen intenciones de hacerse daño o intención de matarse son graves y hay que valorarlas con la gran importancia que merecen. En ocasiones el deseo de morir no es el objetivo principal de algunos casos, pero sí lo utilizan como una forma de expresar la necesidad de que ocurra un cambio en sus vidas, el cual no son capaces de generar por sí mismos. Cualquiera de los dos objetivos implica un riesgo importante y no se deben ignorar ni minimizar.
    • ‘Cuando una persona con depresión mejora, ya no hay riesgo de suicidio’. Muchos de los suicidios ocurren durante la mejoría de la enfermedad, siendo el momento de más riesgo entre los ocho y nueves meses después de la mejoría clínica.
    • ‘Los que piensan en suicidarse están locos’. Los resultados de estudios epidemiológicos apuntan a que ente el 40-80% de la población sin patología mental tiene ideas autolíticas en algún momento de la vida.
    • ‘Los pobres se suicidan más’. Los estudios poblacionales encuentran que el suicidio está representado proporcionalmente en todos los niveles sociales.
    • ‘Las mujeres se suicidan más’. Los suicidios consumados son entre 4 y 5 veces más probables en hombres, aunque las mujeres realizan más intentos. Ser varón se considera un factor de riesgo para el suicidio.
    • ‘Los ancianos se suicidan menos’. 1/5 parte de los suicidios consumados ocurren a manos de una persona anciana, utilizando estos, además, formas más violentas para quitarse la vida.

    2019 04 26 El que se quiere suicidar se suicida y otros mitos 2Imagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 04 26 El que se quiere suicidar se suicida y otros mitos 2

    Por lo que, como conclusión, se puede destacar que HABLAR SOBRE EL SUICIDIO NO DAÑA A NADIE, SIN EMBARGO, NO HACERLO SÍ.


    Adela Sánchez-Escribano Martínez

    Residente del Servicio de Psicología

    Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz


  • ¿Son lo mismo las técnicas de relajación y el mindfulness?

    En la actualidad el mindfulness ha cobrado mucha fama llegando a impartirse cursos y talleres a una amplia gama de personas en muy diferentes ámbitos, como por ejemplo en el laboral, escolar, en el ámbito hospitalario… y no sólo dirigido a pacientes con diversas patologías, sino también para el personal sanitario.

    2019 04 03 BalanceImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 04 03 Balance

    Esta gran notoriedad ha permitido que estas técnicas se popularicen, pero también se ha generado cierta confusión, ya que en ocasiones se equiparan las técnicas de relajación y el mindfulness o se cree que es un subtipo de estas, cuando la realidad es que son opuestas.

    Las técnicas de relajación como la respiración diafragmática, la relajación muscular de Jacobson, el entrenamiento autógeno de Schultz o las estrategias de visualización, lo que buscan es disminuir, o incluso eliminar, síntomas de ansiedad tanto físicos como mentales, como pudieran ser sudoración, temblores, taquicardia, o pensamientos negativos. Sin embargo, el mindfulness o atención plena va dirigido a que, a pesar de que estos síntomas pudieran resultar molestos, hay que estar en el presente y no centrar nuestros esfuerzos en intentar modificarlos.

    El mindfulness tiene sus orígenes en la meditación budista zen y es Jon Kabat-Zin quien promueve su interés en occidente. Se entiende como un proceso no valorativo, de focalización de la atención en el momento presente, y entiende que está en la condición humana cierto grado de malestar y sufrimiento, de forma que debemos aceptar lo que ocurre y dirigir nuestros esfuerzos a la consecución de nuestras metas y no a cambiar lo que pensamos o sentimos.

    Los componentes principales de la atención plena incluyen:

    • Centrarse en el momento presente de manera intencional, desarrollando una atención sostenida, en lugar de dispersa y fragmentada.
    • Mostrar apertura a la experiencia, participando de pensamientos, sensaciones corporales, estímulos externos... con conciencia plena de uno mismo
    • Aceptación radical de lo que ocurre, en lugar de aversión a la vivencias desagradables o apego a las placenteras
    • Renuncia al control, de manera que dejamos que los eventos acontezcan en lugar de provocarlos
    • Vivir esta atención plena sin juzgar, ni juzgarse por los diferentes pensamientos, emociones o sensaciones que acontecen.

    2019 04 03 Be here nowImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 04 03 Be here now

    Hay diferentes procedimientos para el entrenamiento de mindfulness, que incluso pueden ser similares a los de las técnicas de relajación, como pudiera ser la respiración, aunque el objetivo en lugar de dirigirse a disminuir la hiperactivación del cuerpo y reeducar la forma de respirar para que sea diafragmática en lugar de superficial, va encaminado a observar la respiración que cada uno presenta de forma individual, sin modificar nada, solo con atención plena a como entra y sale el aire del cuerpo y los diferentes movimientos que lo acompañan.

    Otras estrategias incluyen la atención a los sonidos, el ejercicio de comer una uva pasa, meditación en los pensamientos, siendo el body scan uno de los más practicados, esta técnica está dirigida a centrar la atención en de las sensaciones mientras se hace un recorrido mental por todo el cuerpo.

    El mindfulness utiliza el cuerpo para estar conectado con el presente, ya que la mente se puede ir al pasado, lo que se relaciona con síntomas de depresión y al futuro, que implicaría síntomas de ansiedad, pero el cuerpo siempre está en el presente, y gracias a eso podemos conectar con el aquí y ahora cuando lo necesitemos, practicando la atención plena en nuestras sensaciones corporales.

    2019 04 03 El cuerpo siempre está en el presenteImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 04 03 El cuerpo siempre está en el presente

    De manera que, a pesar de que las técnicas de relajación y de mindfulness en ocasiones pueden parecer similares, incluso aunque como consecuencia de la realización de la atención plena consigamos relajarnos, lo cierto es que el objetivo que persigue cada estrategia es completamente distinto.


    Adela Sánchez-Escribano

    Residente del Servicio de Psicología

    Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz

  • Asertividad: en qué consiste y como afecta a nuestro bienestar

    Respetarse a sí mismo y respetar a los demás. Esta frase que parece fácil, esconde tras de sí uno de los conceptos de más actualidad en el ámbito de la psicología: la asertividad.

    La forma en la que nos comunicamos con los demás refleja también la forma en la que pensamos sobre nosotros mismos, sobre los demás, y sobre cómo deben ser las relaciones. Los sentimientos que nos surgen en las interacciones con otras personas son clave en el tipo de relación que establecemos, siendo estas satisfactorias o decepcionantes.

    2019 03 19 AsertividadImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 03 19 Asertividad

    En torno a este concepto de asertividad ha surgido una vasta literatura que nos enseña cómo decir no y cómo poner límites a los otros. Pero lo que esconde esta conducta final de decir NO es la interiorización de unos derechos fundamentales que poseemos por el simple hecho de ser seres humanos.

    Veamos en qué consiste una comunicación asertiva para pasar a continuación a explicar cómo ponerla en práctica y las repercusiones positivas que puede tener en nuestra salud y autoestima.

    La asertividad forma parte de un continuo donde la agresividad y la pasividad serían los extremos.

    • Una persona asertiva se comportaría de una manera intermedia entre los estilos pasivo y agresivo, al expresar de forma respetuosa, directa y honesta sus propias necesidades, deseos, opiniones, sentimientos y creencias. Entendiendo que los demás pueden tener ideas diferentes a las suyas.
    • Una persona agresiva lo haría de forma invasiva e irrespetuosa, pasando por alto los derechos y necesidades de los demás. Persiguiendo que el otro cambie de opinión mediante coacción, manipulación y minusvalorando lo que siente.

    • Una pasiva, se comportaría guardando las opiniones para sí misma y dejando de lado sus propios derechos y necesidades en beneficio del otro. Solamente teniendo en cuenta lo que el otro opina, sin poder expresar sus deseos y emociones.

    Según Manuel J. Smith, autor de uno de los libros más influyentes sobre la asertividad, lo primero que debemos hacer es dar valor a nuestra propia opinión, es decir "ser tu propio juez". Ya que si confías en tu criterio sobre cómo debes sentir, pensar o actuar no dependerás de juicios ajenos que pretendan influir en estas variables. Es decir, no dependerás de que nadie decida qué es lo correcto o incorrecto para ti.

    Una vez nos liberamos de la presión que ejercen las opiniones ajenas, seremos libres de actuar sin dar explicaciones y de decidir siguiendo nuestra propia lógica sin miedo de quedar mal frente a los otros. Por lo que es fundamental prestar atención a las emociones, siendo necesario expresar lo que estamos sintiendo en la relación con el otro de forma que pueda comprender cómo nos encontramos.

    Mantener una actitud de calma, firmeza y perseverancia en la defensa de nuestros intereses es fundamental de cara a tener interacciones sociales en las que no salgamos siempre perjudicados.

    En las relaciones familiares, de amistad o laborales podemos actuar de una manera agresiva, pasiva o asertiva, teniendo esto consecuencias diferentes en nuestro bienestar. Una persona pasiva, que ceda ante los demás y que siempre ponga sus intereses en segundo plano frente al de otros verá mermada su autoestima, sentirá que tiene poco control sobre lo que le ocurre y se sentirá insatisfecho con las relaciones personales. Esto puede derivar en un bajo estado de ánimo y en sentimientos de indefensión.

    Una persona agresiva, a pesar de conseguir sus metas a costa de las necesidades de los demás, también tendrá relaciones insatisfactorias y puede acabar sintiéndose rechazado, con baja autoestima y sensación de poco control sobre su estado emocional.

    Sin embargo, una persona con un estilo asertivo verá aumentado su sentimiento de valía, ya que tendrá una consideración positiva de sí mismo, sentirá que tiene control sobre su entorno y disfrutará de relaciones interpersonales sanas y satisfactorias.

    La comunicación asertiva forma parte de un conjunto de técnicas de afrontamiento que pueden hacer que nos veamos menos expuestos a estrés y ansiedad. Al sentir que tenemos herramientas, nos veremos más capaces de llevar a cabo nuestros objetivos, ya sean laborales, sociales o de autocuidado.

    Hay personas que de forma natural cuentan con habilidades asertivas en su día a día, ya sea por la educación recibida o por los modelos de conducta que han observado en su entorno… Pero la buena noticia es que la asertividad se puede entrenar y adquirir. Hacer el ejercicio de hacer valer nuestros derechos y necesidades con serenidad y firmeza lleva tiempo y esfuerzo por lo que hay que ser persistentes, pero los beneficios merecen la pena.


    Francisco Javier Bonilla Rodríguez

    Adela Sánchez-Escribano

    Residente del Servicio de Psicología

    Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz

  • Los factores psicológicos en el tratamiento y prevención del sobrepeso y obesidad

    ¿Alguna vez te has preguntado cómo puede ayudarte la piscología a la hora de mantener un estilo de vida más saludable, controlar tu alimentación o aumentar tu nivel de actividad física de cara a controlar tu peso?

    2019 01 09 Psicología y sobrepeso 1Imagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 01 09 Psicología y sobrepeso 1

    La obesidad es una de las enfermedades más prevalentes a nivel mundial, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), y podría empeorar si no se mejoran las estrategias preventivas y de control. Los datos de la OMS indican que, desde 1975, la obesidad prácticamente se ha triplicado en todo el mundo.

    El sobrepeso y obesidad se caracterizan por una acumulación excesiva de grasa que puede resultar perjudicial para la salud. Es considerado sobrepeso un índice de masa corporal (IMC) igual o superior a 25, y obesidad un IMC igual o superior a 30.

    La causa principal del sobrepeso es un desequilibrio entre las calorías consumidas y las gastadas, por lo que la situación cada vez más sedentaria de la población y el aumento en la disponibilidad de alimentos hipercalóricos ricos en grasa hacen que la prevalencia de obesidad siga en aumento.

    La importancia de esta enfermedad radica en que es un factor de riesgo para desarrollar enfermedades cardiovasculares, diabetes, dificultades respiratorias o algunos tipos de cáncer.

    La buena noticia es que la obesidad puede prevenirse y/o revertirse. La mala noticia es que las personas que desean bajar de peso deben hacer un esfuerzo constante y progresivo para controlar su ingesta y realizar actividad física regular. Adoptar estas conductas puede ser difícil, ya que hay que asumir un cambio permanente en el estilo de vida. Los factores psicológicos pueden jugar un papel fundamental en este cambio de conducta. Las habilidades de auto-regulación, la sensación de control, sentirse capaz o conocer la relación entre las emociones y el comportamiento alimentario, son sólo algunas de las facetas donde la psicología puede aportar una gran ayuda.

    2019 01 09 Psicología y sobrepeso 2Imagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 01 09 Psicología y sobrepeso 2

    Para fomentar las habilidades de auto-regulación disponemos de herramientas contrastadas en psicología como el auto-registro, el auto-refuerzo o el control de estímulos.

    El auto-registro es una forma de monitorizar nuestra conducta, registrando lo que comemos o la actividad física, y cuya finalidad es ser más conscientes de nuestro comportamiento, contando con datos objetivos y cuantificables. Gracias al auto-registro, es más difícil que perdamos el control sobre lo que comemos, ya que estamos auto-monitorizándonos. También nos ayudará a tomar decisiones de manera objetiva y valorar nuestros progresos.

    El auto-refuerzo es una técnica cuya finalidad es que la conducta que deseamos se lleve a cabo con mayor probabilidad. Por ejemplo, auto-reforzarnos por salir a caminar, ya sea con unas palabras de ánimo y orgullo, premiándonos con algo que nos agrade, hará que sea más probable que volvamos a salir a caminar al día siguiente.

    Con respecto al control de estímulos, buscamos conseguir eliminar de nuestro entorno las tentaciones que nos hacen caer en una mala alimentación. El ejemplo más típico es el de salir a hacer la compra con la lista ya hecha, y nunca con el estómago vacío, para evitar comprar alimentos hipercalóricos. Pero también podemos introducir el control de estímulos para incitarnos a realizar actividad física como, por ejemplo, ponernos una alarma todos los días a la misma hora que nos indica que es el momento de salir a caminar o de ir al gimnasio.

    Otra variable importante es la sensación de control y responsabilidad sobre nuestra conducta o locus de control. De nada nos servirá saber que tenemos que perder peso si pensamos que no podemos hacer nada por conseguirlo o que depende de factores externos como "productos milagro". Tomar conciencia de nuestra responsabilidad y capacidad para adoptar un nuevo estilo de vida saludable es seguramente el paso más importante.

    Por último, vamos a hablar de una de las variables que más interés está despertando en los últimos tiempos con respecto a la obesidad, y es la relación entre los estados emocionales y la alimentación. Los estados de ansiedad y de ánimo bajo pueden actuar como desencadenantes de una mala alimentación, ya que podemos utilizar la comida como método para regular nuestras emociones y reducir a corto plazo los síntomas de angustia. Es necesario conocer esta relación y aprender estrategias para regular nuestra ansiedad y que no dependan de la ingesta de comida.

    2019 01 09 Psicología y sobrepeso 3Imagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto2019 01 09 Psicología y sobrepeso 3

    En definitiva, el asesoramiento psicológico en una intervención multidisciplinar, junto con pautas nutricionales y actividad física, puede hacer que mantengamos la adherencia al tratamiento necesaria para cambiar a un nuevo estilo de vida más saludable.



    Dr. Francisco Javier Bonilla Rodríguez

    Residente del Servicio de Psicología

    Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz


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