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Blog de la Dra. Carmen Ponce de León, de Trastornos de la Alimentación de Hospital U. Quirónsalud Madrid

  • Genética y dieta en anorexia y bulimia nerviosa

    Históricamente, los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) se han asociados con causas psicológicas, sociales y familiares. Pero en las últimas décadas la investigación científica ha aumentado nuestra comprensión de lo que ocurre en el cerebro cuando se padece un TCA, concediendo mayor importancia al papel de la herencia en el desarrollo de estas patologías.

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    Múltiples estudios genéticos han demostrado que la tasa de anorexia, bulimia y otros trastornos de la alimentación es mayor en familiares de personas afectadas; además, los genes implicados en los síndromes alimentarios se asocian con síntomas propios de otros trastornos mentales -pero también frecuentes en los TCA- como la ansiedad, el perfeccionismo, el miedo a la incertidumbre, etc.

    Se podría decir que existe en ciertas personas una vulnerabilidad que predispone a la enfermedad. En un momento vital (casi siempre la adolescencia) en el que el organismo es más proclive a ciertos cambios hormonales y cerebrales, la dieta restrictiva actúa como factor desencadenante que, en personas con predisposición genética, puede generar un círculo vicioso, que escapa al control de la voluntad y del que es imposible salir sin recibir tratamiento específico.

    Una Unidad compuesta por profesionales de distinta formación y que ofrece diferentes modalidades de tratamiento permite abordar la Anorexia, la Bulimia Nerviosa y algunos tipos de obesidad en cada fase de la enfermedad, mediante tratamientos médicos (psiquiátricos y nutricionales), y psicológicos (psicoterapias individuales, grupales y familiares), para lograr la remisión, entendida no sólo como corrección de las conductas alimentarias anómalas, sino como mejora global de la calidad de vida.



    Mario De Matteis

  • Luces y Sombras de la Divulgación Científica sobre Anorexia y Bulimia Nerviosa.

    Cuando se pregunta a pacientes de Trastornos de Conducta Alimentaria por qué han tardado meses en buscar ayuda, suelen responder que creían ser responsables de sus síntomas, que intentaban mejorar por sí mismos, y que estaban tan avergonzados que no podían darse cuenta de que sus conductas estaban determinadas por la enfermedad.

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    En esta actitud de los pacientes podemos ver el reflejo del entramado de prejuicios que nuestra sociedad alienta hacia estos trastornos, vistos como incomprensibles, intratables o absurdos, además de voluntarios o deseados por los enfermos.

    Como hemos comentado anteriormente en este blog, existe una gran cantidad de bibliografía que, bajo el nombre genérico de "estigma volitivo", muestra que esta línea de pensamiento empeora la calidad de vida de los pacientes, dificulta la prevención de los Trastornos de Conducta Alimentaria y en ocasiones impide el acceso al tratamiento.

    ¿Puede la divulgación científica combatir el estigma?

    Algunos autores consideran que los aspectos genéticos y neurobiológicos desvelados en el siglo XXI (gracias a la investigación y la aplicación de nuevas tecnologías médicas) no debieran permanecer dentro de los límites de la prensa especializada. Son partidarios de desarrollar campañas que, al referirse a los Trastornos de Conducta Alimentaria como enfermedades mentales de base cerebral, contribuyan a que la población posea una visión más médica, respetuosa y seria de la Anorexia, la Bulimia y el resto de patologías alimentarias.

    Quienes se oponen a este punto de vista esgrimen argumentos igualmente válidos, ya que entienden que informar de avances científicos que no se traducen en tratamientos igualmente avanzados es irrelevante y podría (paradójicamente) favorecer el desconocimiento. Piensan que lanzar un mensaje que sitúa las causas del trastorno totalmente fuera de la voluntad del paciente daría lugar a una disminución de su motivación para curarse o una mayor desesperanza ante los obstáculos que surgen en el tratamiento. Además, una visión centrada en el cerebro ensombrecería la importancia que tienen los factores psicosociales o culturales en la emergencia y el mantenimiento de estas patologías. Los terapeutas deben continuar activando los recursos del enfermo para que aprenda conductas incompatibles con la enfermedad.

    Aunque parece deseable crear una comunicación fluida entre la sociedad y lo que descubre la comunidad científica, la prudencia obliga a reflexionar acerca de las consecuencias, porque, aunque sabemos cada vez más acerca de los mecanismos biológicos que subyacen a la Anorexia, la Bulimia y otros trastornos, la terapéutica, desgraciadamente, no avanza a la misma velocidad.

  • Anorexia Nerviosa. Cambiar el chip


    "Cambiar el chip" es una expresión habitual en nuestro habla cotidiana.

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    "Para salir de la Anorexia hay que cambiar el chip. Es tan fácil como comer y dejarse de bobadas."
    "Tienes que cambiar el chip. Ya llevas demasiado tiempo con esta tontería."
    "No puedes seguir yendo al psicólogo para luego en casa comer igual o peor. Hace falta cambiar el chip."
    "Sigues teniendo Anorexia porque no has cambiado el chip"
    "Si cambias el chip, te darás cuenta de la tontería que es ser anoréxica y empezarás a ser feliz"

    En general, "cambiar el chip" quiere decir algo tan complicado como modificar por completo nuestra forma de pensar y actuar. A "cambiar el chip" le aplicamos además un sentido de inmediatez, casi de urgencia, como si de verdad fuera fácil o posible desarrollar formas nuevas de sentir y comportarnos.
    Claro que no es algo sencillo y que cuando decimos cambiar el chip estamos hablando en lenguaje figurado, pero la separación o la diferencia entre el "lenguaje figurado" y el literal no es ni mucho menos clara. En español el término Chip se aplica a una pieza que contiene múltiples circuitos integrados con los que se realizan numerosas funciones en computadoras y dispositivos electrónicas. Y no, no existe en los seres humanos un mecanismo que al ser activado, nos permita dejar atrás el pasado y transformar la percepción que tenemos del mundo y de nosotros mismos.

    El proceso de tratamiento del enfermo de Anorexia o de Bulimia tiene éxito cuando tanto el terapeuta como el paciente desarrollan una relación sincera y cálida y, al tiempo que apartan temores, culpas o confusión, van comprendiendo y dando pasos en el día a día. Pasos que a veces son difíciles e inseguros, porque el camino es largo, y, como lo hacemos juntos, no es igual que ningún otro ni se encuentra en ningún mapa.

    El chip que hay que cambiar no ha sido inventado y, aunque no desconfiamos del progreso de la ciencia y la tecnología, debemos seguir trabajando tenazmente porque la mayoría de las transformaciones que experimentamos los seres humanos llevan tiempo, tiempo vivido, sufrido y -en el mejor de los casos- compartido.

  • Bullying y Anorexia

    "Quiero estudiar en casa, no voy a volver al instituto".
    Ojalá todos los pacientes de Anorexia Nerviosa se expresaran con la misma claridad que Jaime. Él recuerda perfectamente que la necesidad de cambiar su aspecto físico surgió cuando, al empezar la secundaria, se enteró de que varios de sus nuevos compañeros se referían a él como "el flojo". Siempre había sido larguirucho, pero en su antiguo colegio le llamaban por su nombre y, aunque no era un gran futbolista, jugaba con todos. No se había imaginado que esa palabra fuera tan graciosa para quienes la escuchaban ni tampoco que tener un apodo resultara así de doloroso, pero disimuló la rabia y se refugió en una tabla de ejercicios de la red para ponerse en forma.

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    "¿Por qué en esta casa hay tanta comida de la que engorda?...los padres de mis amigas no compran estas cosas" .
    Al escucharla, la madre de Elena recordó que ella misma en la pubertad se había sentido avergonzada por ser la primera que en su clase llevaba sujetador, y deseó que a su hija no le sucediera lo mismo. Después de comentarlo con su marido, acompañó a la niña a un nutricionista para que la ayudara a adelgazar. Sólo un año después, poco antes de su ingreso en el hospital por una Anorexia Nerviosa, Elena contó a su psicóloga que durante el último curso sus compañeros se referían a ella mencionando partes de su cuerpo, que le habían excluido de dos grupos de WhatsApp y que le manchaban intencionadamente la ropa. Ella estaba muy preocupada por cumplir su dieta y cada día más convencida de que adelgazando iba a conseguir el aprecio de los demás alumnos.

    Es natural que los padres, los profesores e incluso las víctimas no se den cuenta de que se está produciendo un acoso escolar. Cualquier adulto que busque en su memoria, encontrará episodios humillantes contemplados y vividos, a veces repetidamente en el ambiente escolar o académico.

    Investigadores españoles (1) encuentran una altísima frecuencia de afectados por acoso escolar entre adolescentes diagnosticados de Anorexia Nerviosa Con muchos más medios y el aval de instituciones sanitarias y educativas, estudios realizados en Reino Unido y Suecia (2) concluyen que la presencia de episodios/situaciones de bullying debe ser un aspecto a tener en cuenta tanto en la evaluación como en el tratamiento de pacientes con Anorexia, Bulimia Nerviosa y otros Trastornos de Conducta Alimentaria.

    El fenómeno del bullying no tiene nada de nuevo. Lo reciente es su descripción y, por tanto nuestra capacidad de estudiarlo y relacionarlo con otros comportamientos. Sin duda, vale la pena emprender acciones que, tras un análisis detallado de este comportamiento grupal, se dirijan a mejorar la convivencia en las aulas.


    (1) https://psiquiatria.com/bibliopsiquis/relacion-entre-bullying-escolar-y-trastorno-de-la-conducta-alimentaria/.Este enlace se abrirá en una ventana nueva

    (2) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26337405Este enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Tu no tienes anorexia, lo que pasa es que quieres parecer una celebrity: el estigma de la Anorexia


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    En nuestra sociedad, los diagnósticos psiquiátricos pueden ser -y de hecho son percibidos como condiciones que convierten al portador en raro, diferente, débil, incapaz, peligroso y no sé cuantas cosas más. En efecto, nuestra tendencia a etiquetar incluso cuando no existe una necesidad lógica de hacerlo, conduce a que muchas persona sean juzgadas por amplios sectores de la población con criterios muy alejados de la realidad. Esa visión constituye un problema en sí misma porque está basada en la ignorancia y porque es injusta y cruel.

    Si nos referimos a La Anorexia, Bulimia y otros Trastornos de Conducta Alimentaria, las actitudes sociales son todavía más distorsionadas, complejas y con frecuencia abiertamente hostiles.

    A los calificativos anteriormente enumerados y que se aplican a sujetos que presentan trastornos psíquicos en general, se suma en este caso la idea de que existe una decisión por parte de la persona; una voluntad de permanecer enfermo o enferma.

    A esta visión se ha llamado "Estigma Volicional" y ha sido objeto de estudios sociológicos rigurosos. Los resultados son alarmantes, ya que indican que sectores amplios de la población trivializan los trastornos de alimentación hasta el punto de reducirlos a productos de la vanidad, llamadas de atención o simples problemas de autoestima.
    Desconocemos muchos de los mecanismos que intervienen en su inicio y persistencia, pero sabemos que se trata de auténticas enfermedades que pueden llegar a ser muy graves.

    Tan necesario y urgente como investigar en busca de mejores tratamientos para Anorexia, Bulimia y patologías afines, es combatir el estigma que afecta a los pacientes. Muchos de ellos evitan acudir al médico o pedir ayuda por temor a ser rechazados.

    Como sociedad necesitamos, tenemos el deber de encontrar o construir un lenguaje y una actitud que nos ayuden a acercarnos a estas patologías destacando sus aspectos médicos y a tratar a las personas diagnosticadas con el respeto y el cuidado que todo ser humano necesita cuando se encuentra enfermo.

    Los Trastornos de Conducta Alimentaria no son condiciones incomprensibles, lo que ocurre es que todavía somos demasiado ignorantes para comprenderlas.

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Sobre este blog

Se calcula que cada 18 meses, más de un 4% de adolescentes españolas inician conductas anoréxicas o bulímicas. El equipo de Trastornos de la Alimentación del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, liderado por la Dra. Carmen Ponce de LeónEste enlace se abrirá en una ventana nueva, quiere acompañaros y ayudaros en este camino. Intentaremos desde este blog resolver dudas y serviros de apoyo. Esperamos vuestras preguntas y sugerencias.

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