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Blog de la Dra. Carmen Ponce de León, de Trastornos de la Alimentación de Hospital U. Quirónsalud Madrid

  • Bullying y Anorexia

    "Quiero estudiar en casa, no voy a volver al instituto".
    Ojalá todos los pacientes de Anorexia Nerviosa se expresaran con la misma claridad que Jaime. Él recuerda perfectamente que la necesidad de cambiar su aspecto físico surgió cuando, al empezar la secundaria, se enteró de que varios de sus nuevos compañeros se referían a él como "el flojo". Siempre había sido larguirucho, pero en su antiguo colegio le llamaban por su nombre y, aunque no era un gran futbolista, jugaba con todos. No se había imaginado que esa palabra fuera tan graciosa para quienes la escuchaban ni tampoco que tener un apodo resultara así de doloroso, pero disimuló la rabia y se refugió en una tabla de ejercicios de la red para ponerse en forma.

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    "¿Por qué en esta casa hay tanta comida de la que engorda?...los padres de mis amigas no compran estas cosas" .
    Al escucharla, la madre de Elena recordó que ella misma en la pubertad se había sentido avergonzada por ser la primera que en su clase llevaba sujetador, y deseó que a su hija no le sucediera lo mismo. Después de comentarlo con su marido, acompañó a la niña a un nutricionista para que la ayudara a adelgazar. Sólo un año después, poco antes de su ingreso en el hospital por una Anorexia Nerviosa, Elena contó a su psicóloga que durante el último curso sus compañeros se referían a ella mencionando partes de su cuerpo, que le habían excluido de dos grupos de WhatsApp y que le manchaban intencionadamente la ropa. Ella estaba muy preocupada por cumplir su dieta y cada día más convencida de que adelgazando iba a conseguir el aprecio de los demás alumnos.

    Es natural que los padres, los profesores e incluso las víctimas no se den cuenta de que se está produciendo un acoso escolar. Cualquier adulto que busque en su memoria, encontrará episodios humillantes contemplados y vividos, a veces repetidamente en el ambiente escolar o académico.

    Investigadores españoles (1) encuentran una altísima frecuencia de afectados por acoso escolar entre adolescentes diagnosticados de Anorexia Nerviosa Con muchos más medios y el aval de instituciones sanitarias y educativas, estudios realizados en Reino Unido y Suecia (2) concluyen que la presencia de episodios/situaciones de bullying debe ser un aspecto a tener en cuenta tanto en la evaluación como en el tratamiento de pacientes con Anorexia, Bulimia Nerviosa y otros Trastornos de Conducta Alimentaria.

    El fenómeno del bullying no tiene nada de nuevo. Lo reciente es su descripción y, por tanto nuestra capacidad de estudiarlo y relacionarlo con otros comportamientos. Sin duda, vale la pena emprender acciones que, tras un análisis detallado de este comportamiento grupal, se dirijan a mejorar la convivencia en las aulas.


    (1) https://psiquiatria.com/bibliopsiquis/relacion-entre-bullying-escolar-y-trastorno-de-la-conducta-alimentaria/.Este enlace se abrirá en una ventana nueva

    (2) https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26337405Este enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Anorexia Nerviosa. Cambiar el chip


    "Cambiar el chip" es una expresión habitual en nuestro habla cotidiana.

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    "Para salir de la Anorexia hay que cambiar el chip. Es tan fácil como comer y dejarse de bobadas."
    "Tienes que cambiar el chip. Ya llevas demasiado tiempo con esta tontería."
    "No puedes seguir yendo al psicólogo para luego en casa comer igual o peor. Hace falta cambiar el chip."
    "Sigues teniendo Anorexia porque no has cambiado el chip"
    "Si cambias el chip, te darás cuenta de la tontería que es ser anoréxica y empezarás a ser feliz"

    En general, "cambiar el chip" quiere decir algo tan complicado como modificar por completo nuestra forma de pensar y actuar. A "cambiar el chip" le aplicamos además un sentido de inmediatez, casi de urgencia, como si de verdad fuera fácil o posible desarrollar formas nuevas de sentir y comportarnos.
    Claro que no es algo sencillo y que cuando decimos cambiar el chip estamos hablando en lenguaje figurado, pero la separación o la diferencia entre el "lenguaje figurado" y el literal no es ni mucho menos clara. En español el término Chip se aplica a una pieza que contiene múltiples circuitos integrados con los que se realizan numerosas funciones en computadoras y dispositivos electrónicas. Y no, no existe en los seres humanos un mecanismo que al ser activado, nos permita dejar atrás el pasado y transformar la percepción que tenemos del mundo y de nosotros mismos.

    El proceso de tratamiento del enfermo de Anorexia o de Bulimia tiene éxito cuando tanto el terapeuta como el paciente desarrollan una relación sincera y cálida y, al tiempo que apartan temores, culpas o confusión, van comprendiendo y dando pasos en el día a día. Pasos que a veces son difíciles e inseguros, porque el camino es largo, y, como lo hacemos juntos, no es igual que ningún otro ni se encuentra en ningún mapa.

    El chip que hay que cambiar no ha sido inventado y, aunque no desconfiamos del progreso de la ciencia y la tecnología, debemos seguir trabajando tenazmente porque la mayoría de las transformaciones que experimentamos los seres humanos llevan tiempo, tiempo vivido, sufrido y -en el mejor de los casos- compartido.

  • Luces y Sombras de la Divulgación Científica sobre Anorexia y Bulimia Nerviosa.

    Cuando se pregunta a pacientes de Trastornos de Conducta Alimentaria por qué han tardado meses en buscar ayuda, suelen responder que creían ser responsables de sus síntomas, que intentaban mejorar por sí mismos, y que estaban tan avergonzados que no podían darse cuenta de que sus conductas estaban determinadas por la enfermedad.

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    En esta actitud de los pacientes podemos ver el reflejo del entramado de prejuicios que nuestra sociedad alienta hacia estos trastornos, vistos como incomprensibles, intratables o absurdos, además de voluntarios o deseados por los enfermos.

    Como hemos comentado anteriormente en este blog, existe una gran cantidad de bibliografía que, bajo el nombre genérico de "estigma volitivo", muestra que esta línea de pensamiento empeora la calidad de vida de los pacientes, dificulta la prevención de los Trastornos de Conducta Alimentaria y en ocasiones impide el acceso al tratamiento.

    ¿Puede la divulgación científica combatir el estigma?

    Algunos autores consideran que los aspectos genéticos y neurobiológicos desvelados en el siglo XXI (gracias a la investigación y la aplicación de nuevas tecnologías médicas) no debieran permanecer dentro de los límites de la prensa especializada. Son partidarios de desarrollar campañas que, al referirse a los Trastornos de Conducta Alimentaria como enfermedades mentales de base cerebral, contribuyan a que la población posea una visión más médica, respetuosa y seria de la Anorexia, la Bulimia y el resto de patologías alimentarias.

    Quienes se oponen a este punto de vista esgrimen argumentos igualmente válidos, ya que entienden que informar de avances científicos que no se traducen en tratamientos igualmente avanzados es irrelevante y podría (paradójicamente) favorecer el desconocimiento. Piensan que lanzar un mensaje que sitúa las causas del trastorno totalmente fuera de la voluntad del paciente daría lugar a una disminución de su motivación para curarse o una mayor desesperanza ante los obstáculos que surgen en el tratamiento. Además, una visión centrada en el cerebro ensombrecería la importancia que tienen los factores psicosociales o culturales en la emergencia y el mantenimiento de estas patologías. Los terapeutas deben continuar activando los recursos del enfermo para que aprenda conductas incompatibles con la enfermedad.

    Aunque parece deseable crear una comunicación fluida entre la sociedad y lo que descubre la comunidad científica, la prudencia obliga a reflexionar acerca de las consecuencias, porque, aunque sabemos cada vez más acerca de los mecanismos biológicos que subyacen a la Anorexia, la Bulimia y otros trastornos, la terapéutica, desgraciadamente, no avanza a la misma velocidad.

  • Emociones, alimentación y trastornos de conducta alimentaria

    Muchos de nosotros hemos picado de la nevera o de la despensa en momentos de nerviosismo, no tanto por apetito como por paliar cierto malestar emocional.
    Tampoco es extraño que, ante una mala noticia o en días de tristeza, reaccionemos comiendo menos. De ahí que se diga "se me ha cerrado el estómago" cuando se está pasando un mal momento.

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    La conducta alimentaria tiene una estrecha relación con la regulación emocional, es decir, con la capacidad de retornar a la calma después de pasarlo mal psicológicamente. Y los problemas emocionales pueden llevar tanto a excesos como a disminución de la ingesta.

    Así, las personas con trastornos de alimentación presentan a veces conductas impulsivas (ej. vómitos, atracones…) que podrían atenuarse si el paciente dispusiera de habilidades para regular sus emociones. Es común que las conductas alimentarias patológicas se conviertan en mecanismos de regulación emocional "disfuncionales" -que calman cierto malestar, pero generan otro tipo de problemas psicológicos-.

    Tratamientos como la Terapia Dialéctica Conductual (TDC o por sus siglas en inglés DBT: Dialectical Behavior Therapy) se orientan a dotar a los pacientes de recursos para identificar emociones negativas y a continuación corregir las respuestas disfuncionales a ellas. La TDC fue desarrollada por una psicóloga estadounidense, Marsha Linehan para tratar a algunas personas con el trastorno límite de personalidad. Dada su eficacia, ha ido modificándose esta terapia para adaptarse a otras condiciones patológicas.

    En el caso de los trastornos de alimentación, por los motivos explicados anteriormente, este tipo de tratamiento tiene especial interés. Bankoff y otros autores (1) analizan los primeros estudios con esta técnica psicoterapéutica, concluyendo que es un tratamiento prometedor en trastornos de alimentación y que se ha demostrado útil para disminuir conductas alimentarias disfuncionales.

    Es importante disponer de conocimientos acerca de diferentes tratamientos, médicos y psicoterapéuticos, para poder adaptarse a la diversidad de las personas que consultan por problemas con la alimentación y así ofrecerles las mejores opciones terapéuticas. En la actualidad es fundamental tener en cuenta la relación entre emociones y alimentación porque utilizar tratamientos orientados a la regulación emocional puede aportar grandes beneficios terapéuticos.

    (1) Eat Disord. 2012;20(3):196-215. doi: 10.1080/10640266.2012.668478.
    A systematic review of dialectical behavior therapy for the treatment of eating disorders. Bankoff SM, Karpel MG, Forbes HE, Pantalone DW.

    Mario De MatteisEste enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Anorexia Nerviosa, Bulimia y Obesidad: hacia la comprensión de los mecanismos cerebrales

    ¿Qué sucede en el sistema nervioso de una persona que sufre trastornos de conducta alimentaria?

    Todos hemos oído hablar de neurotransmisores, sustancias químicas que se producen en el interior de las neuronas y sirven para llevar o conducir señales entre ellas. Se les llama también "mensajeros" y "mediadores".

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    En el ejemplo más elemental: si ordeno a mis dedos que cojan un lapicero, una serie de moléculas (neurotransmisores) saldrá de una neurona de mi cerebro para dirigirse a las siguientes. Éstas a su vez transmitirán el mensaje a las próximas con sus propios neurotransmisores, haciendo posible que la orden alcance su destino (los dedos de nuestro ejemplo) a través de una red de células: una especie de vía o camino que llamamos circuito. En ese proceso habrán participado múltiples células nerviosas alineadas que se habrán comunicado por medio de neurotransmisores hasta conseguir que lo que fue un impulso o un deseo se convierta en un acto.

    Los neurotransmisores son muy diferentes entre sí, y de muchos de ellos lo ignoramos aún casi todo. Otros, en cambio, han sido y siguen siendo muy estudiados.

    En la anorexia, la bulimia nerviosa y la obesidad se sabe que algunas moléculas neurotransmisoras como la serotonina (que tiene también relación con el estado de ánimo, la ansiedad y las obsesiones) y la dopamina (implicada en la motivación, la búsqueda de recompensa y la actividad motora) se encuentran especialmente alteradas.

    ¿Significa esto que conocemos de forma precisa en qué consisten esa alteraciones? ¿Somos capaces de corregirlas definitivamente a través del uso de alguna sustancia? La respuesta es que no, que todavía estamos muy lejos de encontrar fármacos curativos. Sin embargo muchos pacientes que se encuentran en tratamiento aprenden a servirse de algunas medicinas para -bajo supervisión médica- disminuir sus ideas obsesivas o su irritabilidad y, de esa forma allanar algunos obstáculos que surgen en la terapia.

    Cuando profundizamos en la implicación que tienen ciertos neurotransmisores y sus circuitos para alguna enfermedad que conlleva alteraciones del comportamiento, no sólo estamos comprendiendo mejor sus síntomas, también nos encontramos en disposición de elegir y combinar tratamientos farmacológicos o psicosociales más eficaces y específicos.



    Mario De Matteis y Carmen Ponce de León


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Sobre este blog

Se calcula que cada 18 meses, más de un 4% de adolescentes españolas inician conductas anoréxicas o bulímicas. El equipo de Trastornos de la Alimentación del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid, liderado por la Dra. Carmen Ponce de LeónEste enlace se abrirá en una ventana nueva, quiere acompañaros y ayudaros en este camino. Intentaremos desde este blog resolver dudas y serviros de apoyo. Esperamos vuestras preguntas y sugerencias.

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