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Blog de la Dra. Sonia García Vizuete, Jefa de Servicio de Medicina del Aparato Digestivo del Hospital Quirónsalud Sur

  • De las cosas de comer….(primera parte)

    Una pregunta muy recurrente en la consulta de digestivo cuando al paciente le diagnosticas algún problema es "y, con esta enfermedad ¿qué puedo comer?". En realidad, hay bastante poca evidencia científica con la que poder dar una respuesta más o menos sólida a esa pregunta.

    Lo que los pacientes suelen esperar son las recomendaciones clásicas de "alimentos agresivos" o con teóricos efectos. Algunos ejemplos son que el café es malo para la gastritis, el plátano o el arroz estriñen, la lechuga provoca gases, o que el yogourt con bifidus o el zumo de naranja ayuda para ir al WC.

    En la mayoría de las enfermedades digestivas, la alimentación tiene poco o nada que ver en la evolución de la enfermedad del paciente. Otra cosa es decirle al paciente que tenga un poco de sentido común y que no se coma una fabada en medio de una gastroenteritis o que pueda tomar 10 cafés si tiene reflujo.

    Enfermedades digestivasEnfermedades digestivas

    Vamos a poner algunos ejemplos de enfermedades digestivas en las que la dieta (y qué dieta) tiene o no un papel importante en la mejoría del paciente

    Reflujo gastroesofágico

    Clásicamente, a los pacientes con reflujo se les desaconseja beber bebidas ácidas, alcohol, café o chocolate en exceso, comidas picantes, ricas en grasas o en proteínas.

    Esas recomendaciones se basaban en supuestos efectos de esos alimentos o bien directamente sobre el esófago (eran "irritantes") o bien porque hacían que el estómago se vaciara más despacio o subiera más ácido hacia el esófago.

    Pues bien, no hay estudios científicos que respalden esas recomendaciones.

    Sin embargo, si que hay evidencia en que ciertas "maneras" de comer pueden favorecer que el paciente mejore: una dieta con pocas calorías, la dieta mediterránea y evitar las cenas tardías. También hay recomendaciones para que el paciente excluya de su alimentación aquellos alimentos que observe que lessientan mal. Es decir, es más importante incidir en los cambios del estilo de vida, la pérdida de peso, no fumar etc que en los alimentos en particular

    Gastritis o úlcera gástrica o duodenal

    Por los mismos motivos que en el reflujo, este es otro problema en el que se recomendaban cosas como tomar leche o no tomar café o chocolate y comer ligero.

    De nuevo en este caso, la única evidencia científica en este caso es que el paciente no debe tomar fármacos antiinflamatorios u otros fármacos que tengan el mismo efecto lesivo sobre la pared gástrica.

    La persona deberá hacer una vida normal y evitar aquellos alimentos que a cada uno le sienten mal

    Diarrea aguda

    Cuando una persona tiene una diarrea aguda generalmente se le recomendaba una dieta liquida y después una dieta astringente y con pocos lácteos.

    La información científica en este caso es más contradictoria. Está claro que mientras la persona esté perdiendo mucha agua por la diarrea, lo más importante es reponer en el cuerpo esos líquidos que se están perdiendo. Para ello es necesario beber mucha agua y otros líquidos que contengan los minerales que se están perdiendo, por ejemplo, caldo o bebidas isotónicas. Sin embargo, el papel de la dieta "astringente" (arroz, patata hervida, no tomar verduras o frutas) no está demasiado claro, y hay estudios que no demuestran ventaja en hacer esa dieta frente a otra más normalizada. De hecho, en diarreas prolongadas, el empeño en mantener una dieta tan restrictiva conduce a la pérdida de peso y, en algunos casos, a desnutrición (por ejemplo, en ancianos)

    Es este caso, lo más recomendable es tomar muchos líquidos y hacer caso al sentido común, evitando aquellos alimentos que son normalmente algo más difíciles de digerir como los guisos especiados, las legumbres o los alimentos grasos, e ir iniciando la ingesta según la tolerancia de cada persona

    En la próxima entrada comentaremos otras enfermedades digestivas con recomendaciones dietéticas obsoletas y erróneas como la enfermedad diverticular y por último, aquellas en las que la alimentación si juega un papel fundamental en su curación o mejoría.


    The role of diet in the development and management of gastroesophageal reflux disease: why we feel the burn doi: 10.21037/jtd.2019.06.42Este enlace se abrirá en una ventana nueva

    https://www.saludigestivo.es/enfermedades-digestivas-y-sintomas/enfermedad-reflujo-gastroesofagico-esofago-barrett/#recomendacionesEste enlace se abrirá en una ventana nueva

    https://www.saludigestivo.es/enfermedades-digestivas-y-sintomas/ulcera-peptica/#tratamientoEste enlace se abrirá en una ventana nueva

    Diet in the Treatment of Diarrhea: From Tradition to Evidence

    https://doi.org/10.1086/422328Este enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Intolerancia a la lactosa

    Aproximadamente una tercera parte de los españoles son intolerantes a la lactosa, es decir no pueden digerir el azúcar (lactosa) que contiene la leche.

    Esta es la intolerancia alimentaria más frecuente y, en realidad, deberíamos llamarla malabsorción de lactosa o déficit de lactasa. Le llamamos intolerancia porque, aunque no suele causar grandes problemas, los síntomas que produce pueden ser molestos (la lactosa se "tolera" mal).

    Alergia a la lactosaAlergia a la lactosa

    El origen del problema es la escasez de una proteína (la lactasa) que es la encargada de hacer que la lactosa se "rompa" es dos unidades más pequeñas que nuestro intestino pueda asimilar, ya que, en su forma natural es una molécula demasiado grande para que nuestro cuerpo pueda absorberla, de modo que necesitamos convertirla en algo más sencillo y manejable por nuestro intestino.

    La causa última del problema es que la lactosa que no puede ser fragmentada y absorbida en el intestino delgado, se desplaza hasta el colon, donde las bacterias de la flora intestinal se dan un festín de azúcar, produciendo mucha fermetación, lo que provoca los síntomas de intolerancia a la lactosa.

    Todos los mamíferos tienen lactasa cuando son lactantes, pero es una capacidad que se pierde al dejar de mamar. En el ser humano, resulta ventajoso poder seguir tomando leche al ser adulto, y por eso desarrollamos la capacidad de mantener la ingesta al convertirnos en ganaderos hace unos 10000 años.

    A medida que los niños reemplazan la leche por otros alimentos, su producción de lactasa disminuye, pero suele mantenerse lo suficientemente alta para que la cantidad de productos lácteos presentes en una dieta típica de adultos no provoque ningún problema.

    Esta habilidad no está presente en todas las personas por igual. Casi todas las personas de raza negra, asiáticos o nativos americanos son intolerantes en mayor o menor medida. Sin embargo, en países del norte de Europa la proporción es inversa, y hasta el 90% de las personas no tienen ningún problema.

    En la intolerancia a la lactosa primaria, la producción de lactasa disminuye drásticamente, lo que hace que los productos lácteos resulten difíciles de digerir en la edad adulta.

    Aunque no es frecuente, también se puede tener intolerancia a la lactosa desde el nacimiento, o se puede perder transitoriamente (para luego recuperar la función normal) tras una gastroenteritis, enfermedades inflamatorias del intestino, cirugía u otros.

    Los signos y síntomas de la intolerancia a la lactosa suelen comenzar entre 30 minutos y 2 horas después de comer o beber alimentos que contienen lactosa. Los pacientes suelen quejarse de diarrea, gases, hinchazón y a veces naúseas y vómitos. El paciente casi siempre lo relaciona con la ingesta de productos lácteos y, sobre todo, no aparecen si el paciente no ha tomado lactosa.

    Es importante destacar que la intolerancia a la lactosa es un problema leve, que nunca tiene consecuencias graves para la salud, aunque sus manifestaciones puedan ser muy molestas. Tampoco se debe confundir con la "intolerancia" a las proteínas de la leche, que en realidad es una alergia a otra parte de la leche, en este caso, las proteínas. Este problema es excepcional en adultos y sobre todo aparece en niños.

    El diagnóstico de intolerancia a la lactosa se hace en principio con la historia clínica y después, se confirma con un sencillo test de hidrógeno espirado.

    Las personas intolerantes a la lactosa deben evitar tomarla, aunque tampoco es peligroso si la toman, solamente molesto. No hay ningún problema en tomar fármacos que contengan lactosa, ya que esa cantidad es indetectable por nuestro intestino, y completamente irrelevante a efectos prácticos. Tampoco hay problema con alimentos con "trazas" de leche, que sí serían un problema para los alérgicos a la proteína de la leche.

    Existe una lactasa sintética para ayudar a digerir la lactosa y tener menos síntomas cuando es inevitable tomarla, pero la medida más eficaz es disminuir o suprimir los productos lácteos, mejor con la asesoría de un nutricionista u otro profesional preparado para evitar carencias. La lactosa presente en los fármacos es irrelevante debido a su pequeña cantidad y no es necesario evitarla.

    La leche y otros lácteos sin lactosa es una buena alternativa, pero solo es útil y necesaria, para las personas que no pueden digerir la lactosa, y no ofrece ninguna ventaja a los demás, ya que ni es mejor ni es más digestiva para el resto de las personas.

    Para saber más

    https://www.saludigestivo.es/enfermedades-digestivas-y-sintomas/intolerancia-la-lactosa/Este enlace se abrirá en una ventana nueva


  • Disfagia

    Doctor, me cuesta tragar…

    Llamamos disfagia a las dificultades que algunas personas tienen para tragar. Puede ser algo leve y sutil, como una cierta dificultad para pasar los alimentos, o algo muy serio, que impida la correcta nutrición del paciente, que provoque atragantamientos importantes que obliguen a "desatascar" el esófago o, incluso, que los alimentos vayan a la vía respiratoria provocando neumonías.

    DisfagiaDisfagia

    Fundamentalmente hay dos tipos de disfagia:

    La disfagia motora, que es aquella provocada por alteraciones en los movimientos necesarios para poder pasar los alimentos desde la boca hasta el esófago. En este caso, a menudo la causa no es una enfermedad de la faringe o el esófago propiamente, sino que el problema es más general, y la dificultad para tragar un síntoma más (aunque a veces puede ser el único).

    La sufren, por ejemplo, los pacientes con Parkinson, demencia, Miastenia gravis, ELA (esclerosis lateral amiotrófica), ICTUS u otros.

    En estos pacientes, la dificultad para tragar es poco "lógica" ya que aparece más con los alimentos líquidos o la saliva que con los alimentos secos y sólidos. Además, puede aparecer y desaparecer, lo que resulta un poco desconcertante y dificulta el diagnóstico.

    Estos pacientes suelen quejarse de que, al tragar, tienen tos, se les va "para el otro lado" o también sufren aspiraciones de contenido alimentario a las vías respiratorias.

    Esta forma de disfagia suele ser progresiva y asociada a la evolución de la enfermedad que la causa. Al principio puede manejarse con espesantes y gelificantes de los líquidos, pero, a menudo, termina siendo necesario el uso de soportes artificiales para conseguir el mantenimiento de la nutrición correcta y evitar la aspiración a los bronquios.

    La otra forma de disfagia es la disfagia mecánica. En este caso el mecanismo es más sencillo, ya que suele deberse a que en algún tramo del trayecto faringo-esofágico hay un problema obstructivo. Es decir, algo ocupa lugar en el camino que deberían seguir los alimentos y por eso les cuesta pasar.

    En este caso, la dificultad para tragar es más lógica, aparece con alimentos que son naturalmente algo más difíciles de tragar para cualquiera, como la carne seca, los alimentos que tienden a hacerse una bola (arroz, pan), los comprimidos de gran tamaño o los alimentos algo gomosos como el pulpo.

    Todo aquello que crezca en el camino de los alimentos, causará disfagia en mayor o menor medida: un tumor, una cicatriz en forma de anillo por el reflujo, un musculo que no se relaja correctamente, un divertículo. Dependiendo de donde se sitúe esta obstrucción (más alta o más baja) la persona contará dificultades al paso en la garganta, regurgitación de los alimentos que no pueden pasar, dolor en el pecho, atascos continuados (usando una bella palabra castellana que me enseñó un paciente, se "añusgan" al tragar).

    En este caso, la dieta deberá ser liquida o blanda y muy húmeda para facilitar el paso de los alimentos. El tratamiento será, en cualquier caso, el del problema que causa la estrechez en el camino.

    Existen formas mixtas, en las que hay alteraciones motoras y mecánicas, como en el reflujo gastroesofágico que cursa con esofagitis eosinofílica, en la que los pacientes tienen un esófago rígido y poco móvil, pero también anillos que dificultan el paso. Otro ejemplo sería la acalasia, donde hay un esófago con problemas motores y un músculo que no se relaja e impide el paso de los alimentos.

    Cuando alguien sufre dificultades objetivas para el paso de los alimentos, debe consultar con un médico, especialmente si se atraganta continuamente, si ha tenido que ir alguna vez a urgencias porque se ha "añusgado" o si ha tenido problemas respiratorios por esta causa.

    Serán los médicos de digestivo y, a menudo, otorrinolaringólogos y neurólogos, quienes en la mayor parte de los casos averigüen la causa del problema y traten de solucionarlo.

    Para saber más:

    https://www.saludigestivo.es/mes-saludigestivo/mes-disfagia/Este enlace se abrirá en una ventana nueva

  • Lo que las heces esconden

    Las heces son el producto final del proceso digestivo. Lo que entra por nuestra boca en forma de sabrosa comida es trasformado por acción química, física y bacteriológica, en una sustancia por la que nuestro cuerpo elimina aquello que no puede aprovechar.

    Las heces están compuestas por fibra vegetal, restos de alimentos no digeridos, agua, sales biliares, moco y gran cantidad de bacterias.

    Mediante la observación de las heces podemos saber bastante de cómo está funcionando nuestro aparato digestivo.

    Las heces deberían ser compactas pero blandas, con una superficie lisa o ligeramente agrietada, de colon marrón-pardo y expulsarse sin dificultad a través del ano.

    Mirando las heces podemos saber mucho acerca del funcionamiento de nuestro cuerpo, y hay muchas enfermedades de las que podemos tener sospechas con un análisis de los excrementos:

    Lo que las heces escondenLo que las heces esconden

    - Si las heces son muy compactas, secas, duras y difíciles de expulsar hablamos de estreñimiento. Suele estar causado por falta de fibra en la dieta, pero también puede estar causado por alteraciones hormonales o factores del funcionamiento intestinal.

    -Cuando las heces son demasiado blandas, pastosas o líquidas, y se expulsan con demasiada urgencia o demasiada frecuencia, hablamos de diarrea. En muchos casos se debe a procesos infecciosos del intestino, pero también pueden causarla infecciones no digestivas como el SIDA, muchos fármacos o alteraciones del metabolismo.

    - Si las heces son rojas o negras hay que sospechar la presencia de una hemorragia digestiva, provocada por una lesión en algún tramo de nuestro intestino. Es una situación urgente que debe ser consultada con un médico de forma inmediata. La ingesta de hierro o tinta de calamar, también puede producir heces negras, aunque normalmente de un color más moderado.

    - Las heces blancas, con aspecto de "yeso" suelen deberse a obstrucción del conducto biliar, aunque también pueden verse tras realizar pruebas radiológicas con contraste por vía oral.

    De forma adicional, su médico puede decidir realizar un análisis de las heces en el laboratorio.

    Este análisis puede determinar múltiples enfermedades o, al menos, hacer que se sospechen y se soliciten otras exploraciones para confirmar.

    La más importante de ellas es la presencia de sangre oculta en las heces, ya que es la que se utiliza en el programa de cribado del cáncer de colon. En un test que busca sangre humana en heces aparentemente normales.

    La sangre oculta en heces también puede ser positiva en otras enfermedades, pero siempre se hace recomendable consultar con un médico y, eventualmente, realizar una colonoscopia.

    También podemos saber si en el intestino hay procesos inflamatorios, mediante la determinación de la calprotectina fecal, que aumenta en caso de inflamación. Si las cifras soy muy altas, mayores de 500, suelen ser muy sospechosas de enfermedad de Crohn o de colitis ulcerosa

    Mediante el estudio microbiológico, se pueden cultivar las heces y detectar bacterias o parásitos indeseados que estén causando diarrea, dolor o fiebre. También la presencia de toxinas, como la de c. difficile que suele aparecer como complicación de tratamientos antibióticos previos.

    Podemos también conocer de forma indirecta el funcionamiento pancreático mediante la detección de sustancias no digeridas en las heces (como las grasas) que indicarían una malabsorción, o también mediante la medición de elastasa fecal, que está demasiado baja en pacientes con insuficiencia pancreática.

    El Helicobacter pylori también puede ser detectado en las heces, con la misma fiabilidad que en un test del aliento.

    Por último, el SARS-Cov2 puede ser detectado en las heces, al parecer con mayor sensibilidad que en otras muestras, de forma sencilla y accesible

    Con una prueba muy barata y poco invasiva es posible hacer diagnóstico, prevención y seguimiento de múltiples enfermedades. Nuestras humildes heces destinadas al desecho, aún pueden ayudarnos a saber si hay alguna enfermedad.

  • Hay otros virus además del Covid: Hepatitis C, la epidemia silenciosa

    Hoy escribe nuestro blog la Dra. Mónica González, responsable del área de hepatología del Hospital Quirónsalud Sur.

    Hepatitis C, la epidemia silenciosaHepatitis C, la epidemia silenciosa

    La hepatitis C es un problema de salud pública que afecta a más de 185 millones de personas en el mundo. De ellas 350.000 mueren cada año.

    En España la infección afecta a aproximadamente el 1% de la población, pero el 40% de esas personas no lo sabe.

    Este virus se trasmite por la sangre o derivados. Por eso los principales grupos de riesgo son las personas adictas a drogas intravenosas, las personas que recibieron alguna transfusión antes de 1992, o los pacientes en hemodiálisis. También pudieron contagiarse durante la realización de cirugías, inyecciones, tatuajes o trabajos dentales, si el material se reutiliza o no se esteriliza adecuadamente. La transmisión sexual del VHC es rara pero el riesgo aumenta si se tienen múltiples parejas, la persona tiene infección por el virus del SIDA u otras infecciones de transmisión sexual o cuando se realizan prácticas sexuales sin protección o con mucho riesgo de sangrado. La transmisión del VHC de la embarazada al recién nacido es poco probable, de 4-8 % y es máximo en el momento del parto, y también es mucho mayor en mujeres con VIH. El riesgo de transmisión por la lactancia es prácticamente nulo.

    Cuando un paciente se infecta por el virus de la hepatitis C tiene bastantes posibilidades de que se convierta en una hepatitis crónica porque nuestro sistema inmune no puede eliminar el virus. De estos pacientes, un tercio desarrollará cirrosis al cabo de 25-30 años, y algunos cáncer hepático. En España, la hepatitis C es la principal causa de cirrosis y de carcinoma hepatocelular y la causa del 30% de los trasplantes hepáticos.

    Hasta 2014, los tratamientos para intentar curar la infección por VHC eran poco eficaces, largos e incómodos, con muchos efectos secundarios. Gracias a la investigación, ese año aparecieron los primeros antivirales de acción directa que curan la infección en más del 95% de los pacientes con tan solo 8-12 semanas de tratamiento. Además, tienen pocos efectos adversos y se toman por boca. Por esto debemos ofrecer tratamiento antiviral a todos los pacientes con diagnóstico de hepatitis C crónica porque la curación de la infección evita la evolución a cirrosis y el riesgo de cáncer. También baja el riesgo de morir por causa hepática y no hepática y además elimina al individuo como fuente de transmisión del VHC.

    La Organización Mundial de la Salud ha establecido unos objetivos para la eliminación de las hepatitis víricas en 2030: reducir el número de casos en un 90% y la mortalidad en un 65%. Para conseguir eso tenemos que diagnosticar al 90% de los pacientes infectados y tratar al 80% de ellos. En España existe un Plan Estratégico para el Abordaje de la Hepatitis C desde abril de 2015, con ello se ha podido tratar a más de 150.000 pacientes y se estima que se evitaran más del 75% de las complicaciones secundarias a la enfermedad hepática a largo plazo.

    La mayoría de los pacientes con hepatitis C crónica no tienen síntomas, o son molestias no específicas, como cansancio. Además, una tercera parte de los infectados tienen pruebas hepáticas normales. Por eso, para conseguir el objetivo deseado de erradicación de la infección, es necesario la sensibilización de la población, sobre todo en los grupos de riesgo, para hacer una búsqueda activa de la infección.

    El diagnóstico precoz de la hepatitis C debe hacerse mediante un análisis de sangre que evalúa la presencia de anticuerpos frente al virus C. Si el resultado es positivo, se hará la detección de virus circulante (PCR VHC) para saber si se trata de una infección pasada o activa. También deberá averiguarse qué tipo de virus tiene cada persona (hay 7 diferentes) para seleccionar el tratamiento antiviral más apropiado, ya que los fármacos no son igualmente eficaces frente a todos los genotipos.

    Una vez conocida la infección, es necesario realizar una ecografía abdominal y valorar la existencia o no de fibrosis hepática, mediante una prueba indolora llamada Fibroscan (elastografía de transición). Esta prueba permite conocer la dureza hepática, en una escala de 0 a 4. Con estos datos, se puede elegir mejor qué tratamiento utilizar, durante cuánto tiempo y si hay necesidad de hacer seguimiento tras la curación. Los pacientes con fibrosis leve o sin fibrosis pueden ser dados de alta y seguidos por el médico de Atención Primaria. En cambio, los pacientes con fibrosis avanzada (F3-F4), especialmente los que tengan cirrosis, deben continuar su seguimiento por el especialista porque el tratamiento reduce pero no hace desaparecer del todo el riesgo de complicaciones o la aparición de cáncer hepático, así que esos pacientes deber seguir haciéndose ecografías periódicamente.

    Aquellas personas en grupos de riesgo, presente o pasado, es conveniente que investiguen con su médico de cabecera o con su especialista para realizar una búsqueda activa de la infección para, en caso necesario, realizar el tratamiento lo antes posible.

    Albillos Martínez A, Cañada Merino JL, Molero García JM, Pérez Cachafeiro S, Pérez Escanilla F, Simón Marco MA, Turnes Vázquez J; AEEH, SEMERGEN, semFYC, SEMG. Consenso de recomendaciones para el diagnóstico precoz, la prevención y la atención clínica de la hepatitis C en Atención Primaria. Madrid: Luzán 5; 2017

    Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Plan estratégico para el abordaje de la hepatitis C en el Sistema Nacional de Salud. Madrid, 21 de mayo de 2015. Disponible en: http://www.msssi.gob.es/ciudadanos/ enfLesiones/enfTransmisibles/hepatitisC/PlanEstrategicoHEPATITISC/docs/ plan_estrategico_hepatitis_C.pdf

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Sobre este blog

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