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La chirimoya

La chirimoya tiene su origen en la cordillera de Los Andes, concretamente en lo que en la actualidad serían países como Perú y Ecuador, aunque algunos historiadores amplían la zona a Colombia y Chile.

Los conquistadores españoles la denominaron "manjar blanco", debido a su dulzura, aunque el nombre con el que se conoce en la actualidad puede provenir del quechua chirimuya o "semillas frías", ya que en esa zona germina en latitudes elevadas.

En tumbas peruanas de época prehistórica se han encontrado vestigios en forma de jarrones de terracota que recrean la silueta de una chirimoya.

Tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, los españoles llevaron la chirimoya hasta las mesas de Europa, África y Oriente.

No obstante, el cultivo propiamente dicho comienza en huertos familiares de la costa mediterránea a finales del S. XIX y principios del S. XX y algunas informaciones señalan que, a principios de la década de 1920, había cerca de 5.000 chirimoyos en el valle del Río Verde (Almuñécar, Jete y Otívar).

chirimoyachirimoya

El componente mayoritario en la chirimoya es el agua contiene un 75% no tiene colesterol, es baja en grasa y constituye una buena fuente de vitaminas A, B C, glucosa, fósforo, hierro, calcio, sodio, potasio e hidratos de carbono (20% de su peso), fundamentalmente azúcares simples como la fructosa y glucosa (en torno al 11%) y sacarosa (alrededor del 9%).

La chirimoya es una de las frutas que contienen vitaminas B1 (Tiamina) y B2 (Riboflavina). La Tiamina de la chirimoya mejora el sistema nervioso y las fibras nerviosas, favorece la absorción de glucosa en el cerebro, lo cual facilita que el cerebro realice sus funciones más correctamente. La Riboflavina mejora el aspecto y favorece la formación de la piel, de las uñas y del cabello. Además, fortalece el sistema inmunitario, ayuda a producir glóbulos rojos y a tener una buena visión. La chirimoya también aporta Niacina o vitamina B3.

La chirimoya aporta vitamina C, que ayuda a aliviar los síntomas de los estados gripales y catarrales. Esta vitamina, a su vez, interviene en la formación de colágeno, huesos, dientes, glóbulos rojos y favorece la absorción de hierro de los alimentos y la resistencia a las infecciones.

La chirimoya contiene fósforo. El fósforo es necesario para la formación ósea y dental. El fósforo mejora nuestra capacidad mental al ayudar a nuestras neuronas a comunicarse entre ellas.

La chirimoya contiene Potasio. El Potasio regula los electrolitos. El Potasio ayuda a eliminar los calambres musculares y regula la función cardíaca.

La chirimoya nos aporta Hierro. El Hierro es necesario para prevenir y combatir la anemia. El hierro es esencial para transportar la glucosa a las células y los tejidos. Además, el hierro ayuda a eliminar tóxicos no generados por nuestro organismo.

La chirimoya también nos aporta fibra que previene el estreñimiento y regula las funciones gastrointestinales. Tiene efecto saciante y regulador del nivel de glucosa en sangre, ya que la fibra que posee retarda la asimilación de los azúcares por lo que tardaremos más tiempo en sentir hambre.

Al ser pobre en grasas y tener una fibra con un efecto intestinal muy beneficioso (ayuda a arrastrar el colesterol malo y absorbe al mismo tiempo ácidos biliares y regula la flora intestinal), se recomienda en pacientes con niveles a reducir de colesterol.