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Expresar las emociones y normalizar el duelo, esencial ante la pérdida de un ser querido

La conmemoración de Todos los Santos se celebra en España el 1 de noviembre, día en el que se honra a las personas que hemos perdido con tradiciones de gran arraigo, como la visita al cementerio. En fechas como estas, el recuerdo y el dolor por la ausencia se acentúan pero, como apunta Antonio de Dios, jefe del servicio de psicología de Hospital Quirónsalud Marbella, "tenemos que permitirnos expresar emociones, despedirnos de quien hemos perdido, normalizar la pérdida, darnos cuenta de que el dolor forma parte del amor hacia la persona que se fue y que, nunca mejor dicho, merece la pena".

Durante estas fechas, como puede ocurrir también en otras como Navidad o cumpleaños, se producen circunstancias sociales y culturales que hacen que nos acordemos especialmente de las personas que ya no están con nosotros. Según Marina Rodríguez, especialista del servicio de psicología sanitaria de Hospital QuirónSalud Málaga, "si nos enfrentamos al día de los santos y los difuntos en el primer año tras la muerte del ser querido, lo más probable es que sea un momento difícil para las personas allegadas. El primer año siempre es el más complicado, ya que se viven por primera vez situaciones y fechas marcadas en el calendario que solían ser compartidas con la persona fallecida y, por tanto, su ausencia se hace más dura".

Proceso de duelo

A lo largo de los años se ha estudiado el duelo desde una perspectiva psicológica, como un proceso con etapas diferenciadas, como plantea el modelo Kübler-Ross, comúnmente conocido como las cinco fases del duelo: negación o aislamiento, ira, negociación, dolor emocional o depresión y aceptación. Se consideraba que la persona debía pasar por estas fases en este orden y en un tiempo no superior a los 12 meses.

Con el tiempo han ido apareciendo otras teorías que matizan la anterior y establecen el duelo como el cumplimiento de una serie de tareas, sin un tiempo específico y sin un orden concreto, como las establecidas por William Worden. Esta teoría acerca del duelo es mucho más humanizada, al fin y al cabo "el duelo es una respuesta normal ante la pérdida de un ser querido, hay que restar importancia a la variable temporal, pudiendo considerar una reacción de dos años de duelo como un duelo normal", apunta Marina Rodríguez. Los expertos advierten que lo habitual cuando perdemos a un ser querido es un proceso de duelo de un año, pero los tiempos son variables y dependen de muchos factores, no es lo mismo perder a un padre que a un hijo, que sea por un accidente o por una larga enfermedad, en la que el duelo se va haciendo poco a poco mientras la persona está todavía viva.

Antonio de Dios explica que todos los duelos suelen cumplir un proceso similar. "Al recibir una mala noticia, lo primero que suele hacer la mente como mecanismo de defensa es tratar de negar la realidad. El segundo paso del proceso es expresar las emociones que produce la pérdida, entre ellas destacan la rabia, la tristeza y el miedo. La tercera etapa del duelo es recolocar a la persona fallecida, hay un momento en el que tenemos que aceptar la pérdida y poner a esa persona en un lugar prioritario en nuestro interior, en nuestra memoria y nuestro corazón. El último paso del proceso del duelo es volver a permitirnos vivir tras el periodo de dolor, empezar a disfrutar de la vida, que es la mejor manera de honrar al que se fue, con alegría y con agradecimiento de que pudimos compartir una parte del camino con esa persona especial", detalla el psicólogo.

Recomendaciones para superar una pérdida

Se considera que el duelo pasa de ser normal a patológico cuando uno no consigue reconstruir y readaptar su vida sin la persona perdida, se produce un bloqueo en alguna de las etapas anteriormente mencionadas o cuando el sufrimiento no pasa. En el caso de que el duelo se convierta en patológico podemos necesitar ayuda de profesionales para superar las dificultades para afrontarlo. Algunos ejemplos de este estancamiento y que hay que resolver están en casos como personas que se aíslan socialmente, que dejan de lado sus obligaciones o que se refugian en el alcohol y las drogas u otras formas extremas de enmascarar la realidad. Desde la psicología se aboga siempre por recurrir a recursos propios de las personas para hacer frente a las situaciones adversas y acudir a un especialista si se viese que no es suficiente con esos recursos para superarlo.

Seguir en comunicación con la persona fallecida, lógicamente con otro formato, es uno de los consejos que suele dar Marina Rodríguez a sus pacientes de Quirónsalud Málaga. "En multitud de ocasiones, cuando la persona fallece, nos quedamos con la sensación de que querríamos haberles expresado muchas ideas, pensamientos o emociones que se quedan a la deriva en nuestro interior. Puede ser muy beneficioso que durante un tiempo, el que cada cual considere necesario, nos comuniquemos interiormente con ese ser querido e incluso escribir cartas expresando todas esas cosas que se quedan dentro. Esta expresión emocional ayuda a aceptar mejor la realidad de la pérdida, a recolocar al fallecido emocionalmente y al desahogo más íntimo y profundo que hace que nuestras emociones sanen", termina diciendo la psicóloga.