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El uso de un calzado inadecuado en la infancia puede generar problemas en la edad adulta

El uso de un calzado inadecuado durante la infancia puede generar problemas en la edad adulta. Como afirma Almudena Latorre, especialista de la Unidad de Podología de Hospital Quirón Valencia, "llevar un zapato inadecuado puede ocasionar problemas en edad infantil como uñas encarnadas o pequeñas desviaciones tendinosas y óseas que pueden ser causantes, en un futuro, de deformidades como pies planos o cavos, o en los dedos, como dedos en garra y juanetes debido a un incorrecto desarrollo en la época de crecimiento".

Durante la infancia uno de los problemas más frecuentes es la modificación de la forma de caminar debido al crecimiento y manera de adaptarse a la marcha, "lo que origina alteraciones como los pies planos", explica la especialista, "pero también encontramos muchos casos de uñas encarnadas causadas por un corte inadecuado, papilomas plantares que se contagian en piscinas y vestuarios, o deformidades digitales producidas por un zapato muy estrecho o demasiado grande".

Los síntomas más característicos de estas patologías son torpeza a la hora de andar o correr, caídas frecuentes y caminar con las puntas de los pies giradas hacia adentro o de puntillas dando pequeños saltitos. "Lo más importante es hacer un seguimiento adecuado durante todo el crecimiento y, en el caso de observar algún cambio característico en la forma de caminar o correr de nuestro hijo, consultar al profesional lo antes posible", aconseja Almudena Latorre.

Cómo elegir el calzado de los más pequeños

La especialista de la Unidad de Podología de Hospital Quirón Valencia recomienda que el zapato sea cómodo y estable, que no baile al ponerlo en una superficie plana, con contrafuerte rígido que evite desviaciones en el talón, sin costuras interiores. La zona de la puntera debe ser flexible para favorecer el movimiento del pie a la hora de andar, y abrochado con sistemas que permitan llevar el pie sujeto pero regularlo según la necesidad, como por ejemplo velcros o cordones.

Según tramos de edad la podóloga aconseja fijarnos en las siguientes características a la hora de comprar el calzado:

De 0 a 2 años: en esta fase del crecimiento la función del zapato es más de protección, por lo que debe estar fabricado con materiales ligeros y de gran flexibilidad. El contrafuerte o zona trasera del zapato debe ser semirígido, con la embocadura del zapato acolchada. La puntera se recomienda cerrada, con suficiente espacio para los dedos. Es muy importante en esta etapa el interior del zapato, sin costuras interiores y blandito, que se ajuste y permita el movimiento.

De 3 a 7 años: lo más importante en esta etapa en la que el niño comienza a ser independiente son los materiales flexibles y suaves, con un sistema de abrochado sencillo y que mantenga el pie sujeto. Es conveniente que el zapato no tenga costuras interiores y la zona trasera o contrafuerte rígido para evitar desviaciones en el talón. La puntera debe ser amplia y flexible para favorecer el despegue a la hora de caminar y la suela del zapato acorde a la talla.

De 7 a 14 años: en esta franja de edad los niños incrementan de forma significativa la actividad física por lo que el zapato debe ser capaz de ayudar a adaptarse a cada situación. Continuaremos con la zona trasera y puntera similar que en la época infantil, rígida y flexible. El abrochado se recomienda alto, en la zona de empeine, con una lengüeta suave y refuerzos en los ojales o en los velcros del abrochado. La suela, similar a la de un zapato adulto, con amortiguación y estabilidad.

A partir de los 14 años: a partir de esta edad el zapato es similar al de un adulto; debe mantener las mismas características en el contrafuerte y en la puntera que el zapato infantil. Lo que debemos evitar es comprar un zapato más pequeño o grande de lo que realmente necesitamos. Hay que comprobar que no apriete o moleste en ningún sitio y que tenga espacio suficiente en la zona delantera para los dedos, sin que llegue a bailar el pie dentro del zapato. Es importante cambiarlos con regularidad y no guardarlos si ya no mantienen la características óptimas para su uso.