osteoporosisImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoLa osteoporosis es una enfermedad crónica y progresiva que afecta a nuestros huesos, concretamente a la densidad de éstos. Una densidad pequeña de masa ósea en el esqueleto lo hace mucho más proclive a fracturas en los huesos, especialmente en los casos de mujeres que ya han pasado la menopausia. Según el doctor Georgios Kyriakos, especialista de la Unidad de Endocrinología de Hospital Quirón Murcia, 'afecta a un grupo importante de mujeres, de hecho el 40% de las mujeres mayores de 50 años padecen esta enfermedad, lo que se traduce en torno a dos millones y medio de mujeres con osteoporosis en nuestro país'.

La principal consecuencia de la osteoporosis son las fracturas que pueden causar dolor, incapacidad para realizar las labores cotidianas más sencillas e incluso la muerte. El riesgo que una mujer tiene de padecer una fractura de cadera es igual al riesgo conjunto que tiene de desarrollar un cáncer de mama, de útero y de ovario.

Muchas veces a la osteoporosis se le llama 'la enfermedad silenciosa' porque la pérdida ósea ocurre sin síntomas. Una persona no siempre sabe que tiene osteoporosis hasta que sus huesos son tan débiles que cualquier fuerza, golpe, o caída causa una fractura o el derrumbe de una vértebra.


La osteoporosis se puede medir de varias formas, explica el doctor Kyriakos, 'por ejemplo, mediante la observación de los factores clínicos, como la pérdida de estatura o el encorvamiento de la columna. También existen pruebas rápidas e indoloras, como la radiografía y la densitometría que sirven para ver el estado y la densidad del hueso'. Esta densidad ósea se desarrolla en mayor medida en la infancia y en la adolescencia, no obstante hay maneras de conseguir frenar el impacto de la enfermedad, empezando por los hábitos cotidianos.

Cómo prevenir la osteoporosis


Casi el 45% de la masa de los huesos está compuesta por calcio, es por ello que si pretendemos frenar la disminución de densidad de la masa ósea, debamos recurrir a fuentes alimenticias que nos proporcionen este mineral. Los lácteos no son los únicos alimentos a los que podemos recurrir para conseguir calcio; la col rizada, el brócoli, el repollo chino, el pescado, la soja, el arroz, o el zumo de naranja, son otras grandes fuentes de calcio.

Para que el calcio pueda ser absorbido por el sistema digestivo, así como para que nuestro sistema óseo pueda metabolizarlo, es fundamental el consumo de vitamina D. Para ello es muy recomendable el consumo de pescados grasos, como las sardinas o el atún, y el huevo. Pero la principal recomendación para la absorción de la vitamina D es la síntesis que hace nuestra piel cuando entramos en contacto con el sol. Además de seguir una alimentación adecuada, rica en calcio y vitamina D, es importante evitar el consumo de alcohol y tabaco. Por otro lado, la actividad física, si bien no puede frenar la velocidad a la que se pierde la masa ósea, sí puede fortalecer y coordinar mejor el sistema muscular, lo que beneficia al esqueleto y previene, en un 25%, las fracturas que podrían provocar sus respectivas caídas.


Existen numerosos tratamientos, principalmente farmacológicos, que están destinados a frenar la pérdida de densidad de masa ósea, reducir el riesgo de fracturas y permitir una mejor calidad de vida. El especialista es quien deberá determinar qué fármaco específico es más conveniente para cada persona en base a factores clínicos, analíticos y densitométricos. Sin embargo, la prevención, desde las primeras edades de vida -mediante una alimentación rica y saludable, y la práctica continuada de ejercicio-, es un factor fundamental para frenar el avance de esta enfermedad.