A Rosario le dijeron hace una década que tenía cáncer de pulmón. Nunca había encedido un cigarrillo, pero llevaba 45 años rodeada de fumadores en casa y en el trabajo. A Marina, a punto de cumplir los 50, le preguntó su médico cuántas cajetillas fumaba: '¿Yo? Pero si nunca lo he probado'. Ellas son sólo dos de las 2.000 mujeres que cada año escuchan un diagnóstico de cáncer de pumón en España. Como explica el doctor Manuel Dómine, miembro del Grupo Español de Cáncer de Pulmón (GECP), el 58% de ellas nunca ha sido fumadora, aunque en la mitad de los casos ha sido víctima durante años del tabaquismo pasivo. En el día mundial de la enfermedad, que se recuerda cada año el 17 de noviembre, los especialistas alertan de que el cáncer de pulmón cada vez tiene un rostro más femenino.

"Mi primera reacción fue de sorpresa", confiesa Marina; ella, que mandaba a su marido al salón porque le molestaba el humo del tabaco y que convivía día a día con el humo de sus compañeros en la peluquería donde trabajaba. Como confirma el doctor Dómine, la incredulidad suele ser la primera reacción: "El cáncer de pulmón se sigue percibiendo como un problema de varones; de hecho ellas tienen más temor al cáncer de mama".

En aumento

Y eso que las estadísticas indican que ellas también tienen motivos para la preocupación. Mientras la mortalidad masculina por esta causa desciende a un ritmo de un 1,3% anual; en mujeres no deja de crecer un 3,5% al año. De seguir así, en el año 2020, el de pulmón será la primera causa de muerte en mujeres (como ya ocurre en EEUU y algunos países nórdicos).

Pero además de esta tendencia, hay otras cosas que distinguen a hombres y mujeres en esta cuestión. El diagnóstico en las mujeres, según explica el doctor Dómina (del servicio de Oncología de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid), suele producirse antes. Tanto porque ellas acuden antes al médico, como porque la edad de aparición es inferior a los hombres (61 frente a 65 años), incluso con un menor consumo de carcinógenos. Además, las pacientes suelen responder mejor a los tratamientos, porque sufren con más frecuencia un tipo de cáncer denominado adenocarcinoma ("más periférico y que dispone de más alternativas de tratamiento").

Como añade el oncólogo madrileño, "en las mujeres no fumadoras son más frecuentes las mutaciones en el gen EGFR, y son especialmente sensibles a ciertos fármacos diseñados contra esta diana".

Hace 11 años ya que a Rosario le extirparon medio pulmón y le pronosticaron apenas unos meses de vida. Atrás queda un año recibiendo fuertes sesiones de quimioterapia, tres años de un tratamiento experimental (Iressa) y decenas de revisiones con sus oncólogos de la Seguridad Social ("no tengo más que buenísimas palabras para médicos y enfermeras").

Desde hace un año se toma una pastilla al día de Tarceva (erlotinib), mientras sigue acudiendo a su trabajo día a día. "Hace dos o tres años que libro los fines de semana, pero antes ni eso", bromea esta mujer que se encarga de transmitir fuerza en la sala de espera del oncólogo a sus compañeros de fatigas y que no trabaja menos de ocho o nueve horas al día ("siempre con uan sonrisa").

También Marina sigue haciendo una vida normal, "con mi trabajo, mi gimnasio...". Su marido, cuenta, ha dejado de fumar; "aunque lo hizo porque le dio un susto el corazón, no por mí", bromea esta argentina que lloró a cántaros en un parque cuando conoció su diagnóstico. Como ellas, unas 20.000 personas conocen este diagnóstico cada año en nuestro país, de las que un 10% son mujeres. En 2020, ellas representarán ya el 20% del total y el tabaquismo activo y pasivo será el causante en muchos de ellos.