Es irracional que una actividad industrial clasificada por la Administración como peligrosa se sitúe en un barrio residencial. La propia Organización Mundial de la Salud advierte del riesgo de situar estas instalaciones en núcleo poblado. En resumen, una subestación blindada presenta numerosos inconvenientes: desde los ruidos permanentes hasta el empleo de sustancias tóxicas como el hexafluoruro de azufre para su aislamiento. Y, ¿por qué se aíslan? Porque generan unos campos electromagnéticos que aumentan la incidencia de leucemia infantil, distintos tipos de cáncer e incluso alzhéimer.
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