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Foto: M. J. Monty



Aunque muchas veces las vacaciones de verano se plantean como un periodo en el que se puede hacer más ejercicio y, por tanto, perder peso, la realidad es que muchas personas vuelven del descanso estival con algunos kilos de más. La falta de orden en los horarios, el aumento del consumo de alcohol, dulces y refrescos azucarados y una vida social más intensa son los factores que están detrás de este aumento de peso junto con las altas temperaturas, que muchas veces impiden hacer deporte al aire libre durante gran parte de la jornada, pese a haber en principio más tiempo para ello.


"Cuando llega el verano muchas veces pensamos que será más fácil perder ese peso de más gracias a argumentos como que con el calor tendremos menos hambre y será más fácil optar por comidas ligeras, o que los días son muy largos y habrá tiempo de sobra para hacer ejercicio. Sin embargo, "muchas veces estos buenos propósitos no son fáciles de cumplir a medida que pasan las semanas debido a la falta de horarios estrictos o la frecuencia de ‘tentaciones’ en la dieta", explica Susana Cantón, coordinadora del Centro Integral de Sobrepeso y Obesidad (CIOS) de La Luz, que añade que la intensa vida social propia del verano "tampoco lo hace fácil".


Por ello muchas veces, a la vuelta de vacaciones, además de retomar la actividad laboral, "hay que replantearse el propósito inicial y, lo que es peor, con la consiguiente carga de desánimo y frustración por no haberlo conseguido en verano".


Para superar esta situación, y con el fin de evitar que este peso extra se estabilice e incluso vaya a más, la coordinadora del CIOS ha diseñado un plan con siete sencillas pautas para todos aquellos que hayan vuelto de sus vacaciones con unos kilos adicionales. Son las siguientes:


1. Objetivos realistas y factibles. Hay que plantearse la pérdida del exceso de peso fijando objetivos realistas que deben ir cumpliéndose por etapas.


2. Identificar los obstáculos. Cada uno debe analizar qué factores pueden impedir que llevemos a cabo su objetivo a lo largo de los plazos fijados (influencias negativas del entorno personal o laboral, mal control de las emociones, estrés) y aprender a gestionarlos.


3. Plan de acción. Establecer una serie de acciones a realizar en cada etapa en tres aspectos diferentes: nutricional, físico y mental, con sus fechas de inicio y fin y ligadas a los objetivos marcados.


4. Gestionar las recaídas. Saber gestionar los reveses, recaídas o estancamientos en el proceso de pérdida de peso para perseverar y tolerar la frustración con comodidad y sin poner en peligro los objetivos globales.


5. Mentalidad de permanencia. Hay que interiorizar que las pautas saludables, tanto en materia nutricional como de disciplina mental y ejercicio físico, deben mantenerse a largo plazo.


6. Plan Nutricional. Seguir un plan nutricional (preferentemente con la ayuda de un especialista) basado en el equilibrio entre los diferentes alimentos y adaptado a cada caso particular.


7. Actividad física frecuente, intensa y motivadora. Se trata de hacer ejercicio ajustado a las características de cada persona y sin que sea percibido como una obligación, para lo que habrá que buscar una disciplina que resulte interesante y estimulante. Además la actividad física es una poderosa arma contra el estrés.


"La idea tradicional es que con dieta y ejercicio se puede conseguir todo en cuanto a pérdida de peso, y en efecto son dos factores clave, pero el éxito se debe asentar también en mantener una actitud mental adecuada y en la instauración a medio y largo plazo de hábitos eficaces y saludables", concluye Cantón.