Pronto empezó a cuadrar todo porque Capio, de quien depende Recoletas, está entre los grandes colaboradores de la Fundación. Con los gastos de ingreso y quirófano sufragados y un médico más que dispuesto a intervenir sin contraprestación alguna, faltaba ver cómo pagar los billetes; de dónde sacar los voluntarios que hicieran las noches y, lo más complicado, encontrar el lugar adecuado para la recuperación.
Fuente: La Verdad