Este fin de semana entra en vigor el horario de verano en nuestro país. En la madrugada del sábado al domingo deberemos adelantar los relojes 60 minutos –de las 02.00 a las 03.00 horas-. Aunque en principio no parezca importante, ya que se trata solo de una hora, "puede suponer una modificación de casi seis semanas en el ciclo actividad-sueño, que afecta sobre todo a personas con problemas previos de sueño, a niños y a ancianos", confirma el doctor Carlos Egea, jefe de la Unidad del Sueño de Hospital Quirónsalud Vitoria.


Las alteraciones del sueño con el adelanto o el atraso horarios se deben a la modificación de nuestro reloj biológico (o ritmo circadiano), que produce una variación en el ciclo del sueño. La sincronización de nuestros relojes internos tiene lugar alrededor del quinto día tras el cambio de hora, no en términos de actividad, sino en relación al tiempo de descanso. Así, personas que trabajan a turnos, por ejemplo, se pueden ver muy afectadas. "El cansancio es un síntoma de muchos trastornos del sueño, no solo del insomnio, sino también de las llamadas perturbaciones del reloj interno, tales como el jet lag", afirma el especialista. Pero son las personas con patología del sueño las que sufrirán en mayor medida.


Además de esta alteración puntual en el ritmo del reposo, es importante destacar que, en general, no dormimos lo necesario para lograr un descanso adecuado y que casi el 20% de la población tiene excesivo sueño durante el día, según informa la Asociación Española de Enfermos del Sueño (Asenarco). Según señala el doctor Egea, "es necesario iniciar una cultura global en la que se aprenda la importancia de dormir bien y se interiorice que este proceso forma parte de nuestra condición, igual que respirar. La expresión popular ‘ya dormiré mañana’ hay que cambiarla porque el sueño, a pesar de lo que se cree comúnmente, no se recupera".


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En este sentido, los horarios actuales, tanto laborales como sociales, así como ciertos hábitos poco adecuados, no favorecen en nada el desarrollo de una ‘cultura del sueño’ apropiada. Salir del trabajo demasiado tarde y cenar todavía más, una programación en la televisión que invita a trasnochar o el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir son solo algunos ejemplos que perjudican la conciliación del sueño y reducen sus horas.

Un cambio de costumbres y unos horarios más racionales, como los establecidos en otros países europeos, podrían ayudar a impulsar esta revolución, tan necesaria para la salud. "Una cultura en la que estuviese presente la `regla de los tres ochos´: ocho horas para trabajar, ocho horas para el ocio u otras actividades y ocho horas para dormir".