Médicos en la UCIEl Hospital Miguel Domínguez tiene en marcha desde 2009 un protocolo de actuación pionero en Galicia para pacientes afectados por un infarto cerebral, o ictus isquémico agudo, a través de la actuación inmediata y coordinada de un equipo multidisciplinar, un sistema de atención activo las 24 horas del día y durante los 365 días del año que consigue incrementar las posibilidades de recuperación del paciente de forma notable.

Precisamente esta misma semana adquirió importante actualidad la respuesta sanitaria frente a esta patología al ser presentado en el Hospital Ramón y Cajal de Madrid el denominado Proyecto QuickEste enlace se abrirá en una ventana nueva, una iniciativa en la que participan ocho centros hospitalarios españoles y que pretende evaluar el tiempo medio de intervención a un paciente que sufre un accidente cerebrovascular.

El protocolo del GHMD fija la participación y las acciones a realizar por los servicios de Urgencias, Medicina Intensiva, Radiología, Laboratorio, Neurología, Medicina Interna y Enfermería, y precisa que los afectados reciban el tratamiento con la mayor brevedad posible, antes de que hayan pasado tres horas desde la aparición de los primeros síntomas. La rapidez es básica para que las consecuencias del ictus se reduzcan o, en el mejor de los casos, desaparezcan por completo.

Los resultados de la aplicación de este protocolo durante estos años son muy positivos, en opinión de los doctores Raúl González y Rafael Domínguez, que consideran asimismo muy acertada cualquier iniciativa, como el Proyecto Quick, tendente a buscar fórmulas que agilicen la llegada de los pacientes a los centros.


El procedimiento desarrollado en el GHMD se basa en la aplicación, dentro de esas tres primeras horas, de un tratamiento fibrinolítico intravenoso que destruye y disuelve los coágulos formados en la parte dañada del cerebro. Los doctores sostienen que la tasa de éxito de esta fórmula es elevada y los pacientes pueden sobrevivir sin secuelas a un infarto cerebral. Asimismo, destacan la importancia de actuar con rapidez ante síntomas que hagan sospechar que una persona puede estar sufriendo un ictus, como problemas para mover una extremidad o una parte de la cara, así como mostrar dificultades para hablar.