Las personas con piel y ojos claros y con cabello rubio o pelirrojo pertenecen al grupo de población que habitualmente se quema con mayor facilidad al tomar el sol en verano. Por tanto, son más susceptibles de padecer cáncer de piel, un tumor que se desarrolla con mayor frecuencia en la actualidad y en cuyo desarrollo, aunque existe una predisposición individual (genética), el factor más importante es la exposición solar acumulada.

"No olvidemos que el sol emite radiaciones ultravioletas causantes de la aparición de lesiones precancerosas y cancerosas y, en este sentido, es conveniente someterse a una revisión dermatológica tras el periodo estival para detectar posibles lesiones producidas en la piel como consecuencia de la exposición a los rayos solares", recuerda la doctora María Victoria Almeida, dermatóloga en Hospital Quirónsalud Vitoria.

El cáncer de piel no melanoma (CPNM) es el más frecuente. "Se calcula que la mitad de las personas que pasan de 60 años va a padecerlo, especialmente el carcinoma basocelular, que no produce mortalidad pero que, si no se trata a tiempo, provoca úlceras y destrucciones del tejido", señala la experta. El CPNM en la fase inicial precancerosa presenta lesiones rojas y costrosas que responden bien al tratamiento.

El diagnóstico precoz es especialmente importante en el cáncer de piel melanoma, un tumor maligno que puede extenderse a otros órganos y ser mortal. En los últimos años ha experimentado un incremento de entre el 3% y el 8% anual y afecta a una población cada vez más joven. "Es más frecuente en personas con tendencia a quemaduras solares y, sobre todo, si han sufrido quemaduras antes de los 18 años, con lesiones pigmentadas y portadores de múltiples lunares", indica la doctora Almeida.

La autoexploración, clave en la detección precoz del melanoma

La mayor parte de los melanomas se detectan en sus fases iniciales. Es fundamental, pues, que el paciente vigile sus lunares para descubrir si hay cambios en el tamaño, el volumen y la coloración. En las lesiones pigmentadas hay que observar con especial atención si son asimétricas y si los bordes están mal definidos, la presencia de diferentes tonalidades (negruzca, pardo oscura, azulada…), diámetro superior a 5 mm, cambios en la consistencia (dura o blanda), elevaciones más o menos irregulares y sintomatología como picor o sangrado. La localización más frecuente del melanoma en las mujeres es en las piernas y en los hombres en la espalda.

Y, ante cualquier duda o lesión nueva, "es necesario consultar con el especialista, quien, además de la observación clínica, le examinará con un pequeño aparato de mano, denominado dermatoscopio, capaz de detectar lesiones sospechosas de melanoma en su etapa inicial, cuando es curable con una simple escisión quirúrgica", explica.

Explorar al paciente con un dermatoscopio ayuda a reducir el número de lesiones benignas que deben ser extirpadas (escisiones innecesarias) y mejorar el nivel de sospecha en caso de daños potencialmente peligrosos (mejora el diagnóstico precoz).

En la prevención del cáncer de piel no melanoma y melanoma hay que tener en cuenta el empleo de una protección solar adecuada y someterse a una revisión y un chequeo dermatológicos, fundamentalmente en el caso de las personas de alto riesgo.

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