Según el estudio, publicado en 'Journal of the American College of Cardiology', combinando la electroforesis bidimensional y la espectrometría de masas los abordajes proteómicos son capaces de rastrear muestras de tejido buscando proteínas que estén presentes en diferente cantidad.

"Esto hace posible comparar tejido procedente de una persona con aterotrombosis con el de un sujeto sano, y encontrar en un solo experimento múltiples proteínas presentes en diferente cantidad en el tejido enfermo, que podrían ser testadas como posibles biomarcadores", ha explicado el director del estudio, el doctor José Tuñón, profesor asociado a la Facultad de Medicina de la UAM y al Departamento de Cardiología de la Fundación Jiménez Díaz.

Esta metodología, por tanto, "ahorrará una gran cantidad de tiempo en la búsqueda de biomarcadores y hará que éste y otros campos de la investigación avancen de manera mucho más rápida a partir de ahora".

Hasta ahora, los métodos tradicionales que se han usado para buscar nuevos biomarcadores consisten en estudiar primero en la literatura proteínas involucradas en esta enfermedad, para testarlas luego en estudios con humanos.

Sin embargo, esta estrategia puede llevar hasta unos 10 años para cada proteína. Teniendo en cuenta que el plasma puede albergar hasta 900.000 proteínas, es evidente que esta estrategia tradicional es muy lenta, salvo que se cuente con la suerte de encontrar en los primeros intentos un buen biomarcador.