La obsesión por la piel blanca siempre se ha atribuido a la cultura asiática. Geishas que cuidaban su piel con suma meticulosidad para evitar que se oscureciera, y presumían de una piel blanca, inmaculada. Al mismo tiempo, cuando las personas se medían de forma cruel por una sociedad «clasificada» y en la que el estatus marcaba la posición que se ocupaba, las situadas más altas evitaban los rayos solares para poder distinguirse de las bajas, cuya tez siempre se mantenía bronceada por trabajar en el campo. Todo ello ha desembocado en modas y estéticas que se han distinguido por el color de la piel. Y en muchos casos, esto se ha convertido en una obsesión, como ha ocurrido en la figura de la leyenda del pop, Michael Jackson. O, ¿cómo un joven negro se convirtió en apenas unos años en un hombre blanco?
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