"¿Mi niño tiene fiebre y usted no le va a poner antibióticos?". "Siempre es igual, dos o tres días de ibuprofeno y al final para acabar poniéndole los antibióticos". No es la primera ni será la última vez que un pediatra escuche estas frases en consulta.

Según explica el doctor José Luis Díaz Rodríguez, jefe de pediatría de los Hospitales Quirónsalud Campo de Gibraltar y Marbella, "si usamos mal los antibióticos y los administramos cuando no hacen falta, los gérmenes que viven con nosotros desarrollan resistencias contra él y aprenden a defenderse y a sobrevivir a pesar suyo". "El día de mañana, cuando ese germen aparezca y produzca una infección real, el medicamento no servirá para nada y, aunque se siguen desarrollando nuevos antibióticos, no todos se pueden usar en pediatría", aclara.

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La mayoría de las veces los catarros y las fiebres que presentan los niños, que están bien vacunados, son producidas por virus, frente a los cuales los antibióticos no tienen ninguna utilidad. "Los virus", puntualiza el doctor Díaz, "son pequeños gérmenes microscópicos que infectan con gran frecuencia en la infancia, vuelan literalmente por las guarderías y colegios, que son lugares de alta concentración y hacinamiento de niños. La mayoría no tiene tratamiento y, finalmente, tras luchar contra las defensas del niño durante tres a cinco días, acaban siendo vencidos, persistiendo anticuerpos que ayudarán al pequeño a defenderse mejor la próxima vez que los virus aparezcan".

El tratamiento ante la sospecha de infección viral es la hidratación y los antitérmicos, según el cuadro, y vigilar la evolución del menor. De cualquier forma, siempre hay que estar atentos ante un niño con fiebre persistente y/o mal estado general, porque lo que en principio parece un cuadro viral puede ser finalmente el periodo incubatorio de una infección bacteriana que sí requiera otros tratamientos. Por este motivo, cuando persiste la fiebre en un niño, más allá de 48 a 72 h, es conveniente volver a valorarlo por un pediatra, concluye el doctor.


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