Varios estornudos seguidos y casi siempre en su ambiente laboral. ¿Podría tratarse de alergia al trabajo? No se extrañe, no sería el primero y tampoco el último. Como señala Mar Fernández Nieto, especialista en alergias de la Fundación Jiménez Díaz (Madrid), existen numerosas condiciones en este entorno que pueden afectar a la salud del trabajador, desde jaquecas y resfriados persistentes hasta irritaciones en la piel y los ojos; pero sobre todo afecciones respiratorias. "Hasta un 15% del asma en adultos puede tener relación con algún agente del trabajo, especialmente los de naturaleza química, como los isocianatos, que se utilizan en muchos tipos de industria: en la pintura, para hacer barnices, aislantes, etc.". Así lo ha explicado la doctora en el XXVII Congreso Nacional de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), que se ha celebrado estos días en Madrid.

Sin embargo, llama la atención, subraya Mar Fernández, que, siendo las enfermedades respiratorias de las más frecuentes en el entorno laboral, "se encuentran en el último lugar entre los motivos de consulta a la mutua". Así lo confirma un estudio realizado por esta experta. Probablemente, añade, "el empleado desconoce que debe informar de estas dolencias al médico del trabajo y no al del Sistema Nacional de Salud".

La causa por la que más acuden a la mutua es por problemas osteomusculares. Por ejemplo, las dolencias en la espalda suelen derivarse de trabajos que suponen una exposición diaria a la vibración de todo el cuerpo, como los conductores de tractores o los pilotos de helicóptero. Incluso en la oficina, "el medio de trabajo menos inhóspito, también se produce sobrecarga en las cervicales y en las lumbares", afirma Antonio Iniesta, presidente de la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo (Aeemt).

Para evitar esto, asegura, la silla es un elemento clave. "Debe ser móvil, para ajustar el respaldo y la altura respecto al suelo, que, evidentemente, depende de las características de cada individuo".

Elementos como éste son responsables de un sinfín de dolencias laborales. Sin las medidas de prevención oportunas, un ruido excesivo puede provocar hipoacusia (pérdida de audición), por ejemplo en imprentas, discotecas, salas de máquinas de navíos... Y la exposición a radiaciones ionizantes, a la hora de fabricar aparatos de rayos X o en las consultas de radiodiagnóstico, es capaz de producir alopecia, cataratas y alteraciones de la piel. La lista española de enfermedades profesionales refleja el cáncer de pulmón como otra de las posibles consecuencias.

Según el doctor Iniesta, "si en España mueren al año entre 70.000 y 80.000 personas por cáncer, al menos el 5% tienen un origen profesional". Agentes químicos como el arsénico, que se utiliza para la fabricación de insecticidas, pueden desencadenar tumores en los bronquios. "Son las mutuas quienes deberían encargarse de estas enfermedades cuando se deben a cuestiones laborales", apostilla el galeno.

En definitiva, todo puede afectar a la salud, en mayor o en menor medida. "Si los tubos de la luz hacen reflejo en la pantalla del ordenador, ocasionan fatiga ocular y dolores de cabeza; y si la humedad es inferior al 40% la función de parpadeo se reduce y la sequedad del ojo aumenta", argumenta el experto. Los contaminantes volátiles del aire (procedentes del mobiliario o los productos de limpieza) también tienen su papel, por lo que, para sobrevivir en un ambiente laboral, no sólo la ventilación es clave; también hay que cumplir con el resto de medidas de la normativa sobre la seguridad e higiene en el trabajo.