El diagnóstico de cáncer comienza con una historia clínica y una exploración física minuciosa. Si aparecen indicios de cáncer se deberá proceder a determinar los estudios necesarios para detectarlo.


Las pruebas de detección precoz tratan de descubrir el cáncer antes de que aparezcan los síntomas. Si hay un resultado positivo, se precisarán nuevas pruebas hasta confirmar el diagnóstico.


Finalmente, la biopsia (tomar una muestra del tejido sospechoso) y el estudio anatomopatológico (microscópico) darán el diagnóstico final y comenzará la fase de tratamiento.


En las etapas iniciales del diagnóstico de la enfermedad son necesarios los estudios de imagen que además servirán más tarde para realizar estudios comparativos. Las pruebas analíticas en sangre de marcadores tumorales, entre otras pruebas, servirán también para llegar al diagnóstico y posteriormente evaluar la respuesta al tratamiento. El estudio de la muestra del tejido se utilizará para confirmar el estadío del tumor y sus características genéticas y permitirán apuntar hacia el tratamiento más adecuado.