La Medicina Intensiva se define como aquella parte de la Medicina que se ocupa de los pacientes con alteraciones fisiopatológicas que han alcanzado tal nivel de gravedad que representan una amenaza actual o potencial para su vida y, al mismo tiempo, son susceptibles de recuperación. Por tanto, su actuación se centra fundamentalmente en el enfermo crítico. Se consideran enfermos críticos:

a) Aquellos enfermos que están fisiológicamente inestables, requiriendo de forma continua los cuidados coordinados de un equipo de médicos y enfermeras que se encargan de vigilar constantemente al paciente y tratarlo de forma apropiada.

b) También lo son aquellos pacientes que están en riesgo de descompensación fisiológica y que, por éste motivo, requieren una monitorización constante y la capacidad de una intervención inmediata del equipo del Servicio de Medicina Intensiva para prevenir acontecimientos adversos.

c) Además, su atención también incluye el soporte del potencial donante de órganos. La Medicina Intensiva es una especialidad multidisciplinaria que representa, hoy por hoy, el último escalón asistencial. Los Servicios de Medicina Intensiva y sus Unidades de Cuidados Intensivos (UCIs) son los lugares fundamentales donde se realiza la labor asistencial de la especialidad.

Se trata de Servicios Centrales, de carácter polivalente, dependientes directamente de la Dirección Médica del Hospital, que funcionan en íntima conexión con los demás servicios hospitalarios y del Área de Salud y atienden tanto a pacientes médicos como quirúrgicos con el denominador común de su situación crítica y potencialmente recuperable. Para ello disponen de unas características peculiares de diseño arquitectónico, equipamiento técnico y personal cualificado.