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El acelerador True Beam de la Clínica La Luz.


Tras superar un cáncer de mama, muchas pacientes que han recibido sesiones de radioterapia después de la cirugía se enfrentan a un riesgo a largo plazo de sufrir problemas cardiacos debido a los efectos secundarios de la irradiación en el corazón. De hecho, según la Sociedad Americana del Corazón, la radioterapia convencional dirigida a la mama puede acabar causando problemas como el endurecimiento de las arterias coronarias (aumentando el riesgo de infarto), daños en las válvulas cardiacas o incluso arritmias. "Todo esto supone, en muchos casos, un incremento en el riesgo de mortalidad en el futuro de las pacientes que han superado un cáncer de mama provocado por efectos secundarios sobre el corazón que puede ser superior al riesgo de recidiva del cáncer", según destaca la doctora Rosa Meiriño, especialista de la Unidad de Oncología Radioterápica de la Clínica La Luz.

No obstante, los especialistas de las unidades de Oncología Radioterápica y Radiofísica de la Clínica La Luz han estudiado y registrado en pacientes reales de cáncer de mama tratadas en el centro sanitario que los nuevos aceleradores lineales de última generación, también llamados de "cuarta dimensión" (4D) por incorporar el control del movimiento respiratorio del paciente, reducen el riesgo de exposición a la radiación sobre el corazón y el pulmón.

En concreto, según los resultados preliminares de un estudio realizado sobre un total de 60 pacientes tratadas en La Luz con el acelerador de última generación True Beam, la dosis de radiación a la que se exponen el corazón y el pulmón al tratarse con esta tecnología es al menos un 5% menor que con los aceleradores convencionales.

Según la doctora Elisa Lavado, especialista de la Unidad de Radiofísica, la clave está en el llamado ‘gating’, un sistema que incorpora el acelerador True Beam y que acopla la emisión del haz de radiación al movimiento respiratorio de la paciente durante la sesión, y evitando al máximo por tanto la irradiación de los tejidos y órganos sanos adyacentes al tumor.

Por su parte, el doctor Miguel Ángel Infante, integrado también en el equipo de Radiofísica de La Luz, destaca que "estos datos son relevantes porque indican cuál es el camino a seguir en el futuro para minimizar los efectos secundarios de la radioterapia, que a veces son inevitables y pueden causar problemas al paciente en el largo plazo". De hecho el estudio será presentado este mes de abril en Barcelona en el marco del III Fórum de la Sociedad Europea de Oncología Radioterápica (ESTRO en sus siglas en inglés).


RADIACIÓN EXACTO-PRECISA

El ‘gating’ es una de las ventajas del acelerador True Beam, una plataforma tecnológica que se puede utilizar en todas las variantes de radioterapia externa como la radioterapia guiada por imagen (IGRT), la radiocirugía (IGRS), la radioterapia de intensidad modulada (IMRT) o la radioterapia estereotáxica (SBRT). "El True Beam representa una evolución de la radioterapia convencional y una redefinición de la radioterapia de alta precisión, ya que está diseñado para administrar dosis más altas en volúmenes más pequeños, con un control máximo del depósito de la dosis en los tejidos y órganos, es lo que llamamos radiación exacto-precisa", agrega por su parte el doctor Felipe Calvo, consultor jefe de la Unidad de Oncología Radioterápica de la Clínica La Luz.

Al mismo tiempo, con este sistema los tratamientos se acortan en un 50% respecto a los tiempos que emplea la tecnología convencional, y se reduce también el número pasos necesarios para colocar al paciente, obtener las imágenes y llevar a cabo el tratamiento. En consecuencia un tratamiento de radioterapia con intensidad modulada de dosis que dura diez minutos en un acelerador convencional puede realizarse con True Beam en tan sólo dos minutos. Asimismo, una radiocirugía compleja que hoy puede suponer una intervención de 40 minutos a una hora de duración se puede completar en un plazo de tan sólo 5 a 20 minutos con el nuevo acelerador.

Por último, el doctor Joaquín Martínez, director gerente de la Clínica La Luz, señala que este tipo de tecnología marca el camino de la oncología del futuro, que se basa en "diagnósticos y tratamientos cada vez más precisos e individualizados que reducen al máximo los efectos secundarios y permiten un mayor control de la enfermedad en todo momento".