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A los efectos de acceso a la historia clínica del menor, declaro y certifico que, en la actualidad, ostento la patria potestad sobre el/la menor, comprometiéndome, en caso de que por cualquier eventualidad pierda la patria potestad o tutela sobre el/la menor, a comunicarlo con carácter inmediato al Hospital.

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Psoriasis: síntomas, causas y tratamientos

La psoriasis es una enfermedad crónica de la piel que afecta al 1,5% de la población, consiste en la aparición de manchas rojas y escamosas en rodillas, codos, tronco y cuero cabelludo que causan picor y dolor. Es una enfermedad muy frecuente, bastante desconocida, no contagiosa y fácil de detectar que se manifiesta en brotes con periodos de mejoría, remisión o empeoramiento. La doctora Laia Morell, dermatóloga del Hospital Universitari General de Catalunya, nos explica con más detalle sus síntomas, causas y tratamientos.

El síntoma más característico de la psoriasis es la aparición de lesiones con mucha descamación, de color rojo o blanco y brillantes en rodillas, codos, tronco o cuero cabelludo, especialmente, aunque también puede afectar a uñas, articulaciones, genitales o interior de la boca. Otras manifestaciones comunes son la psoriasis invertida o afectación de los grandes pliegues como el submamario o el interglúteo, áreas de fricción donde la piel se enrojece y emulsiona; la psoriasis palmoplantar, que consiste en placas secas que producen durezas y fisuras en las palmas de manos y pies; y la psoriasis pustulosa, más grave y poco habitual, que se manifiesta por granos de pus. La variante más grave y menos común de la enfermedad es la eritrodérmica, que afecta prácticamente a toda la superficie cutánea, llegando incluso a comprometer la vida del paciente al evitar que la piel realice su función de barrera.

Se considera que la psoriasis está causada por alguna disfunción en el sistema inmunitario que hace que la piel se regenere a un ritmo más rápido de lo normal. Los investigadores apuntan que su aparición es debida a factores genéticos y medioambientales, principalmente. En los primeros, los linfocitos T, unas células blancas de la sangre que contribuyen a protegernos de las infecciones, se activan de manera indebida desencadenando diversas respuestas inmunitarias como la proliferación y dilatación de los vasos sanguíneos de la piel y la proliferación de unas células denominadas queratinocitos. Esto acelera el proceso de renovación celular de la epidermis lo que provoca que las células suban demasiado rápido a la superficie de la piel y se acumulen en la capa córnea, donde se forman placas de escamas blanquecinas. Respecto a los medioambientales se encuentran los factores endógenos como los brotes por estrés emocional y los factores exógenos, causados por determinados medicamentos, el clima, el tabaco, los golpes o traumatismos y el tipo de alimentación.

Sufrir de psoriasis conlleva, en ocasiones, problemas psicológicos a los afectados debidos al gran impacto que les ocasiona la estigmatización social. Es importante, para evitar el desarrollo de la psoriasis, mantener un estilo de vida saludable, ya que está demostrado que problemas relacionados con el sistema metabólico como la obesidad o el colesterol alto aumentan la intensidad y duración de la afección.

Los tratamientos a aplicar varían en función de la gravedad, intensidad y afectación de la psoriasis. En los casos leves, se recomienda un tratamiento tópico con cremas asociadas o no a un fármaco derivado de la vitamina D. En los más graves, se recurre a un tratamiento sistémico inmunodepresor, por vía oral o inyectado. Se utilizan tratamientos fisiológicos, es decir, aquellos cuya diana terapéutica es muy concreta, siendo muy eficaces y dejando pocos efectos secundarios, otra alternativa es la fototerapia, que consiste en dosis de ultravioleta A o B, en función del desarrollo de la psoriasis o una terapia combinada de fototerapia, tratamiento sistémico y tópico ya que permite usar dosis bajas de cada tipo de terapia. También existen alternativas naturales que favorecen la mejora de la enfermedad. La exposición al sol tiene un efecto positivo en la piel, pues regula el sistema inmunitario, así como el contacto con el agua del mar.