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Un grupo de investigadores españoles ha desarrollado un nuevo tratamiento mínimamente invasivo que permite corregir con éxito la fisura de labio y paladar (también conocida como labio leporino). La técnica se basa en la aplicación de proteína morfogenética de hueso en la fisura del paladar y ha sido desarrollada a partir del pachón navarro, una raza de perro española que presenta esta deformación de forma congénita con mucha frecuencia (en un 25% de los cachorros) y en la que ya ha sido probado el procedimiento con resultados satisfactorios. La técnica es menos traumática que la utilizada actualmente, y podría ayudar a un mejor crecimiento facial, evitando cirugías futuras.

Los investigadores, entre los que figura la doctora Beatriz Berenguer, especialista de la Clínica La Luz, han sido premiados por el Congreso de la Asociación Europea de Cirujanos Plásticos y su trabajo ha sido elegido para ser presentado en abril de este año en la cita más importante de la especialidad a escala mundial: el Congreso Americano de Cirujanos Plásticos.

La doctora Berenguer explica que esta técnica, cuyo desarrollo ha sido posible gracias a la financiación del Instituto de Salud Carlos III, la Comunidad de Madrid y la Universidad Complutense de Madrid con el apoyo de Banco Santander, permite corregir esta deformación (la más frecuente de las que afectan a la cara) sin apenas complicaciones y sin interferir en el crecimiento de los huesos faciales, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad.

"La fisura del paladar, que afecta a uno de cada 700 bebés, se opera alrededor de los nueve meses de vida, que es justo antes de que aparezca el primer lenguaje, ya que la deformación impide desarrollar el habla de forma adecuada. Lo que se hace actualmente es levantar todo el tejido del paladar para suturarlo en su línea media. Este procedimiento consigue buenos resultados en cuanto al cierre del paladar y el habla, pero la cicatriz que produce la intervención puede impedir que luego los huesos de la cara crezcan correctamente", señala la doctora Berenguer.

Por eso el objetivo de los investigadores, dirigidos por la profesora Concepción Martínez-Álvarez, titular del Departamento de Anatomía y Embriología Humana I y vicedecana de la Universidad Complutense de Madrid, era conseguir "no sólo cerrar bien el paladar, sino que los huesos crezcan correctamente para evitar posteriores cirugías necesarias para dar un perfil correcto a la cara", agrega la doctora Berenguer.

El objetivo se consiguió mediante la aplicación de proteína morfogenética de hueso en la fisura del paladar para conseguir que los bordes se acerquen "de modo que no haya que levantar todos los tejidos del paladar para cerrar la fisura". "Inyectamos la proteína en los bordes de la fisura y aunque luego hay que abrir y coser no hace falta levantar todo el paladar ni realizar cirugías posteriores como ocurre ahora, y de este modo restringimos menos el crecimiento facial", señala la especialista.

UNA RAZA MUY PURA
Los investigadores se encontraron con la dificultad de que no existían modelos animales lo bastante grandes para desarrollar la técnica con suficientes garantías. Así, tras experimentar in vitro con un modelo de ratón transgénico, investigaron en la literatura veterinaria y finalmente descubrieron una raza de perro, el pachón navarro, que presenta una tasa de fisura de labio, paladar y nariz de casi el 25% de forma natural.

"La raza –explica la doctora Berenguer- se ha mantenido muy pura porque son muy buenos para la caza y los cazadores tienen la idea de que al presentar la nariz partida siguen mejor los rastros, por eso están muy cotizados".

Sin embargo, los cachorros que además de labio y nariz tienen el paladar partido se mueren muchas veces porque no pueden mamar bien. Como estos eran precisamente los que interesaban para la investigación, el grupo contactó con los criadores y les pidieron que les avisaran cuando nacieran cachorros con el paladar partido para poderles aplicar la técnica. "Les alimentamos con tetinas especiales, les operamos con la técnica nueva y ha ido bien", agrega Berenguer.

La aplicación de la técnica en los perros ha logrado resultados satisfactorios hasta edades equivalentes a los cinco años en un niño y los investigadores se plantean ahora el inicio de un ensayo clínico para poder probar la técnica en seres humanos.