La coordinación de los programas terapéuticos en el Hospital Universitario Quirónsalud Madrid facilita la comunicación interdisciplinar tan necesaria en la asistencia a estos pacientes, además de favorecer la continuidad del tratamiento y la aplicación de criterios y objetivos basados en la evidencia.

Siempre que la situación física y psicológica lo permita, se intenta el abordaje ambulatorio, que permite corregir alteraciones sin cambiar de entorno y produce menos disrupción en la vida académica, profesional y social del paciente.
El tratamiento ambulatorio dispone de los siguientes recursos terapéuticos:

  • Tratamiento Psiquiátrico del TCA y patologías asociadas.
  • Tratamiento de patologías orgánicas asociadas y Recuperación nutricional.
  • Talleres de Psicoeducación, Habilidades Sociales y Terapia Ocupacional.
  • Tratamiento de otros problemas psicológicos si existen.
  • Psicoterapia individual del Trastorno de Alimentación. En las sesiones de psicoterapia individual se trabaja en las vertientes consideradas necesarias para alcanzar la recuperación:
    • La personalidad del paciente: aspectos psicológicos o biográficos personales que suponen vulnerabilidad o que han favorecido la aparición o el mantenimiento del trastorno.
    • La propia enfermedad y aquellas dificultades asociadas, que se oponen a la superación de la misma.
  • Terapia familiar y/o de pareja. El contexto familiar es un importante recurso en procesos de recuperación de TCA, y la capacidad de respuesta de la familia puede tener un gran impacto en la evolución del problema. En la UTA trabajamos con la participación de los familiares, procurándoles orientación en la resolución de conflictos, dudas y dificultades habituales en el afrontamiento de la enfermedad.

    En muchos casos, resulta difícil para las personas más cercanas detectar que la conducta alimentaria está alterada. Los pacientes mantienen a menudo la esperanza de superarlo sin ayuda. La vergüenza les lleva a esconder síntomas y a evitar contar dificultades, incluso a costa de perder contacto con la familia.
    En otros casos, la persistencia de conductas alimentarias extrañas puede parecer a los padres un desafío a su autoridad y, por tanto, una cuestión educativa. Sin embargo, actuaciones que resultarían apropiadas en la comunicación familiar habitual o en la educación de los hijos, se vuelven poco eficaces para manejar una crisis de estas características. La implicación emocional que cualquier padre o madre tiene con sus hijos, si bien es un factor de motivación en la búsqueda de tratamiento y en el afrontamiento de la enfermedad, también implica altos niveles de sufrimiento. El apoyo terapéutico resulta indispensable para actuar con calma cuando más difícil resulta.
    Durante el proceso de tratamiento se fomenta el discernimiento de las conductas propias del paciente de aquellas que constituyen sintomatología y que tienden a complicar la convivencia, dificultar las relaciones y afectar al estado de ánimo y los niveles de ansiedad general.

    La familia o pareja aprende qué debe delegar en el equipo terapéutico y cual es la dinámica que puede mantener para favorecer la salud en el entorno familiar.
    En las sesiones de terapia de familia se proporcionan pautas de actuación, específicas para cada familia o pareja, destinadas a fomentar la evolución positiva del paciente y lograr una mejora de la comunicación y el clima afectivo general. La programación del tratamiento se realiza en coordinación constante con el resto del equipo, en función del programa terapéutico (ambulatorio, hospital de día o ingreso) y la individualidad del paciente.

  • Terapia de grupo específica. En las terapias de grupo se ofrece una síntesis del conjunto del tratamiento psicosocial.
    Están indicadas en pacientes con patología leve o para complementar la psicoterapia.
    También se aplican cuando el apoyo de otras personas afectadas, puede favorecer la toma de conciencia de aspectos del problema que, por diferentes motivos, no emergen en la relación con el terapeuta.
    Algunos grupos funcionan como espacio para facilitar la integración del paciente a su medio social.
  • Comidas supervisadas para la reeducación de la conducta alimentaria. Mediante la asistencia al comedor terapéutico, algunos pacientes pueden alcanzar un adecuado estado nutricional sin tener que recurrir al ingreso.

    Este recurso consiste en el acompañamiento del paciente durante las comidas para una correcta observación y modificación de su comportamiento alimentario.

    El análisis de los diferentes elementos que componen la conducta y reflejan la relación que el individuo mantiene con la comida permite realizar la evaluación de la sintomatología alimentaria del paciente y determinar sus dificultades.

    El resultado de la evaluación es seleccionar - siempre en colaboración con el paciente - los objetivos terapéuticos y poder atender su evolución.