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Blog de la Dra. Fernández Letamendi. Geriatría. Hospital Quirónsalud Zaragoza

  • Síndrome de sobrecarga del cuidador del paciente con demencia

    imagen postimagen postEl síndrome de sobrecarga del cuidador, o "del cuidador quemado", como también se le conoce, es un estado de agotamiento físico, emocional y mental que padecen las personas responsables de cuidar a un ser querido a largo plazo, y se detecta con muchísima frecuencia en las consultas de Geriatría cuando se valora a pacientes con deterioro cognitivo (demencia).

    En la mayoría de los casos, el rol de cuidador recae en un familiar, muchas veces el cónyuge o hijos. A la sobrecarga física y continua de cuidar a un paciente que, cada vez, va a necesitar más supervisión y, que progresivamente, se va a ir haciendo mas dependiente, se une una mezcla de sentimientos (enfado, frustración, negación, tristeza, ansiedad…..) y un duelo ambivalente (la persona esta físicamente, pero ya no es ella psíquicamente) que es el cóctel perfecto para padecerlo.

    Este síndrome representa un riesgo potencial para la salud del cuidador, que puede desembocar en un cuadro ansioso depresivo severo, y afectar a la atención que éste proporciona a su ser querido. Conocer la enfermedad y sus manifestaciones, contar con ayuda, romper el aislamiento y trabajar el autocuidado (conversar con amigos y familiares, alimentación saludable, ejercicio y técnicas de relajación....) nos ayudará a evitarlo. Por ello es muy importante detectarlo precozmente. Un Geriatra será el especialista que podrá ayudarte, no solo aconsejándote sobre como relacionarte con tu familiar con demencia, si no detectando sí, como cuidador principal, padeces este síndrome.

    ¿Cuando podemos sospecharlo?

    En muchas ocasiones se nos refiere por parte del cuidador que lo que primero que aparece es la sensación de sentirse sobrepasado, de no llegar a hacer todo lo que tienen que hacer. A este sentimiento se pueden asociar:

    • Sensación de estar cansado todo el día, con sentimiento de soledad, de vacío…
    • Trastornos del sueño
    • Irritabilidad: "se salta" por todo, especialmente en temas relacionados con el cuidado, se enfada y se pierde con mucha facilidad la paciencia con el/la paciente….
    • Nivel de estrés y ansiedad elevados
    • Se aísla de actividades de relación con otros, se abandonan aficciones, se muestra desinterés por nuevas experiencias, tienen sensación de que han perdido el autocontrol de los sucesos y elecciones vitales (uno de los predictores mas fuertes de depresión posterior).
    • Aparecen síntomas físicos que no se justifican por patologías, o empeoran los síntomas de enfermedades previas, especialmente en relación con cefaleas, dolores musculoesqueléticos o síntomas gastrointestinales.
    • Sentimiento de abandono o percibir que otros familiares se desentienden de la situación y de las necesidades de cuidado de la persona enferma.
    • Sentimientos de culpa por creer que no están atendiendo suficientemente bien a su ser querido, especialmente si la situación obliga a un ingreso en un centro residencial.

    Si aparecen uno o varios de los síntomas referidos, lo recomendable es acudir a un especialista para ser valorad@ y poder poner las medidas para minimizarlo y tratarlo a tiempo.

  • Evidencia científica de los beneficios de la musicoterapia en el paciente con demencia

    • La musicoterapia, que no hay que confundir con la música recreativa, está englobada dentro de las terapias no farmacológicas de la demencia (entre otras patologías neurodegenerativas). Utiliza la música como herramienta fundamental dentro de un tratamiento implementado por un profesional (musicoterapeuta), que trabaja aspectos físicos, psicológicos, cognitivos o sociales concretos.
    • En España, está registrada como ocupación laboral desde el año 2011, y su formación reglada se imparte como estudios de posgrado (Master) en diversas universidades y centros privados, de acuerdo con el Sistema de Acreditación Europeo de Musicoterapeutas Profesionales, amparado por la European Music Therapy Confederation.
    • La integración de la musicoterapia en el Sistema Nacional de Salud es todavía incipiente. Existen múltiples experiencias clínicas en el ámbito hospitalario con pacientes oncológicos, bebés prematuros, unidades de quemados, tratamiento del dolor... Con respecto a la enfermedad de Alzheimer (EA) y otras demencias, las intervenciones aparecen fundamentalmente en el ámbito privado y en proyectos aislados promovidos por diversas entidades público-privadas.
    • Sabemos que escuchar y producir música provoca activación de varias zonas del cerebro y trabaja el procesamiento de las emociones, la percepción, la atención, la memoria, potencian la integración neurosensorial, la plasticidad y ayudan en el procesamiento del lenguaje.

    ¿Qué evidencia existe sobre el beneficio de la musicoterapia en las personas con demencia?

    • En las primeras fases de la demencia pueden afectarse la prosodia y la sintaxis, lo que puede dificultar la interpretación, el tono y la intencionalidad de un mensaje. Sabemos que la adquisición y el procesamiento adecuado del lenguaje, en las primeras etapas de la infancia, se solapa a la adquisición y procesamiento de la música, ya que el cerebro considera la música como un tipo de lenguaje, y será más adelante, cuando ya separe la interpretación de los 2 dominios. Además de potenciar emociones positivas, la música prácticamente nunca despierta ciertas emociones como culpa, vergüenza o ira. Por ello la música ayuda a obtener resultados en la rehabilitación del lenguaje en daño cerebral adquirido.
    • Diversos estudios han desvelado que las personas con demencia tienen dificultades para recibir, procesar y responder a estímulos ambientales, y pueden reaccionar como si estuvieran en una situación de amenaza. La música ha mostrado cierta eficacia en la reducción de síntomas ansiosos, depresivos y en la reducción de los episodios de agitación y agresividad en personas con demencia.
    • Escuchar música ayuda a recuperar recuerdos autobiográficos y asocia a su mnemotecnia el aprendizaje de información nueva, al incorporar música a la tarea, ya que favorece la codificación diversificada de dicha información. Esta mnemotecnia musical por lo tanto, va a favorecer el funcionamiento de la memoria general.

    Existen aspectos especiales a considerar a la hora de utilizar la música en el ámbito de la geriatría

    • Repertorio: ha de extraerse de los cuestionarios de preferencias musicales, destacando el repertorio de la juventud de los participantes (aquel que se atesora entre los 18 y 25 años).
    • Ritmo y tempo: aunque el envejecimiento lleva añadido un enlentecimiento en las funciones motrices, el tempo de las canciones puede verse acelerado o ralentizado. Éste es también un factor con gran variabilidad individual, siendo preciso el ajuste por parte del musicoterapeuta frente a un paciente o grupo determinados.
    • Música en vivo: tiene mucha más aceptación y una gran capacidad de adaptación al momento, si bien es cierto que determinadas grabaciones son una herramienta indispensable para trabajar, por ejemplo, la reminiscencia.
    • Extensión vocal: a menudo, con el envejecimiento las voces de las mujeres se atenoran, mientras que las de los hombres se atiplan. El acompañamiento debe adaptarse para que las personas puedan participar cómodamente en el canto.
    • Volumen: adaptando la intensidad del sonido a las necesidades del paciente anciano de acuerdo con su capacidad auditiva.
    • Instrumentación: las personas mayores suelen preferir música melódica acompañada de manera sencilla con acordes que hacen destacar la melodía y la voz frente a la armonía y el ritmo. Por otro lado, a la hora de ofrecer instrumentos para acompañar o realizar improvisaciones, es importante tener en cuenta la capacidad auditiva y motriz de cada persona.

    La herramienta principal de la musicoterapia es obviamente la música, pero presentada a través de diferentes técnicas. El conocimiento de la situación basal del paciente anciano (gracias a la valoración geriátrica integral), así como su historia musical, es fundamental para el éxito de la terapia, que por supuesto siempre debe estar dirigida por un profesional acreditado y suficientemente cualificado.

    Bibliografía: Sequera-Martín et al. " Musicoterapia en la demencia del paciente anciano: fundamentos, aplicaciones y evidencia científica actual". Psicogeriatría 2015; 5 : 93-100.

  • Los pacientes mayores con demencia y el confinamiento: el antes y el después

    El confinamiento ha supuesto, en miles de hogares de pacientes con demencia, una dificultad añadida a su día a día muy importante. Es importante visibilizar esta situación, ya que ocasiona una disrupción, per sé, muy importante en las dinámicas familiares, que en éste contexto, puede llegar a hacerse muy complicada.

    En los pacientes con demencia, los cambio en sus rutinas diarias, como dejar de salir a dar un paseo, hacer la compra, ser visitados por sus seres queridos o cambiar sus ritmo sueño-vigilia, puede repercutir muy negativamente en otros muchos factores. Entre las alteraciones que con más frecuencia aparecen encontramos:

    1. Dificultades en la orientación en el domicilio.
    2. Problemas con la toma correcta de medicación: si se levantan más tarde, los horarios de toma de medicación se modifican y las tomas no siguen el horario recomendado.
    3. Falta de higiene: como no van a salir, no la asocian a otra actividad y no la integran como algo necesario, se resisten a ella… o pueden aparecer apraxias como lavarse con agua pero no con jabón, o no recordar como aclararse, por ejemplo...
    4. Aumento de ansiedad, irritabilidad o pensamientos rumiativos. Pueden tener asociadas alteraciones en el sueño o, incluso, episodios de desorientación o agitación durante la noche.
    5. Cambios en el apetito con hiporexia o hiperfagia.
    6. Puede iniciarse o empeorar cuadros alucinatorios, con delirios de perjuicio, de ruina, robo o delirios celotípicos . En estos contextos, pueden pensar que sus familiares no los quieren, y por eso los han visitado menos, y mostrarles rechazo ante la visita.

    Como ya recomendamos en anteriores entradas de nuestro blog (" Recomendaciones para adultos mayores durante el confinamiento"), reorientar las rutinas y adaptarlas, pero respetando los ritmos circadianos, es fundamental para mantener un "orden" en nuestras vidas y no favorecer la descompensación de patologías crónicas. Lamentablemente la demencia es una enfermedad crónica degenerativa, sin cura, pero, en la medida que sea posible, intentaremos ralentizar la evolución de la misma.

    ¿Que podemos hacer si hemos notado este empeoramiento en nuestros mayores con demencia?


    1. Ahora que la situación entraña un riesgo más asumible, es bueno potenciar los paseos, tomando las medidas de protección adecuadas. Hay que tener en cuenta, que es posible que los encontremos mas débiles y "torpes" al caminar, simplemente por la inmovilidad vivida. No obstante vigilaremos que esta dificultad al caminar sea homogénea y no sea sólo de un lado del cuerpo, ya que, si es así, se debería consultar con el especialista.
    2. Es importante realizar ejercicios de estimulación cognitiva y reminiscencia, como por ejemplo: realizar con ellos un menú semanal, leer las noticias principales de la prensa, recordar con ellos a través de fotos los nombres de los familiares mas cercanos, o dejarles notas tipo "post-it" para marcar detalles o cosas importantes, que ayuden en el recuerdo.
    3. Recomendamos actividades que les ayuden a expresar sentimientos vividos en esta fase (como puede ser que hablen de ello o lo escriban). Es importante ofrecer conversación que resuelva sus dudas e inquietudes, de manera sencilla, tranquila y adaptada, para intentar disminuir la ansiedad asociada a esta situación. También es recomendable, si no podemos visitarlos, realizar video-llamadas.
    4. Debemos intentar crear un ambiente tranquilo donde residan, no tener la televisión o radio muy alta, procurando no abusar de usar la TV como "medio de entretenimiento".
    5. Cuando se enfrenten a nosotros, la tendencia natural es a gritar mas fuerte que ellos o utilizar la fuerza. Nunca es lo recomendable, ya que conseguimos el efecto contrario, con conductas de rechazo posteriores hacia esa rutina (acostar, duchar, salir a la calle…). Debemos utilizar un tono de voz suave, pero firme. La experiencia nos dice, que intentar reconducir la conversación hacia otro tema, no forzar la situación y cambiar a otra actividad/conversación mas relajante, puede ser de gran ayuda.
    6. Es crucial vigilar y tener en cuenta la sobrecarga del cuidador principal, especialmente en el caso de que sea el cónyuge, que también será mayor. Además, con el confinamiento, en muchas ocasiones, se ha tenido que prescindir temporalmente de cuidadores habituales o de atención en centros de día especializados , que antes proporcionaban un respiro.

    Si a pesar de estas medidas, tenemos dudas sobre el manejo y recomendaciones, el paciente no mejora, o si aparecen alucinaciones, cuadros de heteroagresividad, mayor apatía (falta de ganas de hacer cosas) o tristeza, es conveniente contactar cuanto antes con el especialista, para que podamos valorar al paciente y determinar si esta alteración está englobada dentro de la evolución esperable de la enfermedad o puede haber alguna causa concomitante y reversible que se pueda tratar.

  • Depresión en el anciano

    El ánimo triste no forma parte del envejecimiento normal y no es un acompañamiento natural e inevitable del mismo. La depresión es el trastorno afectivo más frecuente en el anciano y no siempre es fácil de detectar, ya que puede presentarse de manera atípica.

    Todos entendemos que, cuando tenemos un problema de salud, tengamos un ánimo decaído, reactivo a esa situación. Sin embargo, y especialmente en el adulto mayor, el mismo proceso depresivo complican el tratamiento de las enfermedades físicas y aumentan el riesgo de presentar nuevas enfermedades, estableciendo un circulo vicioso del que es difícil y complicado salir, sin ayuda especializada. Este retraso en el diagnóstico y tratamiento, disminuye de forma sustancial la calidad de vida del paciente, puede abocarlo al aislamiento y la discapacidad e incluso al suicidio, que duplica sus tasas a partir de los 65 años. Por lo tanto, el diagnóstico y el tratamiento de la depresión es de vital importancia en el anciano.

    Características especiales de la depresión en el anciano

    Es recomendable que ante cualquiera de estos indicios se consulte con un Geriatra, que podrá hacer una valoración exhaustiva e iniciar el tratamiento más adecuado a cada paciente.

    1. Acentuación patológica de los rasgos premórbidos: muy a menudo, son los familiares los que nos relatan en consulta, que el/la paciente "siempre ha tenido un carácter especial", "se ha agobiado mucho por todo", "ante cualquier adversidad estaba triste y le costaba remontar..". Son muchas las ocasiones en las que los pacientes que valoramos presentan distimias u otro tipo de trastornos incorrectamente tratados o incluso sin tratamiento, de años de evolución. Especial importancia tiene detectar si existen antecedentes de abuso de sustancias, en especial, del alcohol.
    2. Escasa expresividad de la tristeza con dificultad para reconocer los síntomas depresivos. La idea preconcebida de que la vejez debe ir asociada a deterioro, hace que el propio paciente normalice esos sentimientos, niegue la patología y se resigne a no demandar ayuda porque cree que no puede mejorar.
    3. Tendencia al retraimiento y aislamiento, sobretodo si además asocian algún tipo de discapacidad (visual, auditiva, funcional o cognitiva). La jubilación y la viudedad, son momentos vitales delicados. La soledad elegida debe ser respetada cuando el mayor es capaz de autocuidado, pero debemos estar muy al tanto de la red de apoyo sociofamiliar que presenta el paciente.
    4. Expresión frecuente en forma de quejas somáticas y alta prevalencia en relación con otras patologías: quejas de dolor osteoarticular, torácico, abdominal, cansancio o incluso de deterioro cognitivo, pueden esconder un trastorno depresivo. Entre las patologías crónicas más relacionadas con la depresión destacan la demencia, la insuficiencia cardiaca, la diabetes, la enfermedad cerebrovascular, la incontinencia y los problemas osteoarticulares. Muchos fármacos que se usan para tratar estas patologías, pueden provocar sintomatología depresiva.
    5. Mayor presencia de trastornos de conducta: irritabilidad, heteroagresividad verbal e incluso física, trastornos de conducta alimenticia, delirio y síntomas psicóticos….pueden aparecer en la depresión atípica del anciano.
    6. Frecuentemente se asocia a deterioro cognitivo: tanto el paciente como la familia refieren deterioro en memoria reciente, despistes, etc.. desde hace un tiempo. La depresión puede ocasionar este deterioro, o puede ser una fase inicial del mismo (lo que antes denominábamos la "Pseudodemencia depresiva").
    7. En los pacientes con demencia ya diagnosticada, deberemos estar alerta sobre síntomas de nueva aparición, como: apariencia triste con labilidad emocional, demanda excesiva de atención, signos de autoagresión o gritos/conductas con contenido de índole depresivo, variación diurna del humor con/sin agitación, escasa reactividad al ambiente, enlentecimiento motor o verbal y trastornos alimenticios (hiporexia o negativa a ingesta), deben hacernos sospechar concomitancia con depresión.
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Sobre este blog

En el blog de la Dra. Fernández Letamendi, queremos acercar el mundo de la Geriatría a nuestros mayores y sus familiares, presentando una especialidad que, hasta no hace mucho tiempo, era desconocida para la mayoría de la población y que cada vez esta tomando más protagonismo, debido al envejecimiento progresivo y a la mayor esperanza de vida de la población.

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