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Blog del Sº de Cirugía Oral y Maxilofacial & Unidad de Odontología y Periodoncia Hospitalaria. Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo

  • ¡¡Tercer aniversario del Servicio de Cirugía Maxilofacial del Ruber Juan Bravo!!

    Dres. Javier Arias y Manuel Chamorro

    Pues sí, acabamos de cumplir tres años siendo los responsables del servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial y Odontología Hospitalaria del complejo hospitalario Ruber Juan Bravo.

    Tres años parecen poco, o mucho, según la perspectiva.

    Servicio de Cirugía Maxilofacial complejo hospitalario Ruber Juan BravoServicio de Cirugía Maxilofacial complejo hospitalario Ruber Juan Bravo

    En mayo de 2016 comenzamos cuatro cirujanos maxilofaciales: los Dres. Manuel Chamorro, jefe del servicio, y Javier Arias, que firmamos este texto del blog, Gastón Demaría y Antonio López Davis. Con nosotros estaban el Dr. Margarit como odontólogo especialista en rehabilitación de implantes, y el Dr. Lorente como periodoncista. Nuestra enfermera Lorena Alcalde y nuestra auxiliar Viara Valentinova completaban el cuadro profesional.

    Los primeros meses fueron frenéticos de puertas adentro, para poner a punto un servicio, que, si bien contaba con instalaciones puestas ya años atrás, en realidad comenzaba desde cero. Una de las ventajas de estar en la Ruber es que se trata de un hospital con un extraordinario prestigio, algo que tanto los profesionales como los pacientes conocen. Esa ventaja, sin embargo (como los superpoderes de Spiderman) conllevaba una gran responsabilidad. La exigencia de estar a la altura del hospital y del resto de sus servicios médicos y quirúrgicos. Desde el principio, nuestro principal objetivo ha sido dar un servicio completo en todas las áreas de la cirugía maxilofacial y la odontología.

    La cirugía con láser, los implantes con cirugía guiada y carga inmediata, los nuevos tratamientos con implantes dentales personalizados, los diseños en 3D, la cirugía reconstructiva con técnicas de microcirugía, la cirugía mínimamente invasiva, son algunas de las áreas en constante evolución, y que en un hospital como el Ruber debemos manejar con soltura en beneficio de nuestros pacientes. Y eso no lo puede hacer una sola persona. Hemos necesitado un equipo, y un equipo grande, además, para tener a punto todas estos nuevos ámbitos de la cirugía maxilofacial.

    Después de algunos cambios y muchas incorporaciones, actualmente el servicio se compone de siete cirujanos maxilofaciales, seis odontólogos, una técnico de laboratorio-higienista, una enfermera, tres higienistas, una auxiliar de clínica y una coordinadora de consulta. Se trata de una estructura viva, aún en crecimiento, sobre todo desde que tenemos a nuestra disposición un área específica de tratamientos con sedación.

    Dar un servicio completo en todas esas áreas no es tarea fácil. La cirugía maxilofacial es una especialidad muy amplia y compleja, y ningún cirujano maxilofacial puede ser experto en todas sus facetas. La cirugía ortognática, la rehabilitación dental con implantes, la cirugía oral, la medicina oral, el dolor orofacial, la maxilofacial infantil, el tratamiento de la apnea del sueño, la cirugía oncológica, la reconstrucción de cabeza y cuello, la cirugía y medicina estética facial, la cirugía craneofacial, la microcirugía, y el tratamiento de la parálisis facial, son algunas de las áreas en la cirugía maxilofacial, en las que cada uno de los maxilofaciales podemos ser más o menos expertos. De manera que, si queremos cubrir con calidad todas las facetas, necesitamos varios cirujanos, que nos enriquezcan cada uno con sus conocimientos y habilidades específicas. Hoy ya somos siete cirujanos maxilofaciales, gracias a las incorporaciones de las Dras. Teresa González Otero y Marta Redondo Alamillos y el Dr. Alberto Candau Álvarez. Con estas incorporaciones podemos decir con confianza que podemos atender con gran calidad toda la patología maxilofacial que pueda presentar el paciente.

    La odontología también es una especialidad muy amplia, que a su vez tiene varias ramas. Hemos aumentado el número de médicos dentistas (estomatólogos) y de odontólogos para tratar a cada paciente con la mayor calidad, sea cual sea la patología que presente. Nuestra periodoncista Cristina Puente, nuestra ortodoncista Laura Ballesteros, nuestro odontólogo estético y prostodoncista Julián Martínez Lozano, nuestros odontólogos restauradores y prostodoncistas José Marín y Eva López, y nuestro prostodoncista y endodoncista Luis Margarit cubren todas las necesidades de nuestros pacientes. María Teresa García Bravo se dedica a tiempo completo a preparar y ajustar las férulas de descarga de nuestros muchos pacientes con bruxismo y dolor orofacial. Nuestros odontólogos, además, deben tratar casos de mayor complejidad que la que suele presentar el paciente habitual que acude a una clínica dental no hospitalaria. Pero ser capaces de dar un tratamiento excelente en casos muy difíciles conduce a que los tratamientos más "fáciles" salgan más impecables aún si cabe.

    A nuestras enfermeras Lorena Alcalde y nuestra auxiliar Viara Valentinova se han unido las higienistas Miriam Abad, Marta Lozano y Esther García Hernán. Y de la misma manera que hemos procurado con las incorporaciones de odontólogos y cirujanos, hemos buscado un equilibrio entre la juventud y la experiencia, porque sin duda ambas facetas son necesarias.

    Finalmente, pero no por ello menos importante, María José Amorós es nuestra coordinadora de consultas.Resulta una figura fundamental para coordinar los tratamientos de los pacientes con los diferentes especialistas, para organizar las agendas, los profesionales, los turnos, y para llevar el día a día y participar en las decisiones estratégicas de la consulta.

    Estos tres primeros años nos han dado muchas satisfacciones, algún susto, unas cuantas penas, pero, sobre todo, nos han dado muchísimo trabajo. Esperamos seguir a más y a mejor en los próximos años, trabajando mucho y bien.

  • Los pintores pintando, como debe ser (o cómo solucionar un problema como un verdadero profesional)

    Los pintoresLos pintores

    Dr. Javier Arias Gallo

    Este es un post que se veía venir.

    Hace unos meses publiqué un post con mi traumática experiencia como pintor aficionado (pintando la habitación de nuestro hijo mayor). Aquí está en enlace a tal aventuraEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Ahora ha venido la revancha: hemos tenido que pintar varias zonas de la casa. En principio, sólo íbamos a pintar la habitación de nuestro hijo mediano. Había que quitar el papel de la pared, porque los piratas con proporciones de bebés y los pajaritos (también cabezones) por lo visto no son la decoración favorita de los chicos de 15 años aficionados al rap y a reggaeton de hoy en día. Resuelto a no tropezar con la misma piedra que el año pasado, contratamos a unos pintores profesionales.

    En mis lejanos tiempos de residente, con más frecuencia de la deseada venían a la urgencia pacientes con el síndrome del poyaque. "Poyaque estoy aquí con esta infección de orina, ¿me podría mirar este grano de la nariz con el que llevo 17 meses y nunca se me ha ocurrido consultárselo al médico de cabecera?". Es algo humano aprovechar el paso del Pisuerga por Valladolid, así que yo me dispuse a hacer lo mismo con los pintores. Ya que iban a pintar la habitación, porqué no darles un repaso a las otras paredes en las que el paso del tiempo y los balonazos, patadas y restos de kétchup habían dejado su huella.

    No se trataba de pintar toda a casa. Se trataba de resolver lo más urgente. Había que seleccionar qué paredes (paños en lenguaje de pintor) pintar, sin montar mucho zafarrancho. Para ello, la primera tarea consistía en… mirar las paredes. No sé en el caso de ustedes, pero no es una de mis actividades favoritas. Además, soy un poco miope (1,5 dioptrias, no se me asusten pensando que opero al tacto), lo que significa que a partir de 1-2 metros, sin gafas, los detalles finos de las cosas se me nublan como las fotos del móvil con filtro "beauty". Así que me di un buen y meticuloso paseo por la casa, escrutando las paredes como si estuviera ante La rendición de Breda, con una mano en la espalda y la otra en la barbilla…. Una recomendación de médico a paciente: no hagan esto en sus casas si no tenían pensado pintar la casa. Se pueden llevar una sorpresa muy desagradable.

    Una vez decidimos qué paños pintar, mediante el criterio de seleccionar los más bochornosamente sucios y agrietados, siempre que pintarlos no implicara mover muebles de más de 20 kg, y una vez aceptado el presupuesto, los pintores se pusieron manos a la obra. Y en tres días terminaron. Y de propina nos arreglaron una puerta que estaba algo desvencijada.

    Siento no poder abundar en detalles y anécdotas jugosas sobre el proceso de pintar. Esos días trabajé desde las 9 a las 20 horas, así que no les llegué a ver pintar. Cuando acabaron, hubo que pasar la aspiradora…. Y ya está.

    Los pintoresLos pintores

    Esto es lo que hacen los verdaderos profesionales: se encargan de solucionar los problemas de los demás, sin generar problemas nuevos, cobrando por ello.

    En el campo de la medicina y de la cirugía, ser un profesional también (no sólo, pero también) debe implicar solucionar los problemas del paciente sin crear otros. O por lo menos, ese debe ser el objetivo. La metáfora de la reparación del hogar no llega muy lejos en el caso de la cirugía: no siempre podemos dejar un cuerpo como nuevo; siempre se notan algo los desconchones, aunque pintemos por encima; las cañerías nunca se pueden arreglar del todo; el sistema eléctrico sigue dando cortocircuitos y nunca se descarta el peligro de incendio; la puerta de entrada nunca cierra del todo; y por las ventanas siempre entra aire cuando hace mucho viento. Y a veces, cuando arreglamos el sistema eléctrico se estropea la fontanería, o se cae una pared.

    Aún así, poner amor y detalle en cada una de las cosas que hacemos, atender a los pacientes "atentamente", enfrentar todas las cirugías, las fáciles y las difíciles, como si fueran (¡que lo son!) lo más importante del mundo en el momento en que las hacemos; todo eso es parte de ser buen profesional. Hay muchas más partes. No caben en este post.

  • Tranquilidad en tiempos de pandemia

    Dr. Manuel Chamorro Pons

    Coronavirus y salud bucodentalCoronavirus y salud bucodental

    Sabemos ya sobradamente que el contagio por coronavirus ha sido uno de los mayores problemas sanitarios de la sociedad moderna. Ha costado miles de vidas humanas y está lejos de ser erradicado de forma completa.

    ¿Significa esto que no vamos a poder hacer una vida relativamente normal hasta que llegue la ansiada vacuna y este virus sea un triste recuerdo?

    Obviamente no. Una vez pasados los peores momentos de la epidemia, aunque el virus no hay desparecido por completo, tenemos que empezar a retomar una vida laboral y social. No hay más remedio.

    Hay que tener en cuenta que ya conocemos muchas cosas sobre el comportamiento del virus y poco a poco lo vamos dominando.

    ¿Qué ocurrió entonces hace unas semanas en las que todo parecía descontrolado y las víctimas se multiplicaban exponencialmente?

    Pues que el virus irrumpió en pueblos y ciudades y se encontró con una población totalmente desprotegida, no concienciada y le fue fácil contaminar masivamente a las personas. Estoy pensando, por ejemplo, en los atestados vagones del metro de Madrid. La gente en estrecha proximidad transmitió el virus masivamente. Se contagiaron vagones enteros y en un periodo de tiempo muy corto. Lo mismo pasó en comercios y calles, cines y teatros. Los Hospitales se colapsaron. Los sanitarios, médicos y enfermeras, contrajeron también la enfermedad en su afán de tratar a los pacientes que llegaban sin cesar. Un caos.

    Afortunadamente todo esto ha pasado. Tras unas semanas de confinamiento se ha parado el duro golpe y ahora el tema es totalmente diferente.

    Conocemos el comportamiento del virus, sus vías de transmisión y la población está informada.

    El coronavirus se transmite de persona a persona por vía respiratoria. Es decir al hablar o al toser emitimos diminutas gotitas de saliva que nuestro interlocutor, o una persona que esté al lado, puede incorporar a su interior por la boca o la nariz e infectarse.

    También existe la posibilidad de que estas gotitas caigan sobre superficies como mesas, pomos de puertas etc., las lleguemos a tocar llevándolas seguidamente a la boca o nariz nosotros mismos de forma inadvertida. Este tipo de transmisión, aunque existe, es menos probable que el que hemos comentado en primer lugar.

    ¿Qué hemos de hacer entonces? Parece muy claro que si reflexionamos un instante sobre la vía de transmisión del virus, lo más lógico es que todos usemos una mascarilla de protección.

    Parece mentira que una medida tan simple y tan poco sofisticada como ésta haya tardado tanto tiempo en hacerse obligatoria. Hemos oído muchas cosas en relación con las mascarillas: que no eran efectivas, que solo tenía que llevarlas la gente enferma…. Lástima que no hayamos tenido indicaciones claras que hubieran salvado muchas vidas precisamente por prevenir el contagio. El uso de la mascarilla por todos es esencial. Tengamos en cuenta que al llevarla todos, el efecto barrera se multiplica. Posibles personas contagiadas tendrán muy difícil diseminar el virus al llevar mascarilla. Pero se suma a esto que personas sanas, susceptibles de contagiarse, también al llevar mascarilla pero se suma esto a que personas sanas susceptibles de contagiarse también la llevan. Lo que constituye una doble barrera muy difícil de traspasar por una gotita de saliva.

    Entonces; ¿es posible hacer una vida totalmente normal llevando mascarilla? La respuesta es no. En primer lugar tenemos que saber ponerla y quitarla adecuadamente y además evitar contactos estrechos y aglomeraciones, lo que aumentará así el efecto protector de las mismas.

    El mejor consejo que puedo dar para manejar la mascarilla de forma adecuada es lavarse las manos antes de ponerla o quitarla. Así como manejarla siempre por las gomas. Evitando tocar la parte interior, que es la que va a quedar en contacto con nuestra nariz y boca.

    Si todos llevamos mascarilla podremos hacer, si no una vida normal, sí lo más parecido a una vida normal. Tengamos en cuenta que seguramente será una medida temporal, pues la vacuna llegará con suerte el próximo año y nos librará de todo.

    ¿Podemos visitar al médico entonces? ¿Y al dentista?

    Por supuesto que . Piense que además de las mascarillas en las consultas médicas se han adoptado medidas de seguridad adicionales. Por ejemplo en el Servicio de Cirugía Maxilofacial y Odontología del Hospital Ruber Juan Bravo, sus zapatos quedarán desinfectados al entrar, pues pasará por una alfombra sanitaria especial. La persona de recepción le atenderá a través de una mampara y todo el personal lleva mascarilla constantemente y vestuario desinfectado. Si hay que realizarle algún procedimiento dental, el profesional se equipará adecuadamente y trabajará en su boca de forma totalmente segura. Además todos los miembros del Servicio se han realizado las correspondientes pruebas analíticas.

    Las consultas médicas, como tantas otras cosas, se han adaptado para trabajar de forma segura. Más, si cabe, las consultas de Cirugía Maxilofacial y Odontología pues como hemos comentado, al ser la saliva el vector principal de transmisión, nos vemos obligados a redoblar las medidas de protección para trabajar de forma cien por cien segura.

    Le esperamos en nuestro Servicio. Venga sin ningún tipo de temor. Estamos preparados para atenderle de forma totalmente adecuada y segura.

    No retrase más el tratamiento si ya lo había iniciado. Seguramente nuestro personal se habrá puesto en contacto con Vd. para actualizar las citas. O lo hará en breve.

    Si nunca nos ha visitado, sepa que puede hacerlo con total confianza y seguridad. Le esperamos.

  • ¿Por qué hacemos las cosas? ¿por qué nos operamos de cirugía estética? ¿y qué tiene que ver el piano en todo esto?

    Dr. Javier Arias Gallo

    Así, en general… Menuda pregunta. Como pasa siempre en estas entradas de blog, voy poco a poco o de golpe arrimando el ascua a mi sardina. Esta vez será poco a poco:

    RinoplastiaRinoplastia

    Como ya he mencionado en alguna entrada de blog previa, yo toco el piano en plan aficionado. Al parecer entre los médicos es bastante frecuente tocar algún instrumento. No voy a entrar en los motivos (pero me lo apunto para una futura entrada en el blog, porque lo difícil es siempre encontrar temas sobre los que pegar la hebra), pero el caso es que uno de mis colegas de maxilofacial, compañero y amigo mío durante 15 años, también toca el piano (y le voy a reenviar el link de esta entrada del blog, a ver si se da por aludido).

    Desde hace un par de años, estoy con la idea de hacer en mi casa alguna pequeña "velada gastronómico-musical", invitando a algunos otros amigos que cantan, o tocan algún otro instrumento, más otros invitados que estén más atraídos por la parte gastronómica del asunto, y a los que embauquemos para que sean nuestro auditorio. Digo que estoy con la idea, pero entre la pandemia, la desidia y la indecisión, al final nunca termino de organizarla (bueno, es que ni empiezo a organizarla, pero, ah, el idioma español, siempre al rescate de los procrastinadores). Antes de la pandemia le conté mis planes a mi maxilofacial pianista amigo. Y ahí empieza la cosa, el primer acercamiento del ascua a la sardina: mi amigo me dijo una cosa que entonces me sonó antinatural. Me dijo: "yo es que toco para mí mismo". ¿Cómo que para ti mismo, alma de cántaro?, pensé yo… será para ti y para el vecino de abajo. Ah, no, que tiene un piano electrónico, y toca con auriculares.

    Pero aún así, ¿no es un poco raro limitar una actividad tan social como la música a uno mismo? Pues con el tiempo he llegado más o menos a entenderle. De hecho, la fuerza arrolladora de los hechos (nadie me oye nunca tocando el piano porque me pongo auriculares yo también, mi hijo estudia en la universidad y el machaque pianístico le desconcentraría) hace que últimamente yo también diga, porque no me queda más remedio, que toco para mí mismo. En realidad, yo toco para un auditorio imaginario. Toco por muchos motivos, muchos de ellos imposibles de poner en palabras. Pero ese es uno de ellos. Cada persona hace las cosas por una razón. Se ve que mi amigo la mía no la comparte. Él toca para sí mismo. En la escuela de música a la que voy como alumno se organiza todos los años un concierto de fin de curso en el que tocamos los alumnos adultos y añejos (con una pequeña parte gastronómica después también, no se crean). Ese suele ser mi auditorio imaginario. Llevamos dos años, pandemia mediante, en los que no hemos tenido concierto. Reconozco que he estado algo menos motivado con el piano este tiempo, que me perdonen mi profesora, Chopin, Mozart y sus herederos legales, porque sabía que no habría para mí culminación social del esfuerzo personal.

    Ahora cojo la sardina (más bien el palo), cojo también el ascua, y las arrimo más: todo este tiempo, en que pensaba que era antinatural tocar un instrumento musical para uno mismo, estaba ciego ante una evidencia habitual en mi trabajo como cirujano: mis pacientes de cirugía estética (concretamente, de cirugía estética nasal, que es a la que me dedico fundamentalmente), casi siempre se operan ….¡para sí mismos! Los pacientes no quieren agradar a los demás con su nueva apariencia. No, eso puede venir después. La mayoría de las personas que quieren algún cambio estético lo hacen para sentirse bien consigo mismos. Para mirarse en el espejo y gustarse. ¿Acaso eso es malo? En otros ámbitos, hacemos y no hacemos muchas cosas para sentirnos bien con nosotros mismos: cumplimos (generalmente) con las normas cuando estas son justas, no sólo por temor al castigo, sino para podernos mirar (metafóricamente) al espejo y ver reflejada a una persona de la que nos podamos sentir orgullosos. Ayudamos a los demás en el día a día, no para que los demás nos quieran, sino para querernos un poquito nosotros.

    Mi experiencia de años (cuando un pedante quiere tener razón a toda costa siempre acude a esa frase hecha) me indica que la mayoría de las personas interesadas en la cirugía estética lo hacen para gustarse a sí mismos. Gustar a los demás es un efecto secundario, positivo, pero secundario. Es muy habitual que las parejas de los pacientes intenten convencerles de que no se operen, con el argumento de que … para ellos, no hay nada feo en sus parejas, nada que requiera un cambio. Ah, queridas parejas de mis pacientes: erráis el argumento: no se operan vuestras parejas para vosotros, para que les veáis más guapos. No os hagáis ilusiones. Cuando quieran contentaros, os traerán el desayuno a la cama. La cirugía es para ellos mismos. Son ellos los que la sufren (cada vez menos, eh), los que la pagan (aplíquese el paréntesis anterior), y los que salen beneficiados tienen por ella. Porque después de la cirugía se miran al espejo y ya no tienen ese caballete que les desagradaba, esa punta nasal redonda que (a ellos y a nadie más) les recordaba a un payasete, o esa punta nasal caída al modo de Jaffar, el malo de Aladdin.

    Ahora carbonizo la sardina a base de ascuazos ¿Cómo no entender a mi compañero el pianista "ermitaño", ahora que me doy cuenta que tantas cosas en la vida las hacemos sólo para nosotros? Y aunque le entiendo, sigo sin compartir su postura. Sí, yo también toco para mí mismo. En parte es una gimnasia. Me asombra y me maravilla que una partitura que al principio es un galimatías, en unas semanas puedo interpretar con soltura. Como se asombra el deportista que va descubriéndose nuevos músculos según va fortaleciéndose a base de machaque en el gimnasio, o el corredor que llega en cada carrera cada vez más lejos y con la lengua menos fuera. Sí, hay una parte de gimnasia interior, que disfruta uno mismo. Pero la plenitud siempre necesita a las demás personas. Somos seres humanos, y por tanto, seres sociales. Si ponemos en facebook el recorrido de nuestra última carrera en solitario, si preferimos ir a un gimnasio antes que ejercitarnos en casa, si nos hacemos selfies con nuestra cara recién operada y los subimos a Instagram, y si queremos de vez en cuando tocar el piano ante un (distinguido) público, no es porque seamos unos esclavos de las apariencias, tontos y superficiales. No, somos seres humanos, y buscamos la aprobación y la compañía de los demás. Y está bien así.

  • Otros efectos beneficiosos de las mascarillas

    Dr. Javier Arias Gallo

    Otros efectos beneficiosos de las mascarillasOtros efectos beneficiosos de las mascarillas

    Siempre odié la primavera. El tiempo de renacimiento de la vida después del letargo invernal, de alfombras verdes en los campos, de flores multicolores, de insectos revoloteando. Y de alergia. Mucha alergia. Mocos, obstrucción nasal, estornudos, lagrimeo. Por algún motivo ignoto se le llamaba "la fiebre del heno", lo que era bastante desconcertante, porque no daba fiebre. Cuando yo era niño, teníamos el polaramine, un medicamento antihistamínico que daba sueño, mucho sueño. Y los corticoides orales o inyectados, de último recurso. Y ya. Así que yo que oscilaba en esos meses entre dormirme en clase o estar estornudando sin parar (a veces, ambas cosas a la vez (?)). De adolescente salieron los primeros antihistamínicos que no producían sueño, pero su eficacia contra la alergia era algo menor. Ya de jovencito, las cosas mejoraron mucho: como estudiaba medicina, y la primavera era la época de los exámenes, no salía de casa excepto para ir a la facultad, y los síntomas eran más tolerables (el que no se consuela es porque no le pone voluntad).

    Una primavera hace unos 5 años, mi mujer, alérgica y médico también, harta de tanto estornudar, fue a la farmacia y se compró una mascarilla con un filtro potente. Era una FFP2, cuando entonces nadie sabía diferenciar una FFP2 de un USB-c. Durante unas cuantas primaveras fue con su mascarilla con actitud andeyocaliente…..Mientras yo, entre estornudo y estornudo, me burlaba (benévolamente, no soy un suicida) de su aspecto.

    Era un absurdo. Una exageración… pero su sintomatología alérgica desaparecía cuando se ponía la mascarilla. Desaparecía. Del todo.

    Esta primavera, por motivos obvios, yo me uní al club de las mascarillasy ya no odio la primavera. Es sin duda la mejor estación del año: qué explosión de vida, qué generosidad de la naturaleza, que belleza en cada rincón, que dinamismo en los ecosistemas….

    Y por qué cuento esta minianécdota: porque en estos tiempos tan duros que nos ha tocado vivir hay que buscar, entre todo lo malo, alguna cosa buena. Sin duda el neto es claramente negativo: en salud, en las relaciones entre las personas, en las relaciones entre las generaciones, en confianza de unos en los otros, en la situación económica, en las relaciones entre los países. Pero eso no nos impide aprovechar lo que para cada uno sea positivo. A algunos la mascarilla les permite poner la expresión facial que siempre quisieron tener delante de su jefe sin que éste se entere (muy recomendable y saludable); otros aprovechan estos meses para hacerse esa cirugía estética que habían aparcado por los hematomas e inflamaciones postoperatorias, que ahora se ocultan con facilidad; muchos se han arreglado (¡por fin!) las caries y se han hecho las extracciones e implantes dentales necesarios, sin temor a enseñar unos dientes feos en ningún momento. Sólo espero que nadie haya aprovechado para dejar de lavarse los dientes confiando en que la halitosis no sobrepasa las mascarillas… En mi familia hemos erradicado los síntomas alérgicos.

    Y usted, ¿qué cosa buena ha entresacado de esta situación?

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Sobre este blog

Las enfermedades de la cara y al cuello son extraordinariamente importantes por afectar a zonas del cuerpo críticas en el día a día de todo ser humano. Comer, masticar, respirar sin dificultad, dormir y descansar, e incluso sonreír son actividades que damos por supuestas pero que pueden verse afectadas gravemente tras traumatismos, tumores, infecciones o por enfermedades congénitas. El cirujano maxilofacial es el especialista central en estas enfermedades. Tanto el punto de vista médico, como el quirúrgico, como la repercusión social y personal de la patología de la cabeza y cuello son importantes para atender y cuidar apropiadamente a nuestros pacientes. Sin olvidar, claro está, a los odontoestomatólogos, periodoncistas, ortodoncistas y odontopediatras con los que trabajamos en estas tareas. En este blog describimos situaciones clínicas, informamos sobre tratamientos, y reflexionamos sobre lo que significa ser médico y cirujano maxilofacial en estos tiempos de cambio y avance continuo. Todo el equipo del Servicio de Cirugía Maxilofacial estaremos encantados de atenderte.

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