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Blog del Sº de Cirugía Oral y Maxilofacial & Unidad de Odontología y Periodoncia Hospitalaria. Complejo Hospitalario Ruber Juan Bravo

  • ¡¡Tercer aniversario del Servicio de Cirugía Maxilofacial del Ruber Juan Bravo!!

    Dres. Javier Arias y Manuel Chamorro

    Pues sí, acabamos de cumplir tres años siendo los responsables del servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial y Odontología Hospitalaria del complejo hospitalario Ruber Juan Bravo.

    Tres años parecen poco, o mucho, según la perspectiva.

    Servicio de Cirugía Maxilofacial complejo hospitalario Ruber Juan BravoServicio de Cirugía Maxilofacial complejo hospitalario Ruber Juan Bravo

    En mayo de 2016 comenzamos cuatro cirujanos maxilofaciales: los Dres. Manuel Chamorro, jefe del servicio, y Javier Arias, que firmamos este texto del blog, Gastón Demaría y Antonio López Davis. Con nosotros estaban el Dr. Margarit como odontólogo especialista en rehabilitación de implantes, y el Dr. Lorente como periodoncista. Nuestra enfermera Lorena Alcalde y nuestra auxiliar Viara Valentinova completaban el cuadro profesional.

    Los primeros meses fueron frenéticos de puertas adentro, para poner a punto un servicio, que, si bien contaba con instalaciones puestas ya años atrás, en realidad comenzaba desde cero. Una de las ventajas de estar en la Ruber es que se trata de un hospital con un extraordinario prestigio, algo que tanto los profesionales como los pacientes conocen. Esa ventaja, sin embargo (como los superpoderes de Spiderman) conllevaba una gran responsabilidad. La exigencia de estar a la altura del hospital y del resto de sus servicios médicos y quirúrgicos. Desde el principio, nuestro principal objetivo ha sido dar un servicio completo en todas las áreas de la cirugía maxilofacial y la odontología.

    La cirugía con láser, los implantes con cirugía guiada y carga inmediata, los nuevos tratamientos con implantes dentales personalizados, los diseños en 3D, la cirugía reconstructiva con técnicas de microcirugía, la cirugía mínimamente invasiva, son algunas de las áreas en constante evolución, y que en un hospital como el Ruber debemos manejar con soltura en beneficio de nuestros pacientes. Y eso no lo puede hacer una sola persona. Hemos necesitado un equipo, y un equipo grande, además, para tener a punto todas estos nuevos ámbitos de la cirugía maxilofacial.

    Después de algunos cambios y muchas incorporaciones, actualmente el servicio se compone de siete cirujanos maxilofaciales, seis odontólogos, una técnico de laboratorio-higienista, una enfermera, tres higienistas, una auxiliar de clínica y una coordinadora de consulta. Se trata de una estructura viva, aún en crecimiento, sobre todo desde que tenemos a nuestra disposición un área específica de tratamientos con sedación.

    Dar un servicio completo en todas esas áreas no es tarea fácil. La cirugía maxilofacial es una especialidad muy amplia y compleja, y ningún cirujano maxilofacial puede ser experto en todas sus facetas. La cirugía ortognática, la rehabilitación dental con implantes, la cirugía oral, la medicina oral, el dolor orofacial, la maxilofacial infantil, el tratamiento de la apnea del sueño, la cirugía oncológica, la reconstrucción de cabeza y cuello, la cirugía y medicina estética facial, la cirugía craneofacial, la microcirugía, y el tratamiento de la parálisis facial, son algunas de las áreas en la cirugía maxilofacial, en las que cada uno de los maxilofaciales podemos ser más o menos expertos. De manera que, si queremos cubrir con calidad todas las facetas, necesitamos varios cirujanos, que nos enriquezcan cada uno con sus conocimientos y habilidades específicas. Hoy ya somos siete cirujanos maxilofaciales, gracias a las incorporaciones de las Dras. Teresa González Otero y Marta Redondo Alamillos y el Dr. Alberto Candau Álvarez. Con estas incorporaciones podemos decir con confianza que podemos atender con gran calidad toda la patología maxilofacial que pueda presentar el paciente.

    La odontología también es una especialidad muy amplia, que a su vez tiene varias ramas. Hemos aumentado el número de médicos dentistas (estomatólogos) y de odontólogos para tratar a cada paciente con la mayor calidad, sea cual sea la patología que presente. Nuestra periodoncista Cristina Puente, nuestra ortodoncista Laura Ballesteros, nuestro odontólogo estético y prostodoncista Julián Martínez Lozano, nuestros odontólogos restauradores y prostodoncistas José Marín y Eva López, y nuestro prostodoncista y endodoncista Luis Margarit cubren todas las necesidades de nuestros pacientes. María Teresa García Bravo se dedica a tiempo completo a preparar y ajustar las férulas de descarga de nuestros muchos pacientes con bruxismo y dolor orofacial. Nuestros odontólogos, además, deben tratar casos de mayor complejidad que la que suele presentar el paciente habitual que acude a una clínica dental no hospitalaria. Pero ser capaces de dar un tratamiento excelente en casos muy difíciles conduce a que los tratamientos más "fáciles" salgan más impecables aún si cabe.

    A nuestras enfermeras Lorena Alcalde y nuestra auxiliar Viara Valentinova se han unido las higienistas Miriam Abad, Marta Lozano y Esther García Hernán. Y de la misma manera que hemos procurado con las incorporaciones de odontólogos y cirujanos, hemos buscado un equilibrio entre la juventud y la experiencia, porque sin duda ambas facetas son necesarias.

    Finalmente, pero no por ello menos importante, María José Amorós es nuestra coordinadora de consultas.Resulta una figura fundamental para coordinar los tratamientos de los pacientes con los diferentes especialistas, para organizar las agendas, los profesionales, los turnos, y para llevar el día a día y participar en las decisiones estratégicas de la consulta.

    Estos tres primeros años nos han dado muchas satisfacciones, algún susto, unas cuantas penas, pero, sobre todo, nos han dado muchísimo trabajo. Esperamos seguir a más y a mejor en los próximos años, trabajando mucho y bien.

  • Los pintores pintando, como debe ser (o cómo solucionar un problema como un verdadero profesional)

    Los pintoresLos pintores

    Dr. Javier Arias Gallo

    Este es un post que se veía venir.

    Hace unos meses publiqué un post con mi traumática experiencia como pintor aficionado (pintando la habitación de nuestro hijo mayor). Aquí está en enlace a tal aventuraEste enlace se abrirá en una ventana nueva.

    Ahora ha venido la revancha: hemos tenido que pintar varias zonas de la casa. En principio, sólo íbamos a pintar la habitación de nuestro hijo mediano. Había que quitar el papel de la pared, porque los piratas con proporciones de bebés y los pajaritos (también cabezones) por lo visto no son la decoración favorita de los chicos de 15 años aficionados al rap y a reggaeton de hoy en día. Resuelto a no tropezar con la misma piedra que el año pasado, contratamos a unos pintores profesionales.

    En mis lejanos tiempos de residente, con más frecuencia de la deseada venían a la urgencia pacientes con el síndrome del poyaque. "Poyaque estoy aquí con esta infección de orina, ¿me podría mirar este grano de la nariz con el que llevo 17 meses y nunca se me ha ocurrido consultárselo al médico de cabecera?". Es algo humano aprovechar el paso del Pisuerga por Valladolid, así que yo me dispuse a hacer lo mismo con los pintores. Ya que iban a pintar la habitación, porqué no darles un repaso a las otras paredes en las que el paso del tiempo y los balonazos, patadas y restos de kétchup habían dejado su huella.

    No se trataba de pintar toda a casa. Se trataba de resolver lo más urgente. Había que seleccionar qué paredes (paños en lenguaje de pintor) pintar, sin montar mucho zafarrancho. Para ello, la primera tarea consistía en… mirar las paredes. No sé en el caso de ustedes, pero no es una de mis actividades favoritas. Además, soy un poco miope (1,5 dioptrias, no se me asusten pensando que opero al tacto), lo que significa que a partir de 1-2 metros, sin gafas, los detalles finos de las cosas se me nublan como las fotos del móvil con filtro "beauty". Así que me di un buen y meticuloso paseo por la casa, escrutando las paredes como si estuviera ante La rendición de Breda, con una mano en la espalda y la otra en la barbilla…. Una recomendación de médico a paciente: no hagan esto en sus casas si no tenían pensado pintar la casa. Se pueden llevar una sorpresa muy desagradable.

    Una vez decidimos qué paños pintar, mediante el criterio de seleccionar los más bochornosamente sucios y agrietados, siempre que pintarlos no implicara mover muebles de más de 20 kg, y una vez aceptado el presupuesto, los pintores se pusieron manos a la obra. Y en tres días terminaron. Y de propina nos arreglaron una puerta que estaba algo desvencijada.

    Siento no poder abundar en detalles y anécdotas jugosas sobre el proceso de pintar. Esos días trabajé desde las 9 a las 20 horas, así que no les llegué a ver pintar. Cuando acabaron, hubo que pasar la aspiradora…. Y ya está.

    Los pintoresLos pintores

    Esto es lo que hacen los verdaderos profesionales: se encargan de solucionar los problemas de los demás, sin generar problemas nuevos, cobrando por ello.

    En el campo de la medicina y de la cirugía, ser un profesional también (no sólo, pero también) debe implicar solucionar los problemas del paciente sin crear otros. O por lo menos, ese debe ser el objetivo. La metáfora de la reparación del hogar no llega muy lejos en el caso de la cirugía: no siempre podemos dejar un cuerpo como nuevo; siempre se notan algo los desconchones, aunque pintemos por encima; las cañerías nunca se pueden arreglar del todo; el sistema eléctrico sigue dando cortocircuitos y nunca se descarta el peligro de incendio; la puerta de entrada nunca cierra del todo; y por las ventanas siempre entra aire cuando hace mucho viento. Y a veces, cuando arreglamos el sistema eléctrico se estropea la fontanería, o se cae una pared.

    Aún así, poner amor y detalle en cada una de las cosas que hacemos, atender a los pacientes "atentamente", enfrentar todas las cirugías, las fáciles y las difíciles, como si fueran (¡que lo son!) lo más importante del mundo en el momento en que las hacemos; todo eso es parte de ser buen profesional. Hay muchas más partes. No caben en este post.

  • Tranquilidad en tiempos de pandemia

    Dr. Manuel Chamorro Pons

    Coronavirus y salud bucodentalCoronavirus y salud bucodental

    Sabemos ya sobradamente que el contagio por coronavirus ha sido uno de los mayores problemas sanitarios de la sociedad moderna. Ha costado miles de vidas humanas y está lejos de ser erradicado de forma completa.

    ¿Significa esto que no vamos a poder hacer una vida relativamente normal hasta que llegue la ansiada vacuna y este virus sea un triste recuerdo?

    Obviamente no. Una vez pasados los peores momentos de la epidemia, aunque el virus no hay desparecido por completo, tenemos que empezar a retomar una vida laboral y social. No hay más remedio.

    Hay que tener en cuenta que ya conocemos muchas cosas sobre el comportamiento del virus y poco a poco lo vamos dominando.

    ¿Qué ocurrió entonces hace unas semanas en las que todo parecía descontrolado y las víctimas se multiplicaban exponencialmente?

    Pues que el virus irrumpió en pueblos y ciudades y se encontró con una población totalmente desprotegida, no concienciada y le fue fácil contaminar masivamente a las personas. Estoy pensando, por ejemplo, en los atestados vagones del metro de Madrid. La gente en estrecha proximidad transmitió el virus masivamente. Se contagiaron vagones enteros y en un periodo de tiempo muy corto. Lo mismo pasó en comercios y calles, cines y teatros. Los Hospitales se colapsaron. Los sanitarios, médicos y enfermeras, contrajeron también la enfermedad en su afán de tratar a los pacientes que llegaban sin cesar. Un caos.

    Afortunadamente todo esto ha pasado. Tras unas semanas de confinamiento se ha parado el duro golpe y ahora el tema es totalmente diferente.

    Conocemos el comportamiento del virus, sus vías de transmisión y la población está informada.

    El coronavirus se transmite de persona a persona por vía respiratoria. Es decir al hablar o al toser emitimos diminutas gotitas de saliva que nuestro interlocutor, o una persona que esté al lado, puede incorporar a su interior por la boca o la nariz e infectarse.

    También existe la posibilidad de que estas gotitas caigan sobre superficies como mesas, pomos de puertas etc., las lleguemos a tocar llevándolas seguidamente a la boca o nariz nosotros mismos de forma inadvertida. Este tipo de transmisión, aunque existe, es menos probable que el que hemos comentado en primer lugar.

    ¿Qué hemos de hacer entonces? Parece muy claro que si reflexionamos un instante sobre la vía de transmisión del virus, lo más lógico es que todos usemos una mascarilla de protección.

    Parece mentira que una medida tan simple y tan poco sofisticada como ésta haya tardado tanto tiempo en hacerse obligatoria. Hemos oído muchas cosas en relación con las mascarillas: que no eran efectivas, que solo tenía que llevarlas la gente enferma…. Lástima que no hayamos tenido indicaciones claras que hubieran salvado muchas vidas precisamente por prevenir el contagio. El uso de la mascarilla por todos es esencial. Tengamos en cuenta que al llevarla todos, el efecto barrera se multiplica. Posibles personas contagiadas tendrán muy difícil diseminar el virus al llevar mascarilla. Pero se suma a esto que personas sanas, susceptibles de contagiarse, también al llevar mascarilla pero se suma esto a que personas sanas susceptibles de contagiarse también la llevan. Lo que constituye una doble barrera muy difícil de traspasar por una gotita de saliva.

    Entonces; ¿es posible hacer una vida totalmente normal llevando mascarilla? La respuesta es no. En primer lugar tenemos que saber ponerla y quitarla adecuadamente y además evitar contactos estrechos y aglomeraciones, lo que aumentará así el efecto protector de las mismas.

    El mejor consejo que puedo dar para manejar la mascarilla de forma adecuada es lavarse las manos antes de ponerla o quitarla. Así como manejarla siempre por las gomas. Evitando tocar la parte interior, que es la que va a quedar en contacto con nuestra nariz y boca.

    Si todos llevamos mascarilla podremos hacer, si no una vida normal, sí lo más parecido a una vida normal. Tengamos en cuenta que seguramente será una medida temporal, pues la vacuna llegará con suerte el próximo año y nos librará de todo.

    ¿Podemos visitar al médico entonces? ¿Y al dentista?

    Por supuesto que . Piense que además de las mascarillas en las consultas médicas se han adoptado medidas de seguridad adicionales. Por ejemplo en el Servicio de Cirugía Maxilofacial y Odontología del Hospital Ruber Juan Bravo, sus zapatos quedarán desinfectados al entrar, pues pasará por una alfombra sanitaria especial. La persona de recepción le atenderá a través de una mampara y todo el personal lleva mascarilla constantemente y vestuario desinfectado. Si hay que realizarle algún procedimiento dental, el profesional se equipará adecuadamente y trabajará en su boca de forma totalmente segura. Además todos los miembros del Servicio se han realizado las correspondientes pruebas analíticas.

    Las consultas médicas, como tantas otras cosas, se han adaptado para trabajar de forma segura. Más, si cabe, las consultas de Cirugía Maxilofacial y Odontología pues como hemos comentado, al ser la saliva el vector principal de transmisión, nos vemos obligados a redoblar las medidas de protección para trabajar de forma cien por cien segura.

    Le esperamos en nuestro Servicio. Venga sin ningún tipo de temor. Estamos preparados para atenderle de forma totalmente adecuada y segura.

    No retrase más el tratamiento si ya lo había iniciado. Seguramente nuestro personal se habrá puesto en contacto con Vd. para actualizar las citas. O lo hará en breve.

    Si nunca nos ha visitado, sepa que puede hacerlo con total confianza y seguridad. Le esperamos.

  • Qué esperar tras una cirugía de rinoplastia

    Dr. Javier Arias Gallo

    RinoplastiaRinoplastia

    Después de una intervención quirúrgica es importante dar al paciente instrucciones sobre qué hacer y qué no hacer, para que el postoperatorio sea lo más liviano posible. Por mi parte, y esto lo digo como autocrítica, aunque le doy mucha importancia a las instrucciones, puede que se me quede en el tintero (cielos, que expresión más anticuada, aunque siempre se puede considerar que el tintero es el bote de tinta de la impresora), digo que se me queda a veces en el tintero contar al paciente qué puede esperar después de la intervención. Qué es normal, qué no lo es, y ante qué signos tiene que consultar con nosotros anticipadamente. Por cierto, que despachar al paciente con un "ante cualquier incidencia en el curso clínico, acuda a la consulta" como última frase del informe de alta, es poco informativo. Es, digamos, bastante perogrullesco.

    Así que, sin más dilación, vamos a empezar. El paciente ha sido intervenido de una rinoplastia. La rinoplastia lleva a cabo generalmente en régimen de hospital de día. Cuando se combina con el tratamiento del tabique nasal y los cornetes, que alargan el tiempo quirúrgico, muchas veces preferimos que el paciente pase la primera noche en el hospital, aunque no es estrictamente imprescindible.De un modo u otro, el paciente es dado de alta. Los requisitos para ello son ausencia de sangrado activo, buen estado general, tensión arterial dentro de la normalidad, que el paciente haya probado líquidos y no los haya vomitado, y que haya orinado sin problemas. Todo eso es tarea del equipo médico y de enfermería, así que no especificaremos más.

    El paciente sale por la puerta del hospital con una escayola en la nariz y con una gasa sobre el labio superior. La llamamos bigotera porque se pone sobre el labio superior, haciendo de bigote. Sirve para limitar la inflamación del labio superior y para recoger la sangre que pudiera salir, en escasa cantidad, en todo caso, por los orificios nasales. Raramente pongo taponamiento nasal, así que mis pacientes se ahorran esta enorme incomodidad, que realmente solía ser lo peor del postoperatorio de la cirugía nasal en el pasado.

    Es muy recomendable que el paciente se vaya a su casa acompañado por un familiar o por un amigo. Sobre todo, por el apoyo moral que la compañía brinda en esos momentos. Una vez que el paciente sale de la habitación, el trayecto hasta su casa debe hacerse en coche particular o en un taxi. Ahí el amigo o familiar juega un papel fundamental (no para pagar el taxi, me refiero para conducir el coche). No recomendamos en ese momento grandes caminatas ni uso de transporte público, por el ajetreo inherente a esos medios de transporte, y porque puede haber un pequeño sangrado (más sobre eso luego), cosa que no es muy recomendable exhibir en presencia de desconocidos (gente por lo general quisquillosa y poco comprensiva con ese tipo de cosas, sobre todo cuando implican a su propia camisa). Cuando el paciente sale de alta los párpados no suelen estar hinchados (más sobre eso luego también), pero algún paciente ocasional raramente puede parecer ya un émulo de Rocky Balboa en plena faena (Jesús, qué mayor soy; como dicen los memes, a quien entienda esta referencia le vacunan antes del verano…). En fin, no vamos a abundar más en el tema del trayecto, que no da para más.

    En los primeros dos días del postoperatorio se va a producir la máxima inflamación. O sea, la inflamación, poca o mucha, suele llegar a su máximo a las 48 horas. A partir de entonces, irá en descenso. La inflamación y su amigo el hematoma. Bueno, realmente suele ser una equimosis, pero comúnmente la llamamos hematoma porque equimosis, aunque es un término más exacto, es también más técnico y en general, incomprensible. Es como llamar pierna a toda la extremidad inferior: la pierna, médicamente, es lo que queda debajo de la rodilla. Pero no nos vamos a poner estupendos y también lo llamamos moratón sin que se nos caigan los anillos.

    Inflamación y hematoma, como digo, tienen una intensidad variable. El refinamiento de la cirugía, el uso de bisturí piezoeléctrico (ultrasónico) para cortar los huesos y la eliminación de los taponamientos nasales son algunos de los factores que reducen la inflamación en el postoperatorio. En todo caso, algo de inflamación va a haber. Para minimizarla, el paciente debe estar en "reposo relativo". O sea, tranquilo, sin hacer esfuerzos ni agacharse. El postoperatorio con su cese de actividad inherente no debe ser motivo para ensayar esos cambios de disposición de mobiliario que tanto hemos deseado y nunca llevado a cabo por falta de tiempo. Ni es el momento de investigar el (por otro lado, apasionante) mundo que se esconde debajo de aquel sofá bajo el que raramente barremos. Lo mejor para minimizar la inflamación es dedicar las primeras 48 horas a ponerse hielo en los párpados y en el labio superior. A ratitos, claro. Tras la cirugía es normal tener más sueño del habitual. Las siestas están permitidas, pero con la cabeza más elevada que el corazón. Esto se consigue a base de almohadones, generalmente. Hay que dormir como en las películas, o por lo menos como en algunas películas. Esas en las que la protagonista se levanta sin un pelo fuera de su sitio. Seguro que saben a qué me refiero. Siestas y sueño nocturno, con la cabeza levantada. Es de especial ayuda, para evitar apoyar la nariz en la almohada, añadir una almohada de viaje, de las que rodea el cuello. Permite pequeños giros de la cabeza, pero no ponerse boca abajo.

    Aún así, algo de inflamación va a haber. En los párpados, en la frente y en el labio superior, sobre todo. A veces con algo de moratón en la piel, que puede llegar al borde rojo del labio superior, o a la mucosa interior del labio. Con los días, el moratón suele migrar hacia abajo, hacia el borde inferior de la mandíbula… incluso un poco al cuello. Es normal, que no cunda el pánico. Cada vez es más frecuente que el paciente nos cuente que no se ha inflamado nada de nada. Pero no pasa nada si se inflama. Incluso si le cuesta un poquito abrir los párpados.

    El sangrado nasal es poco frecuente. Si hay mucha cirugía de cornetes puede haber algo más. En general, poca cosa. La bigotera, que recoge la sangre de los orificios nasales, puede quitarse si sigue limpia al llegar a casa desde el hospital. En todo caso, si se acumula algo de sangre en los senos paranasales, a veces cambios en la posición de la cabeza hacen que la sangre acumulada salga, por los orificios nasales, o hacia la garganta. Suele ser sangre oscura, en escasa cantidad. Si hay algo de sangre con un rojo más vivo, puede merecer la pena comprimir el labio superior durante unos minutos (5-10-60…). El sangrado va a ceder sin hacer nada más. Es excepcional que una cirugía nasal normal provoque un sangrado que requiera acudir al médico.

    La congestión nasal es muy frecuente. Sobre todo, cuando operamos el tabique y los cornetes. Al empezar la cirugía solemos poner un espray (el autocorrector no me deja poner spray así como así) con medicación descongestionante, que dura unas horas. El paciente se despierta respirando mejor que nunca. En parte por la cirugía, y en parte por el espray. Conforme pasan las horas, el efecto del descongestionante desaparece y la inflamación del interior de la nariz aumenta. La sensación es la de estar acatarrado. Con menos olfato (cielos, que no cunda el pánico). Como las lágrimas terminan en la nariz, esa congestión también produce algo de lagrimeo por retención. Pasa en unos días. La sensación es peor por la noche, por estar tumbado. Puede cambiar de una fosa nasal a la otra, o ser de ambos lados a la vez. No hay que poner más descongestionante. No hay que sonarse la nariz tapando uno de los orificios nasales. Se puede lavar el interior de la nariz 5 ml de suero fisiológico (¡no con agua del grifo!), y espirar fuerte sobre el lavabo. Lo mejor es consolarse pensando que hace años se ponían taponamientos nasales y eso era peor. Mucho peor.

    Algún síntoma más, que a veces pasamos por alto, porque sabemos que es transitorio, es por ejemplo el acorchamiento de los dientes anteriores del maxilar superior. Es más frecuente cuando operamos el tabique nasal. Puede doler algo la cabeza, puede doler un poco todo el cuerpo, puede uno tener sensación de fiebre (y puede subir uno o dos grados la temperatura). Todo eso es normal.

    He dejado para el final algo que puede ser obvio, y que por algún motivo es una cantinela muy repetida en la cirugía de la nariz: "es que duele mucho cuando te rompen los huesos". Lo cierto es que las molestias de la cirugía de la nariz son más en relación con la congestión nasal que con el dolor. Con analgésicos antiinflamatorios normales y corrientes el paciente pasa un postoperatorio muy aceptable. Se puede leer y concentrarse en la lectura, o estudiar sin merma en la capacidad de concentración. En todo caso, yo siempre recomiendo poner al ralentí el cerebro las primeras 48 horas.

    La primera revisión en la consulta suele ser a los 7-9 días, para retirar la escayola y los puntos. Para entonces la mayoría de los síntomas han desaparecido o al menos mejorado mucho.

    En resumen, tras la cirugía de la nariz hay inflamación alrededor de la nariz que aumenta durante los primeros dos días. Puede caer algo de sangre por los orificios nasales o por la garganta. La congestión nasal también es muy frecuente, con lagrimeo incorporado. Duele poco. A la semana quitamos los puntos y la escayola. Al menos se me tendrá que reconocer el mérito de decir lo mismo en cuatro líneas finales y en todo un post de más de 1600 palabras.

  • Otros efectos beneficiosos de las mascarillas

    Dr. Javier Arias Gallo

    Otros efectos beneficiosos de las mascarillasOtros efectos beneficiosos de las mascarillas

    Siempre odié la primavera. El tiempo de renacimiento de la vida después del letargo invernal, de alfombras verdes en los campos, de flores multicolores, de insectos revoloteando. Y de alergia. Mucha alergia. Mocos, obstrucción nasal, estornudos, lagrimeo. Por algún motivo ignoto se le llamaba "la fiebre del heno", lo que era bastante desconcertante, porque no daba fiebre. Cuando yo era niño, teníamos el polaramine, un medicamento antihistamínico que daba sueño, mucho sueño. Y los corticoides orales o inyectados, de último recurso. Y ya. Así que yo que oscilaba en esos meses entre dormirme en clase o estar estornudando sin parar (a veces, ambas cosas a la vez (?)). De adolescente salieron los primeros antihistamínicos que no producían sueño, pero su eficacia contra la alergia era algo menor. Ya de jovencito, las cosas mejoraron mucho: como estudiaba medicina, y la primavera era la época de los exámenes, no salía de casa excepto para ir a la facultad, y los síntomas eran más tolerables (el que no se consuela es porque no le pone voluntad).

    Una primavera hace unos 5 años, mi mujer, alérgica y médico también, harta de tanto estornudar, fue a la farmacia y se compró una mascarilla con un filtro potente. Era una FFP2, cuando entonces nadie sabía diferenciar una FFP2 de un USB-c. Durante unas cuantas primaveras fue con su mascarilla con actitud andeyocaliente…..Mientras yo, entre estornudo y estornudo, me burlaba (benévolamente, no soy un suicida) de su aspecto.

    Era un absurdo. Una exageración… pero su sintomatología alérgica desaparecía cuando se ponía la mascarilla. Desaparecía. Del todo.

    Esta primavera, por motivos obvios, yo me uní al club de las mascarillasy ya no odio la primavera. Es sin duda la mejor estación del año: qué explosión de vida, qué generosidad de la naturaleza, que belleza en cada rincón, que dinamismo en los ecosistemas….

    Y por qué cuento esta minianécdota: porque en estos tiempos tan duros que nos ha tocado vivir hay que buscar, entre todo lo malo, alguna cosa buena. Sin duda el neto es claramente negativo: en salud, en las relaciones entre las personas, en las relaciones entre las generaciones, en confianza de unos en los otros, en la situación económica, en las relaciones entre los países. Pero eso no nos impide aprovechar lo que para cada uno sea positivo. A algunos la mascarilla les permite poner la expresión facial que siempre quisieron tener delante de su jefe sin que éste se entere (muy recomendable y saludable); otros aprovechan estos meses para hacerse esa cirugía estética que habían aparcado por los hematomas e inflamaciones postoperatorias, que ahora se ocultan con facilidad; muchos se han arreglado (¡por fin!) las caries y se han hecho las extracciones e implantes dentales necesarios, sin temor a enseñar unos dientes feos en ningún momento. Sólo espero que nadie haya aprovechado para dejar de lavarse los dientes confiando en que la halitosis no sobrepasa las mascarillas… En mi familia hemos erradicado los síntomas alérgicos.

    Y usted, ¿qué cosa buena ha entresacado de esta situación?

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Sobre este blog

Las enfermedades de la cara y al cuello son extraordinariamente importantes por afectar a zonas del cuerpo críticas en el día a día de todo ser humano. Comer, masticar, respirar sin dificultad, dormir y descansar, e incluso sonreír son actividades que damos por supuestas pero que pueden verse afectadas gravemente tras traumatismos, tumores, infecciones o por enfermedades congénitas. El cirujano maxilofacial es el especialista central en estas enfermedades. Tanto el punto de vista médico, como el quirúrgico, como la repercusión social y personal de la patología de la cabeza y cuello son importantes para atender y cuidar apropiadamente a nuestros pacientes. Sin olvidar, claro está, a los odontoestomatólogos, periodoncistas, ortodoncistas y odontopediatras con los que trabajamos en estas tareas. En este blog describimos situaciones clínicas, informamos sobre tratamientos, y reflexionamos sobre lo que significa ser médico y cirujano maxilofacial en estos tiempos de cambio y avance continuo. Todo el equipo del Servicio de Cirugía Maxilofacial estaremos encantados de atenderte.

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