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Blog de cardiología de Hospital Quirónsalud Barcelona

  • La colchicina reduce el riesgo de muerte y complicaciones graves de la Covid-19

    * Artículo del Dr. Josep Guindo Soldevila. Servicio de Cardiología del Hospital Quironsalud Barcelona.


    La colchicina es un fármaco que fue descubierto por el médico austríaco Anton von Störck y que es empleado desde el siglo XVIII en el tratamiento de la crisis de gota. Su mecanismo de acción es múltiple y muy complejo, aunque fundamentalmente posee efectos antiinflamatorios y antifibróticos. En 1987, diversos doctores y yo, fuimos los primeros en describir el beneficio de la colchicina en la pericarditis (inflamación de la membrana que envuelve el corazón) (1,2).


    Los investigadores del Instituto del Corazón de Montreal (MHI - Montreal Heart Institute) acaban de anunciar los resultados del estudio COLCORONA (Colchicine Coronavirus SARS-CoV2 Trial) (3), en el que se demuestra el beneficio de este fármaco para el tratamiento de la COVID-19. Los resultados pueden ser de trascendental importancia en la lucha contra la pandemia. Según la información publicada por el MHI, el empleo precoz de colchicina reduce las hospitalizaciones en un 25%, la necesidad de ventilación mecánica (intubación y respiración artificial) en un 50% y el riesgo de muerte en un 44%.


    La colchicina se utilizó por vía oral a dosis bajas: un comprimido de 0,5 mg cada 12 horas los primeros 3 días, seguido de 0,5 mg al día durante los siguientes 27 días, hasta completar un mes de tratamiento. Los criterios para iniciar el tratamiento (criterios de inclusión) fueron: pacientes de >40 años que presentaban además algún factor de alto riesgo: >70 años, obesidad (IMC>30 kg/m2), hipertensión arterial mal controlada (presión sistólica > 150 mmHg), antecedentes de enfermedad respiratoria (asma o bronquitis crónica), enfermedad cardiaca (insuficiencia cardiaca o enfermedad coronaria), fiebre alta (> 38,4ºC), disnea o alteraciones en la analítica de sangre. Importante destacar que el tratamiento se realizó de forma ambulatoria (sin ingreso hospitalario), debía iniciarse muy precozmente, dentro de las primeras 24 horas de establecer el diagnóstico de CIVID-19 mediante el test PCR naso-faríngeo, y mantenerse durante un total de 30 días. Los pacientes muy inestables que requerían ingreso hospitalario inmediato no entraron en el estudio. Igualmente se excluyeron pacientes con enfermedad hepática (cirrosis) o renal muy avanzadas, cáncer en tratamiento quimioterápico, enfermedades neuromusculares o enfermedad inflamatoria intestinal y mujeres embarazadas.


    Para concluir hay que destacar la trascendental importancia de este estudio por varios motivos. En primer lugar, la colchicina es un fármaco de muy bajo coste que puede fácilmente ofrecerse a cualquier paciente en cualquier país del mundo. En segundo lugar, es un medicamento con muy pocas contraindicaciones y bien tolerado a dosis bajas (los efectos secundarios más comunes son dispepsia y diarrea, poco frecuentes cuando se usa a las dosis eficaces para la COVID-19). Por último, lo más importante: su extraordinaria eficacia, no conseguida previamente con ningún otro tratamiento oral probado hasta la fecha.


    Colchicina (0’5 mg/12h los primeros 3 días, seguido de 0’5mg/24 horas hasta 1 mes), iniciada dentro de las primeras 24 horas de establecido el diagnóstico de COVID-19 consigue:

    • Reducción de la mortalidad del 44%
    • Reducción de necesidad de ventilación mecánica del 50%.
    • Reducción de necesidad de hospitalización del 25%.

    Sobra decir que las implicaciones sanitarias y socioeconómicas de este estudio en la lucha contra la pandemia de COVID-19 son absolutamente extraordinarias.

  • Nuevas modalidades de monitorización electrocardiográfica

    * Artículo del Dr. Victor Bazan, Unidad de Arritmias Hospital Quirón Barcelona


    En pacientes que sufren repetidos episodios de pérdida de conocimiento (síncope), mareos o palpitaciones es imprescindible disponer de un registro del ritmo cardíaco o electrocardiograma (ECG) realizado justo en el momento del episodio, con el objetivo de descartar arritmias cardíacas importantes. La solución al problema (marcapasos o desfibriladores, fármacos, ablación con catéter, …) depende precisamente del tipo de alteración del ritmo cardíaco que se registre durante el episodio. Los avances tecnológicos experimentados en las últimas dos décadas a raíz de la aparición y desarrollo de dispositivos móviles inteligentes y de la tecnología Bluetooth han revolucionado el mundo de la monitorización a distancia del ritmo cardíaco. Hasta hace relativamente pocos años sólo disponíamos del registro Holter de 24 horas (H24), con máximo la posibilidad de extender el período de monitorización de 24 a 48 horas, 7 días e incluso varias semanas. A pesar de aumentar el tiempo de monitorización, el rendimiento del registro Holter es desalentadoramente baja.


    En la actualidad disponemos de nuevos dispositivos de monitorización ECG que aprovechan la tecnología para permitirnos una monitorización más autónoma por parte del paciente (monitores ECG portátiles). En la Unidad de Arritmias de nuestro centro disponemos a este efecto del dispositivo KARDIA™, de gran fiabilidad para la detección de bradi y taquiarritmias (arritmias lenta y rápidas, respectivamente).


    Los monitores ECG portátiles proporcionan registros de ritmo cardíaco activados por el propio paciente y de hasta 30 segundos de duración. El dispositivo KARDIA™ ha recibido la certificación oficial como dispositivo de uso médico para monitorización del ritmo cardíaco y se utiliza de forma habitual en la práctica clínica por parte de personal médico especializado, fundamentalmente cardiólogos. Este dispositivo funciona a través de un volcado del registro ECG activado por el paciente a través de una aplicación instalada en el teléfono móvil inteligente del propio paciente. Este registro de ritmo cardíaco se puede revisar y reenviar de forma sencilla (por ejemplo, a través de email) para su revisión por parte del cardiólogo de referencia. Estos dispositivos son eficaces para la confirmación de arritmias rápidas y lentas (taquicardias y bradicardias), sobre las que podemos dirigir la terapia específica adecuada a cada caso.


    En el momento de presentar un episodio de palpitaciones u otra sintomatología, el paciente registra un ECG del episodio y lo envía por correo electrónico. Los médicos de la Unidad de Arritmias de nuestro centro se encargan de interpretar el registro y de emitir un informe con los hallazgos al paciente y a su cardiólogo de referencia. En función del tipo de arritmia detectada, y siempre en concordancia con la opinión del cardiólogo de referencia del paciente, se establece el tratamiento más adecuado a cada caso.


    ECG24NECG24N

    Ejemplo de arritmia cardíaca (TPSV) detectada por el dispositivo de monitorización ECG ambulatoria.

  • Dieta y enfermedad cardiovascular: dudas y certezas

    *Artículo de la Dra. Pilar Tornos, Jefa del Servicio de Cardiología del Hospital Quirónsalud Barcelona


    La influencia de la dieta en la incidencia de enfermedad cardiovascular y en la mortalidad derivada de la misma es algo bien conocido. Desde hace años las Sociedades Científicas han alertado sobre los efectos nocivos de la obesidad, del exceso de colesterol y de determinados malos hábitos alimentarios. Se conoce bien, y así lo recomiendan las Guías de Prevención de Enfermedad Cardiovascular Europeas y Americanas, el papel que distintos nutrientes juegan en la prevención de la enfermedad arteriosclerótica.


    Está claro el papel protector de frutas y verduras, llegando incluso a recomendarse como habito saludable la ingesta de 3 a 5 raciones diarias en la dieta. La ingesta de grasas saturadas, y sobre todo las llamadas transaturadas presentes en los alimentos precocinados deberían substituirse por grasas poliinsaturadas, como las omega tres y fitoesteroles, presentes en plantas y pescados y debería utilizarse el aceite de oliva antes que cualquier otro tipo de grasa para cocinar o condimentar. Los frutos secos también tienen un efecto protector, aunque debe vigilarse su elevado contenido calórico. La inclusión de pescado en la dieta, al menos una vez por semana se asoció también a reducción del riesgo cardiovascular. Las bebidas azucaradas y los azucares en general deberían limitarse.


    Todo ello configura la llamada dieta mediterránea, que como es conocido se basa en una alimentación rica en frutas y verduras, legumbres, frutos secos, pescado, fibra, aceite de oliva y reducción de las carnes rojas. Está bien demostrado que la adopción y mantenimiento de una dieta de estas características, ajustando la ingesta calórica al peso ideal, disminuye un 10% la incidencia de cardiopatía y su mortalidad derivada. Una recomendación básica es la necesidad de controlar el peso, considerándose un peso saludable el que se sitúa en un índice de masa corporal entre 20 y 25 Kg /m2.


    Existen dudas sobre el efecto protector de la adición de vitaminas. Aunque se ha hablado del posible beneficio de la vitamina A, E y D no se ha demostrado que el tomar suplementos vitamínicos tenga un beneficio adicional sobre una dieta mediterránea bien llevada a cabo.


    Recientemente existe una tendencia creciente en la población a cambiar los hábitos omnívoros tradicionales, apostando por dietas vegetarianas o veganas. En muchas ocasiones estos cambios de hábitos obedecen a motivaciones ecológicas, aspectos éticos concernientes al trato animal, a la utilización de estimulantes del crecimiento y antibióticos en la alimentación animal y al miedo a posibles alergias o intolerancia a la lactosa derivadas de la ingesta de productos lácteos. También se esgrime en su defensa posibles efectos beneficiosos sobre la salud. ¿Qué sabemos actualmente sobre el papel que estas dietas juegan en la salud cardiovascular?


    La dieta vegetariana rechaza el consumo de carne, pero en muchos casos acepta el consumo de otros productos de origen animal como pescado, huevos y productos lácteos. Parece bien demostrado que la dieta vegetariana bien aplicada, controlando los posibles efectos nocivos como en algunos casos déficits de Fe o vitamínicos, es muy eficaz en la reducción de peso y mantenimiento de un peso corporal estable, mejora el perfil lipídico, disminuye la hipertensión arterial y por tanto tendría globalmente un efecto beneficioso sobre la salud cardiovascular.


    Existen en la literatura médica numerosos trabajos que abordan el tema de la dieta vegetariana y los factores de riesgo cardiovascular, en general con resultados positivos, aunque las conclusiones firmes son difíciles de obtener dada la variedad de dietas vegetarianas existentes. Algún estudio reciente ha comparado la dieta mediterránea hipocalórica con la dieta vegetariana y no se han observado diferencias significativas en la protección del riesgo.


    La dieta vegana, caracterizada por la abstención absoluta de productos de origen animal ( carne, lácteos, miel, pescado o huevos ) está ganando popularidad en los últimos años. Las personas que siguen este tipo de dieta, al igual que los vegetarianos, suelen ser delgadas y tienen niveles de presión arterial y colesterol más bajos lo que podría suponer un efecto cardioprotector. Es conocido sin embargo el riesgo de carencias vitamínicas en este tipo de dieta, especialmente de vitamina B12. Esta debe ser siempre suplementada dado que su carencia se asocia a un riesgo vascular elevado.


    Un estudio reciente en pacientes con enfermedad coronaria comparo la evolución en pacientes a quienes se recomendó una dieta vegana con los que seguían una dieta mediterránea: los cambios sobre la presión arterial, el peso corporal o los niveles de lípidos fueron similares. Lo que si se observó entre los tratados con dieta vegana fue una disminución de la proteína C reactiva de alta sensibilidad que es un marcador de inflamación, lo cual podría suponer una disminución de riesgo cardiovascular.


    A la luz de los conocimientos y evidencias actuales lo que parece claro es la necesidad de mantener un peso controlado y seguir una dieta cardioprotectora. Posiblemente una dieta mediterránea hipocalórica con consumo elevado de frutas, verduras, legumbres, frutos secos, aceite de oliva y con poca ingesta de carne roja ( de hecho dieta muy similar a la vegetariana con pescado, lácteos o huevos) sea la que se ha demostrado más cardioprotectora. Dietas más estrictas pueden ser perfectamente saludables si son bien controladas pero hasta el momento no han demostrado ser superiores en protección cardiovascular a la dieta mediterránea habitual.

  • Doctor, ¿puedo tomar café?


    *Artículo del Dr. Ignasi Duran, cardiólogo del Hospital Quirónsalud Barcelona.


    La prestigiosa revista médica New England Journal of Medicine ha publicado recientemente un artículo muy interesante que revisa las evidencias disponibles en relación con el café, la cafeína y la salud.


    Desde el punto de vista cardiovascular una revisión así resulta de gran utilidad por lo extendido que está el consumo de café en nuestro entorno. Además, con los años las evidencias han ido modificando el conocimiento sobre los efectos de la cafeína y esto ha hecho que no todos los médicos demos el mismo mensaje.


    Para empezar, la cafeína no solamente la encontramos en el café; a diferentes concentraciones también la vamos a ingerir con el té, el mate, el cacao, algunos refrescos y también en bebidas estimulantes. Por otro lado, cuando tomamos café también estamos absorbiendo centenares de sustancias biológicamente activas con propiedades muy distintas de la cafeína.


    Sabemos actualmente que hay personas a las que la cafeína les hace mayor efecto que a otras por una cuestión genética; algunos medicamentos también pueden modificar la duración de la cafeína en sangre; el tabaco acelera la desaparición de la cafeína en sangre mientras que los anticonceptivos y el embarazo disminuyen su eliminación.


    En relación con la hipertensión arterial, se ha observado que el consumo de cafeína en personas que no toman café habitualmente aumenta ligeramente la presión arterial; sin embargo, el consumo de café, debido a las otras sustancias que contiene además de la cafeína, no se asocia a un mayor riesgo de hipertensión. Estudios realizados en personas hipertensas tampoco han observado un efecto negativo del consumo de café.


    El café tiene una sustancia -el cafestol- que eleva los niveles de colesterol. Este es mayor en el café no filtrado que en el café exprés. Se ha observado, por lo tanto, que el consumo de café filtrado no aumenta lo niveles de colesterol y que, lo que se ha de limitar, es el consumo del café sin filtrar.


    Ningún estudio ha demostrado que el consumo de cafeína aumente el riesgo de fibrilación auricular.


    Varios estudios indican de forma repetida que un consumo moderado de café no solo no aumenta el riesgo cardiovascular en la población general o en pacientes con enfermedad establecida sino que puede reducir el número de casos de ictus, enfermedad coronaria y mortalidad de origen cardiovascular. También hay varios estudios que indican una reducción de la mortalidad global -no solamente cardiovascular- con el consumo moderado de café normal y también descafeinado.


    ¿Y qué es moderado? Se considera que los adultos no deberíamos sobrepasar los 400 mg diarios de cafeína diarios (200 mg las mujeres embarazadas o lactantes). Esto sería, si estamos hablando de expressos, entre 2 y 5 tazas a lo largo del día.


    La conclusión de esta revisión, por lo tanto, es que existen muchos datos que confirman que el consumo de café a dosis moderadas no solamente no es perjudicial sino que tiene un efecto cardiovascular saludable. Aunque no hemos de recomendar el consumo de cafeína como prevención, si que se puede considerar un hábito saludable tomarse alguna taza de té o de café.

  • ¿Cómo es la enfermedad cardiovascular en mujeres?

    * Artículo de la Dra. Pilar Tornos, jefa del servicio de Cardiología del Hospital Quirónsalud Barcelona


    La enfermedad cardiovascular es la primera causa de muerte en el mundo. Tanto en hombres como en mujeres. Hoy, día 29 de septiembre, como cada año, celebramos el Día Internacional del Corazón, con la finalidad de recordar a la población el impacto de estas enfermedades y recordar la conveniencia de unos hábitos de vida saludables.


    En este blog aprovechamos esta efeméride para hablar de algunos aspectos que hacen referencia a la salud y prevención cardiovascular en las mujeres y destacar algunos aspectos diferenciales entre los sexos.


    La enfermedad coronaria, también conocida como cardiopatía isquémica es la responsable principal de la mortalidad cardiovascular. Puede presentarse en forma de angina de pecho, infarto, muerte repentina o insuficiencia cardíaca. Hace años se consideraba que era una enfermedad que afectaba de manera muy preferente al sexo masculino. Esto se debía a la relación de la enfermedad con el tabaquismo y el estrés laboral, hábitos de vida mucho más frecuentes en hombres. En el momento actual los cambios en los estilos de vida hacen que las mujeres estén expuestas a los mismos riesgos y por tanto en las mujeres la enfermedad coronaria es una posibilidad real.


    La enfermedad coronaria no tiene una única causa, pero si existen una serie de factores, los llamados factores de riesgo, que la hacen más probable. Hay algunos sobre los que no podemos actuar, como la edad o los antecedentes familiares, y otros sobre los que si podemos intervenir de manera decidida. Estos últimos incluyen el tabaquismo, la hipertensión, la dislipemia, la diabetes, la obesidad, el estrés y el sedentarismo. Estos son los factores de riesgo clásicos, comunes para ambos sexos. Es bien conocida la necesidad de evitar el tabaco, controlar la hipertensión y la diabetes, evitar la obesidad y hacer ejercicio físico de manera regular para disminuir el riesgo.


    Recientemente, estudios focalizados en el sexo femenino, han empezado a señalar otra serie de circunstancias que parecen jugar un papel en el desarrollo de la patología cardiovascular en las mujeres. Se conoce como la diabetes gestacional, la preeclampsia y la eclampsia se asocian con enfermedad cardiovascular dado el riesgo de presentar en el futuro hipertensión arterial o diabetes. La utilización de anticonceptivos orales, especialmente asociados a tabaquismo supone un riesgo de trombosis y se desaconseja el tratamiento hormonal para controlar los síntomas de la menopausia. Las enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso o la artritis reumatoide, prevalentes sobretodo en mujeres, también se asocian a un riesgo cardiovascular elevado, posiblemente en relación con la inflamación crónica. La radioterapia torácica, utilizada en tratamientos como el linfoma de Hodgkin o las neoplasias de mama se asocia a la aparición de lesiones coronarias.


    Existen también variables psicosociales que se relacionan con infartos y arritmias. Es bien sabido que una situación de estrés agudo puede provocar infartos, algo bien descrito por ejemplo en las guerras o tras terremotos. Si bien esto ocurre en ambos sexos en mujeres son mucho más prevalentes algunas enfermedades cardíacas como la miocardiopatía de estrés o el síndrome de Tako-Tsubo (que remeda clínicamente a un infarto) en relación con respuestas anormales a las catecolaminas liberadas durante el estrés.


    También se está estudiando el papel de la depresión y el uso de antidepresivos como factores de riesgo de enfermedad cardiovascular en mujeres. Un reciente estudio sueco demostró que en mujeres hospitalizadas por cardiopatía isquémica el grupo tratado con intervención psicosocial mejoraba su pronóstico. El estrés es un conocido enemigo de la salud cardiovascular. En mujeres se ha observado como el llamado estrés marital, es decir relacionado con la vida personal, tiene un efecto mucho mayor que el estrés laboral y empeora el pronóstico de las pacientes con enfermedad coronaria.


    Así pues el médico debe tener en cuenta , además de los factores de riesgo clásicos, todos estos antecedentes de la historia clínica en el momento de evaluar el riesgo vascular de una paciente.


    Desde el punto de vista clínico existe la preocupación de que la enfermedad coronaria en mujeres se diagnostica tarde y, en consecuencia, se trata tarde, lo cual implica un peor pronóstico. Está bien establecido que la mortalidad del infarto de miocardio en mujeres mayores de 65 años es mayor que la mortalidad en varones y posiblemente el retraso en el diagnóstico y el menor uso de tratamientos invasivos jueguen un papel. Probablemente los motivos del retraso diagnóstico obedecen a dos causas.


    • En primer lugar, los síntomas de la enfermedad son algo distintos en las mujeres. En varones el dolor torácico es la manifestación más común, tanto en la angina de pecho como en el infarto y el diagnóstico suele ser evidente en la mayoría de los casos. Las mujeres suelen tener síntomas más inespecíficos: se quejan de cansancio, molestias digestivas o dolores torácicos considerados poco sugestivos de angina (no olvidemos que los estudios clásicos sobre los síntomas cardiovasculares se han realizado en poblaciones mayoritariamente masculinas).
    • En segundo lugar, además de la atipicidad de los síntomas, la creencia de que la enfermedad coronaria es una enfermedad "masculina" hace que las propias mujeres no contemplen la posibilidad de padecerla e incluso los médicos estén poco alertas y los diagnósticos se retrasen y con ello también los tratamientos y aumente la mortalidad.

    La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte también en mujeres.


    La prevención es crucial y además de la corrección de los factores de riesgo clásicos deben también tenerse en cuenta estos nuevos factores de riesgo que hemos comentado.


    Es importante concienciar a las mujeres para intentar disminuir los riesgos y para que tengan presente que la enfermedad coronaria también les afecta, de manera que no minimicen sus síntomas y acudan al cardiólogo ante cualquier síntoma dudoso.

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