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Blog de Medicina Deportiva del Grupo Quirónsalud

  • ¿Cuáles son las técnicas más innovadoras en infiltraciones?

    Doctor José Luis Doreste Blanco, director médico del departamento de Traumatología y Cirugía Ortopédica (Icatme) del Hospital Universitari Dexeus.


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    La infiltración suele ser una técnica habitual para recuperar la movilidad, acelerar la curación y disminuir el dolor de una articulación, nervio, tendón o músculo cuando hay un proceso de inflamación localizado. Es un procedimiento que consiste en inyectar una sustancia, normalmente analgésica, en la zona afectada.

    Para realizar la infiltración en el lugar exacto, se suele utilizar un ecógrafo, que ayuda a guiar la aguja hacia el punto concreto y, así, no perjudicar tejido sano. Normalmente se inyecta un analgésico local y un antiinflamatorio con corticoides o con ácido hialurónico. Dependiendo de cada caso, se decidirá si es necesario también infiltrar sustancias vasoconstrictoras o vasodilatadoras. Este tipo de infiltraciones se suele utilizar sobre todo en lesiones articulares leves como condropatías de grado I y II —lesiones del cartílago de la rodilla—, bursitis —inflamación de la bolsa que protege y amortigua los huesos, músculos o tendones— o tendinitis —inflamación de los tendones—.

    La cortisona, pese a la mala fama que la rodea, sigue siendo un fármaco muy usado por su eficacia para eliminar o reducir la inflamación. Cuando se inyecta directamente en la articulación, pasa muy poco a la sangre, por lo que apenas afecta al resto del organismo. Es aconsejable, eso sí, no realizar más de tres infiltraciones al año en la misma zona con corticoides, porque podría tener efectos secundarios como despigmentación cutánea. El ácido hilaurónico, por su parte, es un material viscoso cuyo fin es amortiguar la articulación ayudando al cartílago o tendón dañado. La infiltración mejora la hidratación de los tejidos, estimula el crecimiento celular y la reparación.


    PRODUCTOS BIOLÓGICOS

    Doctor Ignacio Ginebreda Martí, director del departamento de Traumatología y Cirugía Ortopédica (Icatme) del Hospital Universitari Dexeus.


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    Las técnicas más innovadoras en infiltraciones son las que utilizan productos biológicos procedentes del plasma del propio paciente. El plasma rico en plaquetas y factores de crecimiento de los fibroblastos, conocido como PRP, puede regenerar el tejido, además de lubricar la articulación y disminuir la inflamación.

    El plasma se obtiene de la sangre del paciente que, después de un centrifugado especial, se asila y concentra los factores que serán los encargados de la reparación. Esta técnica está indicada sobre todo para lesiones musculares graves que presentan hematoma en el músculo. Se aplica en una única sesión y su efecto dura varios meses. Además, no tiene efectos secundarios, al utilizarse sustancias del propio paciente.

    También se manejan las infiltraciones con células madre mesenquimales (CMM), células que se encuentran en la médula ósea y son importantes para producir y reparar tanto el hueso como el cartílago y la grasa de la médula ósea. Este es un procedimiento que se utiliza sobre todo en artrosis avanzadas y en procesos degenerativos. Es un método más costoso e invasivo que en algunos casos debe combinarse con cirugía.

    Cuando existe una lesión que requiere someterse a una infiltración, se debe tener en cuenta que es una solución provisional. Es muy importante que el médico especialista conozca la causa de la lesión para llevar a cabo el tratamiento adecuado. Normalmente, con un ciclo de tres infiltraciones se nota mejoría.

    Cuando un paciente se somete a una infiltración, debe asegurarse de que no es alérgico a la sustancia que se le va a inyectar. Se debe tener cuidado también con aquellos pacientes hipertensos o que sufren enfermedades cardiacas, ya que los fármacos son antiinflamatorios y podrían tener resultados menos favorables.

  • Volver a la pista tras una lesión

    Ángel Charte, Director Médico del Servicio Médico Quirónsalud de MotoGP.


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    Una de las funciones que llevo a cabo como director médico del mundial es el control médico de cada piloto, es decir, cuando hay una lesión o hay un accidente fuera de lo normal, fuera de la carrera o del entrenamiento, deben pasar por este control. El comité medico está dirigido por el CMO de cada país y por mí, y somos nosotros los encargados de revisar a cada piloto que ha tenido cualquier problema médico.

    Esta revisión se hace generalmente el jueves a las 13:30 o 14:00 horas. Cuando llega el piloto nos da las radiografías y TACs que le han realizado hasta ese momento y nosotros valoramos si puede correr o no puede correr. En el caso de que no pueda correr, dependiendo de la lesión, lo posponemos 24 horas porque precisamos hacer alguna exploración más aparte de la que él nos pueda aportar y pasamos revisión otra vez al día siguiente, antes de empezar los entrenamientos de los viernes.

    Hay que tener en cuenta que, aunque nosotros le demos el visto buenos a un piloto para correr, otra cosa es que el piloto luego aguante los tres día en la carrera. Nosotros no nos metemos en que haga un ejercicio u otro. Eso depende de ellos, de su profesionalidad, de los equipos y sus preparadores físicos.

    Nosotros aportamos la unidad móvil, que forma parte de todo el entorno del grupo Quironsalud, y lo dirigimos. Fundamentalmente nuestra actividad está basada en la fisioterapia de los pilotos, es decir, se pone la batería de toda la reparación osteomuscular que el piloto precisa gracias a Quirónsalud que ha puesto todos los medios para que todo esto sea un éxito.


  • ¿Cuáles son las lesiones más frecuentes de un piloto de MotoGP?

    Dr. Xavier Mir, especialista de Traumatología del Servicio Médico Quirónsalud de MotoGP y director de la Unidad de Mano y Codo del ICATME del Hospital Universitari Dexeus de Barcelona


    53 Tito Rabat ESP_DSC109053 Tito Rabat ESP_DSC1090Los pilotos de MotoGP son deportistas de élite, pero, pese a su constante entrenamiento y su juventud, este deporte llega a ser tan arriesgado que los profesionales están muy expuestos a sufrir lesiones. Cada circuito de MotoGP tiene sus particularidades y cada lesión de un piloto, también.

    Lo principal es distinguir entre los dos tipos de lesiones más frecuentes. Por un lado, están las que son por un traumatismo y, por otro lado, aquellas que son por actividad continuada conduciendo una moto.

    Sin duda, cuando se trata de un traumatismo, la lesión más frecuente es las de clavícula, tanto es así que prácticamente cada año un 10% de las lesiones quirúrgicas de los motoristas profesionales son lesiones de clavícula. Esto es debido a que las caídas provocan un impacto sobre el hombro, y la parte más débil del hombro es la clavícula, y también puede provocar que el hombro se te salga.

    Actualmente tenemos la ventaja de que se les puede colocar unas placas especiales que permiten en ocasiones hacer unas recuperaciones que parecen milagrosas, y otras a veces a cabo de una semana o dos el profesional puede empezar a conducir de nuevo, no sin molestias.

    Otra lesión típica de los motoristas es la perdida de fuerza en la mano. Los pilotos cuando conducen hacen una fuerza con los brazos que les provoca un importante cumulo de sangre en el brazo que hace que el músculo se tenga que expandir. Cuando esto ocurre, el músculo no puede expandirse hacia afuera y debe hacerlo hacia dentro, provocando que se compriman los nervios y la circulación y que el piloto pierda fuerza en la mano, a esto se le conoce como el síndrome compartimental, provocado por la continua presión del freno.

    Ante esta lesión se han probado múltiples opciones para solventarlo, pero, aunque casi todos los pilotos quieren un resultado inmediato, en la mayoría de los casos se debe intervenir.


  • Codo de tenista o golfista, el síndrome que apenas afecta a estos deportistas

    Dr. José Tabuenca, jefe del Servicio de Cirugía Ortopédica y Traumatología del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid


    iStock-539244329iStock-539244329¿Conoces los términos codo de tenis o codo de golf? Estos hacen referencia a una serie de lesiones que surgen por el sobreesfuerzo que se caracterizan por presentar dolor y malestar en la región externa o interna del codo y que afectan, sobre todo, a la inserción de los tendones flexores y extensores del antebrazo y de la muñeca. Sin embargo, y a pesar del nombre con el que se conoce la lesión, los deportes de raqueta o el golf son la causa directa de tan solo el 5% de los casos.

    Estas lesiones se producen con mayor frecuencia al realizar actividades de la vida cotidiana que suponen esfuerzos repetitivos de los músculos del codo. La epicondilitis y la epitrocleitis las puede padecer entre el 1 y el 3% de la población general, algo más habitual en el sexo masculino entre los 40 y los 50 años. Es común en personas que trabajan con ordenadores, que realizan tareas del hogar, o aquellas que desempeñan su labor profesional en la construcción, la jardinería o la carpintería. De hecho, se puede considerar que una de las mayores causas que generan este problema en el siglo XXI es el abuso o mal uso de ordenadores, tabletas digitales y teléfonos.

    Uno de los problemas más importantes de las personas a las que se diagnostica codo de tenista es que esta clínica se cronifica con facilidad al no ser diagnosticada y tratada de forma adecuada y con rapidez. En al menos un 20% de los afectados por codo de tenista, los síntomas pueden persistir más de un año. Si la duración de la lesión se alarga, puede resultar invalidante y ser más difícil de tratar.

    Existe controversia en lo que se refiere a la causa que origina el codo de tenista o el codo de golfista. La lesión básica podría ser una rotura visible o microscópica en la inserción de los músculos en epicóndilo o epitroclea. Los pacientes refieren dolor al coger un peso o al apretar para saludar con la mano y, en los casos más severos, aparece incluso en reposo.

    La exploración clínica muestra dolor selectivo localizado sobre el epicóndilo o epitroclea, en el origen muscular, que se extiende difusamente por la cara externa o interna del codo. Este dolor se incrementa con la extensión o flexión contra resistencia de muñeca y dedos. Aunque el diagnóstico es clínico, si no mejora con un tratamiento inicial, es recomendable realizar una ecografía o resonancia que podrían mostrar alteraciones en los músculos del codo.

    En lo que se refiere al tratamiento, siempre se debe iniciar de forma conservadora, y se deben considerar tres componentes principales: protección, disminución de la inflamación y fortalecimiento de los músculos y tendones. Las medidas de protección incluyen la modificación del tiempo o intensidad de aquellas actividades deportivas o laborales que agravan el dolor, con la realización de descansos y estiramientos. Asimismo, la utilización de brazaletes o coderas, con un ancho de entre cinco a seis centímetros, ayuda a que haya menos tracción en la zona de inserción del músculo y, por consiguiente, menos dolor.

    Para dis¡minuir la inflamación del tendón, se puede aplicar hielo masajeando suavemente la zona dolorida durante cinco minutos. También se pueden emplear distintas modalidades de fisioterapia, como masajes de fricción, ultrasonidos, iontoforesis, técnica EPI y medicación antiinflamatoria.


    Técnicas quirúrgicas

    Se deben realizar estiramientos y ejercicios de fortalecimiento de los músculos y tendones afectados, una vez se haya conseguido disminuir ligeramente el dolor con las medidas anteriores. Si con estas medidas no se mejora, pueden estar indicadas las infiltraciones con corticoides o plasma rico en plaquetas (factores de crecimiento) en la zona de máximo dolor. Para evitar recaídas, los pacientes que realicen actividades deportivas o manuales específicas (tenis, golf, cadena de montaje, etc.) necesitan una evaluación del gesto que realizan y modificación de este si fuera necesario.

    Se habla de fracaso del tratamiento conservador cuando el paciente no mejora entre los seis meses y un año. Un 7% puede no mejorar con estas medidas, precisando entonces tratamiento quirúrgico. Se han descrito diferentes técnicas quirúrgicas, dirigidas a disminuir la tensión que ejercen los tendones extensores sobre el epicóndilo, con la desinserción del mismo y favoreciendo la vascularización del hueso subyacente mediante perforaciones.

    En la actualidad se utilizan para ello, además de la cirugía abierta convencional, técnicas semiinvasivas como la artroscopia de codo. A los tres meses, los pacientes vuelven gradualmente a su rutina. Se autorizan las actividades deportivas cuando el paciente alcanza el 80% de su resistencia o fuerza habituales.

  • Cómo evitar las infecciones por oído del nadador

    Dr. Carlos Saga, otorrinolaringólogo de Policlínica Gipuzkoa


    iStock-916830480iStock-916830480La infección más común durante el verano es la llamada oído del nadador u otitis externa, sobretodo es más común en los niños, pues son los que más tiempo pasan dentro del agua. De hecho, entre un 80% y un 90% de niños ha sufrido algún caso de otitis durante su infancia, según la Asociación de Pediatría Española (APE).

    Los síntomas del oído del nadador son leves al principio: comienzan con picor y con un ligero dolor que se manifiesta cuando se aprieta el cartílago que se sitúa delante de la entrada del conducto auditivo. La situación puede empeorar si no se trata a tiempo, llegando a supurar e inflamarse el conducto hasta provocar una ligera sordera.

    Si se llega a este punto, el tratamiento más efectivo serán los antibióticos recetados por el especialista. Es común que la medicación se suministre directamente en el oído, a través de gotas, para que sea más efectiva. Durante el tratamiento el paciente deberá evitar mojarse el oído, incluso durante las duchas.

    Si la infección no remite y se prolonga más de lo normal puede tener complicaciones. En situaciones extremas, puede afectar a los huesos del cráneo que forman el oído medio e interno y provocar una parálisis facial, pérdida de la audición, vértigo e incluso complicaciones cerebrales graves.

    Para evitar estas situaciones, la primera recomendación, y más evidente, es mantener seco y limpio el conducto auditivo externo. Se recomienda secar los oídos con una toalla, con un secador a baja temperatura o simplemente con los dedos después del baño. Nunca introducir nada en el interior, como bastoncillos de algodón, pues podrían lesionar el tímpano además de empujar al interior del conducto restos de piel y cerumen, con el riesgo de infección y la formación de tapones de cera.

    Es recomendable para personas propensas a estas infecciones, o que sufren algunas patologías como la dermatitis, usar tapones hechos a medida, bandas de neopreno o incluso un gorro durante el baño. También es importante no realizar zambullidas violentas, ya que entrar en el agua de manera brusca favorece que el agua se introduzca en nuestro canal auditivo.

    Además, también deberemos evitar bucear en exceso ya que cuando realizamos algunas inmersiones es común que los oídos se taponen, debido a que la presión que ejerce el agua sobre el tímpano es mayor que la que ejerce el aire, y esto también podría aumentar el riesgo de que el agua se introduzca en nuestros oídos.

    Si tras salir de la piscina o el mar notamos que se ha introducido una pequeña cantidad de agua, debemos inclinar un poco la cabeza para facilitar la expulsión del líquido, evitando introducir cualquier objeto externo para ayudarnos a esta tarea. Y en caso de cualquier ligera molestia, acudir al especialista para que evalúe la situación.

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La actividad deportiva se ha instalado de manera definitiva en nuestro día a día, tanto a nivel profesional como de aficionado. Y es que mantenernos activos gracias a la práctica de algún deporte se ha convertido en un elemento fundamental para disfrutar de una vida saludable gracias a sus múltiples beneficios físicos y psicológicos. Si quieres conocer todo lo que el deporte puede hacer por ti, y cómo practicarlo de forma segura, en este blog podrás encontrar los mejores consejos de nuestros expertos en medicina deportiva.

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